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Ya basta
A la fuerza y sin razón

Ya es tiempo de que reaccionemos para que la fuerza y el terror dejen de ser argumentos, se traten como delitos y se castigue a los culpables. El ejemplo que estamos dando a las generaciones jóvenes es nefasto

Publicada 4 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy


Teresa Guevara de López*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com


“Nunca tantos debieron tanto a tan pocos”, fue la célebre frase con que resumió Sir Winston Churchill la heroica defensa que los pilotos de la Real Fuerza Aérea hicieron para detener la amenaza de Hitler, en septiembre de 1940, en su intento por dominar Inglaterra, luego de que Londres fuera bombardeada varias veces sin misericordia. Esos pocos pilotos, que arriesgaron sus vidas y muchos la perdieron, salvaron no sólo a los ingleses, sino a Europa entera del poderío nazi. Hazaña que ha quedado grabada para siempre en los anales de la historia, y en una placa colocada en la Abadía de Westminster, en la cual se lee la frase de Churchill.

En El Salvador estamos viviendo un fenómeno, al que se podrían aplicar estas palabras, pero a la inversa: “Nunca tantos sufrieron tanto, por tan pocos”, según lo hemos experimentado en el reciente y vergonzoso cierre de la Universidad Nacional por 70 encapuchados, en protesta porque nuestro máximo centro de estudios iba a recibir un préstamo del BID, lo que ellos que no entienden de finanzas ni del quehacer académico, consideran como una privatización de su alma mater. Los detalles de cómo planearon este hecho bochornoso, para ellos extraordinario, los dieron a conocer en una entrevista que apareció el domingo pasado en un suplemento de El Diario de Hoy.

Cuesta entender cómo esos 70, apostados en las puertas de acceso al campus de la UES, pudieron impedir el ingreso a más de 20,000 estudiantes, catedráticos, personal administrativo y a varios miles de postulantes que iban a realizar su examen de nuevo ingreso.

Las imágenes de profesores que se conformaron con dar sus clases bajo un árbol, no eran edificantes ni motivo de admiración, sino de cólera. ¿Qué autoridad moral tienen esos grupúsculos, quién los protege, los anima y les da la seguridad de que todas sus fechorías van a quedar impunes?

Las negociaciones entre ellos y la anciana rectora, lograron detener el préstamo. Pero como la universidad debe invertir en tecnología, mejora de equipo, contratar nuevos profesores y propiciar la labor de investigación, la Dra. Rodríguez pide al Gobierno $13 millones de dólares más, después de haber cedido ante la fuerza bruta e irracional. Las mesas de negociación debieran estar integradas por personas con educación, intereses y objetivos similares, que hablen el mismo idioma y sean capaces de esgrimir argumentos sensatos, viéndose a la cara, y no cubriéndose con la capucha del anonimato.

El miércoles vivimos otra situación similar, cuando con previa amenaza, las alcaldías gobernadas por el FMLN cerraron las carreteras de acceso a San Salvador, en protesta por cualquier cosa: el alto costo de la vida, el precio del petróleo, la dolarización, el asunto Mides, y todo lo que no les parece, o porque no se les ocurrió a ellos o porque siendo iniciativa del Gobierno ha favorecido a la población, ya que lo que les interesa es no dejar gobernar.

No importa el daño causado a la población, el costo económico, el gasto de combustible, ya que dentro de sus planes el pueblo sólo cuenta como un medio para lograr sus fines.
Pareciera que los ciudadanos ya nos acostumbramos al abuso, a la imposición, a la violencia, a la amenaza y simplemente aceptamos estos atropellos, que los hacen sentirse cada vez más fuertes.

Una muestra es el efecto que esto ha tenido en la población carcelaria, que parece haber olvidado que han ofendido a la sociedad, que están purgando una condena y que han perdido sus derechos ciudadanos.

Ya es tiempo de que reaccionemos para que la fuerza y el terror dejen de ser argumentos, se traten como delitos y se castigue a los culpables. El ejemplo que estamos dando a las generaciones jóvenes es nefasto, ya que nos está convirtiendo en una sociedad cada vez más alejada del Estado de Derecho y de la democracia. ¿A quién le toca decir ya basta?

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

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