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Teresa
Guevara de López*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
“Nunca tantos debieron tanto a tan pocos”, fue la célebre
frase con que resumió Sir Winston Churchill la heroica defensa
que los pilotos de la Real Fuerza Aérea hicieron para detener la
amenaza de Hitler, en septiembre de 1940, en su intento por dominar Inglaterra,
luego de que Londres fuera bombardeada varias veces sin misericordia.
Esos pocos pilotos, que arriesgaron sus vidas y muchos la perdieron, salvaron
no sólo a los ingleses, sino a Europa entera del poderío
nazi. Hazaña que ha quedado grabada para siempre en los anales
de la historia, y en una placa colocada en la Abadía de Westminster,
en la cual se lee la frase de Churchill.
En El Salvador estamos viviendo un fenómeno, al que se podrían
aplicar estas palabras, pero a la inversa: “Nunca tantos sufrieron
tanto, por tan pocos”, según lo hemos experimentado en el
reciente y vergonzoso cierre de la Universidad Nacional por 70 encapuchados,
en protesta porque nuestro máximo centro de estudios iba a recibir
un préstamo del BID, lo que ellos que no entienden de finanzas
ni del quehacer académico, consideran como una privatización
de su alma mater. Los detalles de cómo planearon este hecho bochornoso,
para ellos extraordinario, los dieron a conocer en una entrevista que
apareció el domingo pasado en un suplemento de El Diario de Hoy.
Cuesta entender cómo esos 70, apostados en las puertas de acceso
al campus de la UES, pudieron impedir el ingreso a más de 20,000
estudiantes, catedráticos, personal administrativo y a varios miles
de postulantes que iban a realizar su examen de nuevo ingreso.
Las imágenes de profesores que se conformaron con dar sus clases
bajo un árbol, no eran edificantes ni motivo de admiración,
sino de cólera. ¿Qué autoridad moral tienen esos
grupúsculos, quién los protege, los anima y les da la seguridad
de que todas sus fechorías van a quedar impunes?
Las negociaciones entre ellos y la anciana rectora, lograron detener el
préstamo. Pero como la universidad debe invertir en tecnología,
mejora de equipo, contratar nuevos profesores y propiciar la labor de
investigación, la Dra. Rodríguez pide al Gobierno $13 millones
de dólares más, después de haber cedido ante la fuerza
bruta e irracional. Las mesas de negociación debieran estar integradas
por personas con educación, intereses y objetivos similares, que
hablen el mismo idioma y sean capaces de esgrimir argumentos sensatos,
viéndose a la cara, y no cubriéndose con la capucha del
anonimato.
El miércoles vivimos otra situación similar, cuando con
previa amenaza, las alcaldías gobernadas por el FMLN cerraron las
carreteras de acceso a San Salvador, en protesta por cualquier cosa: el
alto costo de la vida, el precio del petróleo, la dolarización,
el asunto Mides, y todo lo que no les parece, o porque no se les ocurrió
a ellos o porque siendo iniciativa del Gobierno ha favorecido a la población,
ya que lo que les interesa es no dejar gobernar.
No importa el daño causado a la población, el costo económico,
el gasto de combustible, ya que dentro de sus planes el pueblo sólo
cuenta como un medio para lograr sus fines.
Pareciera que los ciudadanos ya nos acostumbramos al abuso, a la imposición,
a la violencia, a la amenaza y simplemente aceptamos estos atropellos,
que los hacen sentirse cada vez más fuertes.
Una muestra es el efecto que esto ha tenido en la población carcelaria,
que parece haber olvidado que han ofendido a la sociedad, que están
purgando una condena y que han perdido sus derechos ciudadanos.
Ya es tiempo de que reaccionemos para que la fuerza y el terror dejen
de ser argumentos, se traten como delitos y se castigue a los culpables.
El ejemplo que estamos dando a las generaciones jóvenes es nefasto,
ya que nos está convirtiendo en una sociedad cada vez más
alejada del Estado de Derecho y de la democracia. ¿A quién
le toca decir ya basta?
*Columnista de El Diario de Hoy.
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