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Pedro
Roque*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Para los niños, diciembre significa esperar el día y el
momento en que recibirán los regalos de la lista, que hace 40 años
mandábamos al Niño Dios y hoy, modernizados y dolarizados,
mandan a Santa Claus… Pues muy bien, ojalá que este buen
santo, con todo su sobrepeso, su barba blanca, su grueso abrigo rojo de
ribetes blancos y su gran saco lleno de regalos, haya tenido el tiempo
y los materiales, para hacer los millones de juguetes y regalos que tiene
que entregar en Navidad.
Respondiéndole a Oscar, un niño de ocho años, sobre
Santa Claus, nos dimos cuenta de que sólo con la imaginación
y creyendo en los milagros, se puede entender que en la noche de Navidad
puede entregar tantos regalos. Pues sólo para las 800 casas que
hay en el alrededor de nuestra colonia, ya se necesitan muchas horas…
Pero como Santa Claus, es Santa Claus, y está en la mente de cada
niño, en Navidad se multiplica por millones y llega a tiempo a
cada casa con juguetes o carbón.
A la pregunta de Óscar, de si los niños de la calle también
han escrito cartas a Santa Claus y los visitará en esta Navidad,
después de pensarlo y que pasaran por mi mente los niños
y niñas que veo en los semáforos le respondí, que
creo que sí, pues Santa Claus no hace diferencias y la mente de
un niño de la calle es tan tierna, sana e imaginativa como la suya.
Pero siendo honesto con mirespuesta y que desde ahora vaya entendiendo
la condición de los niños de la calle, también le
expliqué que muchos que como él tienen ocho años,
no saben leer ni escribir, que por alguna razón sus padres los
abandonaron, las organizaciones que rescatan niños de la calle,
aún no se han preocupado por ellos, o que en algunos casos, ya
fueron recogidos y se escaparon, pues prefieren vivir en la calle que
en una casa y someterse a unas reglas... Tam-bién existen, porque
sus padres u otras personas los mantienen en la calle, los obligan a pedir
y juntar una determinada cantidad al día, y he oído, que
cuando no lo consiguen, les reprenden fuertemente o les castigan.
Mirándome con sus grandes ojos café me preguntó:
¿Cuántos niños viven en la calle? Mentalmente recorrí
las calles, las esquinas y las gasolineras por las que circulo y le contesté
que yo he visto por lo menos cincuenta, pero que esos no son todos, pues
niños de la calle, desgraciadamente, los hay en todas las ciudades
del mundo y sumados, son muchos millones.
¿Cuánto es un millón de niños?, me preguntó
seguidamente… Mi respuesta, como él no maneja conceptualmente
más de cien o mil, le dije que un millón de niños
son los que caben sentados en una calle de casi tres kilómetros
de largo, es decir, la distancia desde El Salvador del Mundo hasta el
centro. ¡Pues si que son bastantes!..., me contestó. Sí,
le dije, son muchos, pero en la realidad, si sumamos todos los niños
de la calle de todo del mundo, llenarían la carretera Panamericana
desde aquí hasta San Miguel… Como él sabe que para
ir a San Miguel se tardan dos horas y media y que está a140 kilómetros,
pensativo respondió… ¡Pues son bastantes más!…
Sí, le contesté, este es el lado cruel y triste de nuestra
sociedad, que muchos niños no tienen el cuidado de sus padres,
ni tienen lo que ahora te voy a dar a ti... Le di un gran abrazo, se sonrió
y contento, sin entender del todo el problema de los niños de la
calle y mis respuestas, se fue a ver los dibujos animados.
¿De quién son y quiénes son los responsables de los
niños de la calle? Son preguntas que inevitablemente dan vuelta
en mi cabeza, cada vez que veo un niño o una niña pidiendo
o vendiendo algo en una esquina. Poco a poco me he convencido que, al
igual que las mismas calles, los niños de la calle son nuestros
porque son parte de nuestra sociedad y que es entre todos, ayudando y
cooperando con las organizaciones que los quieren rescatar, que de verdad
los rescataremos.
Hoy, el primer domingo de diciembre, piense qué puede hacer y cómo
puede ayudar a las organizaciones que se ocupan del rescate de los niños
de la calle, por favor hágalo y anime a otros, para que siguiendo
su ejemplo, también colaboren y ayuden.
*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.
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