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Punto de vista
Las maras y la eusebia

Si entendemos por causa aquella condición cuya ausencia implica la no comparecencia de un efecto, entonces la desintegración familiar sería la principal causa del fenómeno de las maras delictivas

Publicada 3 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy


Carlos Mayora Re*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com


Dice un sabio griego, filósofo, que quien no necesita de los demás, o es una bestia, o es un dios…Todos necesitamos de los otros, y en períodos específicos de nuestra vida, sin los demás --sencillamente--, no habríamos sobrevivido.

A veces, esa dependencia es patente, como la de un bebé o la de un anciano.

Otras no tanto, como la necesidad de identidad personal y de afirmación individual que se manifiesta al llegar la adolescencia. En el primer caso está en juego la vida, en el segundo, la capacidad de adaptación a la sociedad.

Desde que nacemos nos educan. Todo lo que nos rodea nos ayuda al proceso de socialización, que eso es la educación. Aprendemos a ser personas, aprendemos a manejar nuestros deseos, instintos y pasiones en función de lo mejor para nosotros, y siempre teniendo en cuenta a los demás. En ese proceso es fundamental, e insustituible, la familia.

¿Qué pasa cuando no hay una familia que nos acoja en su seno? ¿Qué pasa cuando carecemos de amor? Pasan cosas terribles, con consecuencias desastrosas para uno mismo y para los demás.

Lo estamos viendo, pues día a día constatamos la existencia de un tejido social con desgarrones casi insondables, con grupos de jóvenes --hombres y mujeres--, que buscan desesperadamente un sistema externo a ellos que los acoja y reconozca, que les proporcione un marco de reglas y normas que deban cumplir, un lenguaje común, un territorio, un “hogar” (que no una casa), unas metas comunes…

Hay una etapa del desarrollo normal de la persona, en la que se sale de la familia y se conforma la pandilla. Principalmente los varones necesitan ser reconocidos y reconocer en otros la estima y el respeto, la igualdad, la comunidad de intereses. En una palabra: fortalecer, por contraste con otros, la propia identidad. Sentirse parte de algo, luchar junto con otros por algo, competir, ser reconocidos.

No es nuevo el fenómeno de las pandillas: grupos de adolescentes que comparten todo y que se sienten bien, entre sus iguales. Lo que es nuevo es que entre lo compartido se encuentre el delito, la enemistad profunda con otras pandillas (aborrecimiento que lleva al asesinato). Lo que es nuevo es que de la pandilla natural y espontánea se haya pasado a la mara organizada para delinquir.

De muchos estudios sociológicos acerca del tema se puede concluir que la mara --que se formaba espontáneamente--, al exponerse a situaciones de seria inadaptación social, ha perdido su carácter informal y lúdico, y ha tomado un cariz delictivo. Los motivos no son tan simplistas como sólo los económicos, o estructurales, o sociológicos, o de exclusión. Todos se mezclan, y se potencian entre sí, aunque no causarían la mara delictiva si no medraran sobre un humus de desintegración familiar.

Adhesión incondicional, normalización de todos los aspectos de la vida, exclusividad. Si no lo proporciona la familia, la persona busca dónde encontrarlos. Lo que comenzó siendo una organización para defenderse de otros grupos étnicos, en los barrios de Los Ángeles, se convirtió en un sustituto de la familia y en una estructura organizada, normada y exclusiva, dotadora de sentido, que resultó ideal para el crimen organizado.

¿Y la eusebia? Es la virtud de la piedad, la tradicional virtud que lleva al respeto y veneración por los padres y por la patria. Es la gran ausente cuando no hay padres que venerar, o cuando la idea de patria no dice nada a la conciencia de las personas.

Si entendemos por causa aquella condición cuya ausencia implica la no comparecencia de un efecto, entonces la desintegración familiar sería la principal causa del fenómeno de las maras delictivas; pues si no hay familia, no hay piedad: no hay padres ni hay patria.

El resto: la pobreza, la exclusión, etc. Incluso la innegable presencia de personas interesadas en fomentar el fenómeno de las maras, para sus redes de distribución de drogas, por ejemplo. Son factores concomitantes, que pueden exacerbar el problema, pero no elementos causales de la pandilla organizada que delinque.


*Ing. Industrial, Dr. en Filosofía y columnista de El Diario de Hoy. carlos@mayora.org

 

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