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El
Diario de Hoy
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“Cuatro gatos”, gatos rojos, causaron un tremendo atasco
en Sonsonate, como vieron nuestros lectores en la fotografía de
portada del jueves pasado. Similares cierres se produjeron en la carretera
al aeropuerto, en el Bulevar del Ejército, en el Paseo Escalón
y en otras concurridas vías del país.
La práctica viene desde los Años Sesenta, cuando comenzaron
a gestarse las primeras bandas terroristas. A partir de entonces, las
marchas callejeras, los cierres de calles, los bochinches en plena vía
pública y desórdenes de toda clase son el instrumento de
los comunistas para entorpecer el tráfico, afectar la economía
y plantear sus disparatarios. Las marchas aterrorizan a los transeúntes,
encarecen el transporte, roban tiempo a la gente, desbaratan el comercio
y afectan el normal desenvolvimiento de la vida de todos.
Los desórdenes, lo que los comunistas llaman “la protesta
social”, son una permanente provocación a la paciencia del
público y a las autoridades. En los años anteriores a la
década de la locura, las marchas y demostraciones se montaban todas
las tardes, por lo general a lo largo de la Rubén Darío.
Con el tiempo las marchas se fueron volviendo más virulentas, hasta
llegar a los enfrentamientos que terminan con “muertecitos”.
Y una vez que se produce el “muertecito”, por lo general estudiantejos
o sindicalistas que sirven de carne de cañón, sobreviene
la crisis y surge la muy orquestada denuncia internacional.
Pero en su mayoría la gente entiende lo que pasa, repudia a los
grupos promotores de los escándalos y ya no se deja engañar
por el macabro circo que se monta cada cierto tiempo, especialmente en
los meses previos a las elecciones. No es casual que a la par de los bloqueos
de calles se vayan a la huelga empleados de hospitales y se crispe el
discurso de los camaradas.
Gestiones marcadas por la corrupción
Muchos también comprenden que las tácticas y montajes son
de naturaleza militar que emprenden bandas clandestinas. Los protagonistas
de las protestas, al igual que algunos estudiantes de la UES, perpetran
sus fechorías enmascarados, como cualquier asaltante. Por lo general
las bandas se repliegan en la Universidad Nacional, sitio donde se planifican
los desórdenes, se organizan y se lanzan a la calle. De allí
que la protección de los ciudadanos se debe articular como una
defensa frente a bandas armadas, de las cuales los mareros son uno de
los componentes básicos.
Como decimos, esta clase de desórdenes se viene protagonizando
desde hace cuarenta años, aunque ya a la caída del dictador
Martínez y luego en las campañas políticas se aplicó
la misma estrategia, la que además se utiliza en el resto del Hemisferio
y en muchos países del Asia.
De igual manera en esos cuarenta años los comunistas no han podido
presentar al país algún plan capaz de promover el desarrollo,
aliviar la pobreza o mejorar la seguridad: su objetivo sigue siendo aterrorizar,
estorbar, destruir la economía e impedir la labor constructiva
de los ciudadanos. Su incapacidad para hacer buena obra se pone de manifiesto
en sus fracasadas gestiones al frente de la municipalidades, marcadas
por la corrupción, la inepcia, las infladas burocracias, el nepotismo
y los actos y decisiones arbitrarias. El más lustroso ejemplo es
la gran robadera que montaron con el basurero de Mides.

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