elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

Tema para meditar
El largo adiós a Carlos Marx

Los desaciertos de Carlos Marx, el viejo barbón que tan simpático resulta a los oyentes de la BBC, no nacen en los intentos (fallidos todos) de interpretar sus ideas. Marx se equivocó porque se olvidó del individuo.

Publicada 2 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy

Federico Hernández Aguilar*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com


Una simple encuesta realizada hace algunos meses por la BBC de Londres ha puesto de plácemes a los nostálgicos marxistas latinoamericanos. Bastó que un 28% de los radioescuchas británicos apoyara a don Carlos Marx como “el filósofo más importante de la historia”, para que el ensayista chileno Hernán Montecinos se apresurara a escribir que aquello era una “reivindicación tardía que hacía falta”.

Curiosamente, en otras encuestas con mayor convocatoria, los ingleses mismos han colocado a la princesa Diana de Gales en los altares de su preferencia, muy por encima de cualquier pensador o artista conocido. En esta especial ocasión, sin embargo, intelectuales como Hernán Montecinos no sólo aprueban la “capacidad analítica” de los británicos encuestados, sino que se atreven a proclamar que el resultado es una prueba más de que Marx, el “teórico tantas veces matado, goza de buena salud”.

Lamentablemente para Mon-tecinos, su infantil algarabía ante los números arrojados por el “revelador” sondeo no muestra otra cosa que desesperación. Ante la franca agonía que padece desde hace décadas, los defensores del marxismo le colocan respiradores artificiales sin importar quién los provea. Para colmo, los postulados que el mismo Marx condenó a morir vírgenes --por aquello de que nunca podrían ser llevados a la práctica--, llevaban desde su origen la precariedad que sus atolondrados apologistas no quieren admitir: atentan directamente contra la naturaleza humana.

Las teorías de don Carlos Marx, si bien fundamentadas en un interesante esfuerzo por explicar el origen de las desigualdades, jamás tuvieron la salud filosófica que sus trasnochados acólitos pretenden reivindicar a estas alturas. Más bien es al revés. El marxismo entró en lenta e inevitable postración debido a sus notables fallas de origen, algunas de las cuales tuvieron aplicaciones de muy ingrata recordación.

No quiero decir con todo esto que Marx, en cuanto filósofo y escrutador social, sea despreciable. Ningún pensador con tantos seguidores lo es. Lo peligroso es absolutizar. Hay que reconocer, por ejemplo, los aportes que Aristóteles hizo, desde su tiempo y desde sus circunstancias, al desarrollo de la Filosofía, mas no por ello vamos a negar que muchas de sus ideas han sido superadas, inhabilitadas o transformadas por teóricos posteriores. Con el autor de “El capital” sucede algo similar: se ha convertido en una referencia, fascinante si se quiere, pero no desprovista de serias, muy serias equivocaciones.

Marx pensó que la historia de las fuerzas productivas daba suficiente colchón a su proyecto teórico. Olvidó la creatividad humana como fuente motriz de la evolución social. El autor griego Cornelius Castoriadis, que no puede calificarse de liberal, ilustra así esta crítica fundamental: “Marx se equivocó en sus vaticinios sobre la economía capitalista. Quiso ser el Newton del capitalismo, estableciendo leyes inmutables. Pero fue desmentido por la realidad. El error de origen estuvo en creer que el capitalismo engendraría cada vez más miseria. Y no hubo tal pauperización… Es curioso, pero Marx, que había dicho que la Historia era la historia de la lucha de clases, cuando llegó al análisis del capitalismo moderno olvidó la resistencia de los obreros, o sea, la acción de los seres humanos”.

En efecto, no es posible diseñar sistemas de producción y distribución dejando en el tintero la complejidad humana. El racionalismo marxista pecó de farsante y autocomplaciente al no admitir que los estados espirituales, emocionales y creativos del hombre juegan un papel estelar en las evoluciones sociales.

Los admiradores del “Mani-fiesto comunista” suelen acusarnos, a los liberales, de “matar” a Marx blandiendo los yerros de quienes no supieron aplicar sus teorías. Craso error de percepción. Las aberraciones de los estados totalitarios (URSS, China continental, Alemania Oriental, Cuba) no son más que la vitrina de los múltiples modos en que el marxismo puede derivar… por propia y natural vocación.

Los desaciertos de Carlos Marx, el viejo barbón que tan simpático resulta a los oyentes de la BBC, no nacen en los intentos (fallidos todos) de interpretar sus ideas. Marx se equivocó porque se olvidó del individuo. Aunque es cierto que no fue él quien propuso partidos únicos, gulags o politburós inapelables, a la larga hizo algo peor, porque puso los peldaños teóricos que los totalitarios necesitaban para alcanzar el poder, mientras la humanidad ponía millones de muertos para demostrar cuán equivocado estaba.

En realidad, los marxistas nostálgicos no tienen mucho de qué alegrarse. Así como miles de jóvenes latinoamericanos llevan camisetas estampadas con la efigie del “Che” Guevara, ignorando las tragedias que el célebre guerrillero argentino propició, el que cientos de oyentes británicos hayan promovido a Marx como “el filósofo más importante de la historia” no es motivo de absurdo regocijo, sino de profunda y sosegada reflexión.

*Presidente de Concultura.

 

elsalvador.com WWW