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Las miserias del imperio nazi

La Caída, que se estrena mañana en los cines, describe los últimos días de Hitler en el poder. Una película valiente y estremecedora que le valió una nominación al Óscar como mejor cinta en idioma extranjero.

Publicada 1 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy

Fuhrer. El suizo Bruno Ganz interpreta a Adolfo Hitler en esta cinta alemana. Hubo que convencerlo para que aceptara el papel. Foto EDH
Claudio Martínez
El Diario de Hoy
vida
@elsalvador.com

Desde hace rato que el pueblo alemán ha alcanzado un alto grado de madurez. Y el sólo hecho de que hayan decidido hacer una película sobre Adolfo Hitler y escarbar en su pasado oscuro como nación lo confirma.

El resultado es La Caída, una cinta que causó furor en toda Europa, que ganó varios premios en festivales internacionales y que fue elegida para representar a su país en los Óscars.

En realidad, el filme no es una biografía del Fuhrer sino el relato de sus últimos días, cuando el Tercer Reich tambaleaba y Berlín estaba sitiada por los rusos. Allí, con Hitler ya entregado a su destino, quedan al desnudo todas las miserias del imperio nazi.

Los ojos de Adolfo

Oliver Hirschbiegel, director de la cinta, se vale del testimonio de Traudl Junge, secretaria privada del Fuhrer, para reconstruir la historia.

Junge, encarnada por la actriz rumana Maria Alexandra Lara, es devota de Hitler. Lo considera un semidiós, un ser incapaz de equivocarse o de tomar una decisión incorrecta.

En los primeros minutos el dictador aparece como una persona amable, tierna y hasta deja escapar una sonrisa.

Pero pronto, cuando el ejército soviético comienza a acercarse a su búnker, se muestra al verdadero Hitler. Una persona despiadada y cruel con sus comandantes y más aún con su pueblo.

Dictado. El personaje de la secretaria Traudl Junge recayó en la rumana Maria Alexandra Lara.Foto EDH
“En una guerra no hay civiles”, comenta sarcástico cuando alguien se lamenta por las víctimas inocentes.

La composición del actor suizo BrunoGanz como el líder nazi es irreprochable. A su talento natural, el mismo que mostró en Las alas del deseo (1987), le agregó mucho trabajo, pues se internó en un hospital con enfermos de Parkinson para darle más credibilidad a su personaje.

“Sentir compasión por los débiles es traicionar a la naturaleza. El fuerte sólo puede sobrevivir si el débil es exterminado”, comenta el implacable Hitler en otro pasaje de la cinta.

Sólo siente algo de afecto por su perro, por Joseph Goebbels, por su secretaria privada y por Eva Braun, su excéntrica esposa, en ese estricto orden.

Luces y fuegos

A diferencia de las películas de Hollywood, La Caída recurre a los efectos especiales únicamente para recrear al Berlín en ruinas de la Segunda Guerra Mundial. Hay bombas y explosiones, pero están al servicio de un guión tan bien hilvanado que las dos horas y media de duración no se hacen para nada largas. Se disfrutan.

El realizador Hirschbiegel prefiere más sugerir que mostrar, sin embargo hay imágenes de extrema crueldad, propias de aquellos días tenebrosos.

Otro acierto de la película alemana es la elección de Ulrich Matthes y Corinna Harfouch como Joseph y Magda Goebbels, dos personajes tan nefastos como fieles al régimen. La composición de ambos, lo mejor de la película, sencillamente roza la perfección.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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