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Comentando
Revuelta en Francia
Como bien apuntó André Glaucksmann,
hay quienes nada tienen qué ver con la causa musulmana ni con la
inmigración, se trata simplemente de personas que quieren aniquilar
pertenencias ajenas.
Publicada 30 de noviembre 2005, El Diario de
Hoy
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| Alberto
Benegas Lynch
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Buenos Aires. (AIPE).- Tratar de resumir complicados entuertos tiene sus
bemoles. Pueden quedar en el tintero aspectos importantes del problema.
De todos modos, y a riesgo de sobre simplificar ponemos manos a la obra
con la intención de descifrar algunos aspectos medulares de los
desaguisados franceses producidos recientemente.
Todo se desencadenó en Clichy-sous-Bois, a una hora de París,
cuando dos adolescentes murieron electrocutados escapando de la policía.
Este fue el pretexto para el comienzo de los desmanes: violentos ejercicios
de pirotecnia que tenían por blanco automóviles, autobuses
y negocios varios, refriegas y escaramuzas de diverso tenor, insultos,
gritos y corridas que parecían calmarse pero que a poco andar volvían
a recrudecer con inusitada furia. El ministro del Interior Nicolás
Sarkozy y el primer ministro Dominique de Villepin, se disputaron acaloradamente
las explicaciones del caso y la búsqueda de soluciones, ya que
ambos son candidatos rivales para las elecciones de 2007.
Jean-Marie Le Pen y sus acólitos pretenden capitalizar estos hechos
lamentables para arremeter contra la inmigración y los musulmanes
y, asimismo, asegurar una mayor xenofobia y espíritu racista. Sin
embargo, nada de lo expuesto por los nacionalistas del momento se condice
con las causas de tan truculentos sucesos.
Hay tres elementos que deben ser tenidos en cuenta. En primer lugar, entre
los barrios pobres de inmigrantes en Francia --en su mayoría poblados
por musulmanes-- el desempleo es del 21% (más del doble del promedio
nacional). La desocupación es consecuencia de los fenomenales impuestos
al trabajo, es decir, cargas sociales y retenciones que hacen más
caro contratar las tareas, lo cual conduce siempre a una crisis. Los menos
productivos y capacitados son los primeros en no ser contratados, debido
a los mencionados costos artificialmente altos.
En segundo lugar, hay una tensión que se produce de parte de nativos
y de parte de los inmigrantes. Se trata de los servicios estatales. Cuanto
mayor es la inmigración, mayor el peso tributario que deben padecer
los ciudadanos y, eventualmente, mayor el déficit fiscal que hay
que financiar. Por su parte, los inmigrantes se quejan por la mala calidad
de los aludidos servicios y la escasez de los mismos. Este problema no
se resuelve poniendo barreras a la entrada de gente del exterior sino
más bien, como muchos de ellos han sugerido, eliminándoles
todas las cargas sociales y, como contrapartida, se abstendrían
de recurrir a los malos servicios estatales. Con esto se les convertiría
en hombres libres, como muchos de los nativos desearían.
Por último, no debería forzarse la integración en
las escuelas. Debería permitirse que los inmigrantes constituyan
sus propios centros de enseñanza, con sus religiones, costumbres
y atuendos que tanta trifulca producen.
Lo anterior no significa que no deben adoptarse todas las medidas precautorias
y se castigue debidamente a quienes cometen delitos, lo cual no es patrimonio
de los extranjeros. Como bien apuntó André Glaucksmann,
hay quienes nada tienen qué ver con la causa musulmana ni con la
inmigración, se trata simplemente de personas que quieren aniquilar
pertenencias ajenas: “Des-truyo, luego existo”, es la filosofía
de estos energúmenos. Se sienten realizados cuando incendian y
rompen a diestro y siniestro. Muestran un desprecio olímpico por
sus semejantes. Como son unos fracasados, les da vida que los medios registren
los vandalismos de estos nihilistas recalcitrantes.
Se ha repetido en estos días que muchos de los extranjeros no se
adaptan a Occidente. Es que aún no se ha entendido que Occidente
no es un lugar geográfico. Como bien decía Jorge García
Venturini, se trata de un espíritu, el cual consiste en el respeto
recíproco. Donde hay respeto, allí está Occidente.
No son poco los occidentales que no entienden el significado de Occidente,
al pretender imponer procedimientos que atentan contra el derecho de otros.
*Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia
Nacional de Ciencias en Argentina©. www.aipenet.com
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