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Tema del momento
La cáscara de los mentirosos

Ahora que le adeudan mucho dinero a los nuevos dueños de MIDES, advierten que no pagan porque aún no se ha construido la planta por la que ya les cobraron a los contribuyentes.

Publicada 30 de noviembre 2005, El Diario de Hoy

Lafitte Fernández*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com


Cada vez que escucho decir que la política rodea el negocio que un grupo de alcaldes del FMLN montó con MIDES, me convenzo de que algunos miembros de la supuesta nueva clase política nacida de la lucha armada, padecen de gastritis moral; son mentirosos barriobajeros o se volvieron cleptómanos terminales.

Con exceso de fanfarria, diez alcaldes del FMLN anunciaron, en 1997, que tenían en sus manos la solución al problema de la basura. Luego nos fumamos la fotografía de un canadiense canillón y de dientes saltados, que firmaba, con Héctor Silva, un contrato lleno de hipocresías ramplonas. En aquel momento les dijeron a los salvadoreños que firmaban un plan que costaba $62.5 millones para ponerle fin al problema de la basura. Obvia-mente, ese dinero lo pagaríamos 1.7 millones de usuarios del servicio de recolección de la basura.

Durante siete años, esos que dicen hacer buen gobierno municipal, nunca han dejado de cobrarnos las tasas más altas por la recolección de basura. El afamado programa se redujo a construir un hueco de enorme tamaño, excavado en Nejapa, para botar la basura.

Pero, ahí pasó algo más: Si se contrajeron obligaciones financieras por $62.5 millones, ¿cómo es posible que los nuevos compradores del vertedero de basura pagaron, por él, sólo $11 millones? ¿Era ese el precio real? ¿Y, si ese es el precio real, por qué los alcaldes del FMLN no quisieron --como se les propuso, antes de pactar con los canadienses-- conseguir un préstamo para construir el relleno y hacerse dueños del 100 por ciento de las acciones del negocio. Ese crédito lo hubiesen pagado las comunas, en dos o tres años. Las alcaldías serían, ahora, las dueñas de la totalidad del relleno sanitario y no sólo del 10 por ciento de las acciones como ocurre ahora.

Cuando alguien paga $62.5 millones por lo que sólo vale $11 millones, algo huele a podrido.

Pero ojalá llegaran hasta ahí las cosas. Resulta que al poco tiempo de construido el relleno, una auditoría de Price Waterhouse mostró que a los canadienses se les pagaron $22 millones en honorarios profesionales, dinero que salió de nuestros bolsillos. Ninguno de los alcaldes o ex servidores que participaron en ese negocio pueden alegar que desconocían esos hechos. Siempre tuvieron en sus manos las copias de las auditorías que los precisaban.

A pesar de ello, jamás hicieron un reclamo a sus socios canadienses, quienes después serían calificados como prominentes miembros de la mafia ítalo-canadiense, en documentos oficiales del Ministerio de Justicia y de la Real Policía Montada de Canadá. Ahora, cuando la sentencia de una cámara de la Corte de Cuentas les dice que, además de esos $22 millones, sus socios se llevaron $14 millones en utilidades y desaparecieron, como por arte de magia, $3.4 millones en dinero en efectivo, entonces alegan que no saben nada de eso. Que eran los canadienses quienes administraban el vertedero. ¡Claro que sabían lo que ocurría ahí adentro! Hasta tenían en sus manos auditorías que reflejaban tales movimientos financieros que ahora nadie quiere explicar.

¿Y entonces, cuál era el papel de Héctor Silva como vicepresidente de la junta directiva de MIDES? ¿Qué discutían en los viajes a Montreal, Canadá, donde celebraron algunas de las juntas de directores? En este tema caímos, hace mucho tiempo, en manos de dictadores morales creados en la mala educación de no rendir cuentas. Ninguno de ellos le explica al país la estructura financiera que montaron con los canadienses. Lo único que vemos son truquitos y maromas, enredos y dobles morales. Cuando se habla de ese tema, a los organismos informales de probidad de este país les da ronquera o se vuelven sordomudos.

Con muy poca vergüenza la apropiación de esos dineros públicos nunca la pusieron en la agenda, porque la denuncia nació de un diario de orientación democrática. Es decir, la moral de la izquierda siempre es buena porque “representa la moral del pueblo”. A esa parte no debe caerle el inflador de la autoestima nacional. Si atendemos a ese argumento, mucho menos existe razón para pedir explicaciones sobre el porqué nos cobraron $6.2 millones para construir una planta de transferencia de la basura que nadie conoce. Y son tan desvergonzados quienes parieron el negocio que, cuando El Diario de Hoy denunció la patraña, las alcaldías del FMLN dijeron que no habían cobrado por eso.

Ahora que le adeudan mucho dinero a los nuevos dueños de MIDES, advierten que no pagan porque aún no se ha construido la planta por la que ya les cobraron a los contribuyentes. Cualquier juez de buen juicio y honrado los mandaría a la cárcel sólo por esas confesiones que los alcaldes repiten ahora, casi a diario, en los periódicos locales cuando tienen el agua hasta el cuello. No hay duda: estamos frente a los líderes de la doble moral.

*Periodista.

 

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