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Rolando Mena Guerrero*
El
Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Las reformas de primera y segunda generación implementadas por el “Consenso de Washington” (Banco Mundial, FMI, AID, BID), con la ayuda de Fusades, nos han condenado a crecimientos del 2% del PIB anual durante muchos años. ¿Acaso no liberalizamos aranceles hace muchos años sin que ningún tratado de libre comercio nos lo pidiera en detrimento de la industria local?
Ahora algún personaje en Washington cree que es el momento de discutir reformas de tercera generación y están utilizando a Fusades para que a través de ésta, se realicen los cambios que urgentemente requiere la administración pública salvadoreña. Desgraciadamente Fusades sólo tiene liderazgo y poder de convocatoria con el sector empresarial y el resto de la sociedad civil salvadoreña no acude a estos llamados.
Zapatero a tus zapatos. Fusades no sólo se creó para proponer las reformas impuestas por el Consenso de Washington, sino que este “think tank” en lo que debería estar trabajando es en crear una nueva actitud en el Gobierno y en el empresariado salvadoreño, para relacionar superávit comercial (balanza comercial) con riqueza nacional.
Fusades como misión debería obsesionarse en trabajar en aquellos estudios y medidas para el crecimiento acelerado de las exportaciones. La supremacía de las exportaciones sobre cualquier otra actividad económica es un imperativo de sobrevivencia para El Salvador, las remesas de nuestros hermanos cercanos se acabarán pronto y nuestro país deberá pagar los bienes y servicios que importe. ¿Con qué divisas? ¿Con los billones de dólares en inversión extranjera que vendrán con el excelente clima de negocios derivados de la estable situación macroeconómica y el “estado de derecho consolidado” que tendremos?
No, señores de Fusades, habrá mayor inversión extrajera y nacional cuando las exportaciones se transformen en la principal ideología de los negocios en El Salvador. De lo anterior se desprende que no es el Gobierno únicamente, a quien estratégicamente le corresponde fomentar la inversión y las exportaciones, ya que éste debía desligarse de muchas funciones que las gremiales empresariales debían de asumir como suyas, como son: la creación de inteligencia comercial, la asociatividad empresarial, la promoción y fomento de la pequeña empresa, la investigación de mercados, la investigación de créditos, el desarrollo de productos y otras muchas que deberían ser parte de las estrategias y tácticas de las gremiales y tanques de pensamiento empresariales.
Zapatero a tus zapatos. ¿No creen que en lugar que el Gobierno gaste millones de dólares en burocracia a la cual no se le puede pedir resultados, el Estado de El Salvador debería financiar mejor a las gremiales y “tanques de pensamiento empresariales”, para que ralicen dichas funciones? ¿Acaso Fusades, por ejemplo, no debería de estar haciendo estudios de factibilidad para crear “trading companies” con los otros países de Centroamérica, para poder exportar aunque sea a Chiapas, Mérida y Quintana Roo, México? Si no podemos exportar allí, es porque ni tan siquiera en el sur de México nuestras industrias son competitivas.
La eficiente operación diaria de las empresas requiere comprar materias primas y nuevas tecnologías a bajos precios y poder vender bastantes productos y servicios de buena calidad a los mercados que lo requieran.
¿No son éstas funciones de una “trading companies”? Asociar la industria centroamericana con futuras “trading companies” regionales es de urgente necesidad, pues éstas realizan funciones de mercadeo, de manejo de inventario, reducen costos de transporte y distribución, realizan labores de inteligencia comercial, dan financiamiento y toman riesgos que los pequeños industriales centroamericanos actualmente no pueden absorber y desarrollan funciones de organización y conglomerado, que ha sido el éxito de Japón.
Si la inversión nacional no hace coinversiones (joint ventures) con las multinacionales extranjeras para desarrollar nuevas industrias, y no se crean “trading companies”, el Gobierno y las gremiales empresariales poco podrán hacer para mejorar las exportaciones en El Salvador.
Zapatero a tus zapatos. Fusades debe hacer estudios microeconómicos que ayuden a mejorar significativamente la competitividad del empresariado salvadoreño, pues sino, en unos cuantos años, quizás se estarán haciendo estudios para darle incentivos fiscales a los dueños de los centros comerciales que alquilan locales a comerciantes que venderán ropa, comida, películas, regalos, etc., a los futuros empleados de Ford Corporation, General Motors y General Electric, que serán los únicos beneficiados con el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos.
¡No, señores, no hay milagro económico sin soluciones creativas para enfrentar la creciente competencia internacional! Como lo dijimos antes, El Salvador bajó sus aranceles en detrimento de la industria local y se nos inundó el mercado con productos extranjeros, sin que hubiera la obligación de hacerlo por algún Tratado de Libre Comercio. Gracias a Dios, los Estados Unidos nos bajaron los aranceles con el Tratado de Libre Comercio y ahora podemos exportar lorocos y semillas de paterna a ese gran país, para el consumo de nuestros hermanos cercanos. No lo digo con ironía, pues este mercado es de US 450 millones de dólares en compra de productos nostálgicos y como dicen los norteamericanos: negocio es negocio.
*Colaborador de El Diario de Hoy.
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