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Alejandro Alle*
El
Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Los estadounidenses celebraron recientemente el “Día de acción de gracias”, así como también lo hicieron algunos latinos que se sienten un “poquititou” gringos (aunque la cara los delate…, ja, ja).
Se trata de una tradición muy antigua (la de celebrar el thanksgiving.
La de hacerse el gringo es más nueva…), que tuvo su origen
en el año 1623 en las colonias británicas de América.
Pero, ¿qué significa esa tradición?, y ¿por qué se inició exactamente en el año 1623? Es una señal de agradecimiento que los primeros colonizadores de esas tierras americanas le hicieron a Dios, por la muy buena cosecha que hubo en ese año.
Claro que es también muy interesante analizar la clara explicación que nos brinda la ciencia económica acerca de las causas que originaron esa gran cosecha de 1623. Sobre todo, porque esos inmigrantes venían de sufrir estrepitosos fracasos en las cosechas de…1621 y 1622. ¡Ah!, ¿y qué fue lo que mejoraron tan rápidamente? Ya veremos.
La historia había comenzado realmente en Inglaterra en el año 1608, cuando varios integrantes de una minoría religiosa, que era fuertemente perseguida, decidieron escapar a Amsterdam. Allí permanecieron durante unos cuantos años, aunque sin poder adaptarse ni a las costumbres ni al idioma holandés.
Por lo tanto, luego de una breve vuelta a Inglaterra (llevaron a Ruud Van Nistelrooy, delantero holandés que aún sigue jugando en el Manchester United), se embarcaron en el Mayflower en el año 1620, para cruzar el Atlántico. ¡Esos sí que eran mojados!, pese a lo cual nadie les pidió pasaporte (¡ah, claro!, eran ingleses, e iban a sus propias colonias…).
Habiendo navegado durante más de dos meses, llegaron a las costas americanas un total de 102 viajeros, conocidos como los “Pilgrims Fathers”, algo así como los “padres peregrinos”.
William Bradford era uno de ellos, y fue declarado gobernador de la nueva colonia. Es que a los muchachos les falló la brújula, se fueron más al norte de lo previsto, y desembarcaron en…el medio de la nada. ¿De Manhattan?, ni noticias.
Además de ser gobernador, Bradford fue el primero en escribir sobre los Pilgrims en un libro llamado “Historia de la plantación Plymouth”, donde confirma que durante los dos primeros años de colonización, 1621 y 1622, la organización social consistía simplemente en “compartir las cosechas y racionar el consumo”.
Era una especie de puesta en práctica de “Utopía”, libro escrito en 1516 por el londinense Santo Tomás Moro. Pero ese experimento social había fracasado repetidamente desde la antigüedad, y volvió a hacerlo con las hambrunas iniciales de los Pilgrims. Finalmente, la historia del Siglo XX se encargó de ponerlo en evidencia en gran escala, como bien sabemos.
Bradford escribe que “a principios de 1623, y luego de mucho debate
por los fracasos de 1621 y 1622, se tomó la decisión de
indicarles a los hombres que debían ocuparse de sembrar maíz
para su uso privado”, asignando para ello a cada familia una parcela
de tierra.
De esa forma, y como por arte de magia (mejor dicho, por arte de la propiedad privada…), las personas se tornaron mucho más laboriosas, y sembraron mucho más maíz que en los dos años anteriores, lo cual produjo una cosecha record.
En referencia a los buenos resultados de 1623, Bradford dice que “para el tiempo de la cosecha, en vez de hambrunas, Dios nos dio abundancia”. Lo más notable es que los relatos del gobernador siguieron por muchos años más, ya que llegan hasta 1647, y nunca más hubo hambrunas. El método capitalista funcionó.
Por lo tanto, la celebración del thanksgiving no sólo debería recordar y agradecer la gran cosecha de 1623. Por encima de ello, debería ser un agradecimiento por el hecho de que quienes tomaban decisiones en la colonia de los Pilgrims, fueron capaces de percibir la existencia de un principio universal del comportamiento humano: los notables incentivos que crea la existencia de la propiedad privada. Plain vanilla…
Había nacido el “american way of life”… (¡oh, yeah!), de lo cual los Pilgrims se dieron cuenta cuando estando en plena cosecha vieron llegar a James Brown, que venía en un jet privado en vuelo directo desde Las Vegas. Y bajó del avión cantando “Living in America”.
Hasta la próxima.
*Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy. alejandro_alle@yahoo.com
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