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Injusticia para un bebé
Perdieron evidencias. La Fiscalía
acusó a una mujer de abortar un embarazo de ocho meses. Al cabo
de 100 días, la acusación se desvaneció por falta
de pruebas. El IML extravió la placenta y otra evidencia. Ella
nunca dijo qué hizo con los restos del bebé. Fue declarada
inocente.
Publicada 28 de noviembre 2005 ,
El Diario de Hoy
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Jorge Beltrán
El Diario
de Hoy
nacional@elsalvador.com
Amenos que ella lo diga, nunca se sabrá lo que E.S.R., una mujer
de 26 años y estudiante avanzada de Sicología, hizo con
su embarazo de ocho meses aquella mañana del pasado 16 de junio.
La mujer nunca quiso decir si se provocó el aborto o si fue un
parto prematuro y se deshizo del bebé.
Siempre guardó silencio aduciendo que el trance le había
provocado una especie de amnesia que le impedía recordar qué
fue lo que ocurrió esa mañana.
La Fiscalía General de la República (FGR) tomó cartas
en el asunto el mismo día que E.S.R. ingresó al Hospital
Militar, del cual es derechohabiente por trabajar en una entidad castrense,
donde le extrajeron la placenta y parte del cordón umbilical que
evidenciaban que sí hubo un embarazo.
Eran las únicas pruebas que había contra la mujer, a quien
le imputaron cargos por el delito de aborto consentido (provocado).
La Fiscalía vislumbró la posibilidad de cambiar el delito
a homicidio agravado si en el devenir de la investigación hallaban
el feto.
En ese afán, la FGR logró llevarla ante un juez de paz el
21 de junio. Aún mantenía la acusación de aborto
pues los restos del embarazo no habían sido ubicados pese a los
esfuerzos policiales y fiscales.
Se escudó en el silencio
La imputada puso de su parte al silencio. De la primera cita con un juez,
E.S.R. salió bien librada. El tribunal no la mandó a prisión
preventiva, como pretendía la Fiscalía. Le impusieron una
fianza de mil dólares aunque el proceso contra ella seguiría
su curso.
El hospital informó a la Fiscalía que a E.S.R. le daba atención
por un parto extrahospitalario.
En la lógica de Amílcar Tamayo, fiscal del caso, si se trataba
de un parto extrahospitalario entonces había sido un parto de término,
razón bastante para tipificar el hecho como homicidio agravado.
Pero no podían hacer nada si no hallaban los restos del feto y
al transcurrir del tiempo, esa posibilidad se esfumó. Un feto o
el cadáver de un recién nacido es pasto fácil de
carroñeros o insectos.
Y por más que la Fiscalía lo procuró, no consiguió
que E.S.R. dijera qué había hecho con el bebé.
Pero la FGR pilló una sarta de mentiras en la historia que la imputada
les dijo sobre cómo y dónde había sufrido el percance.
Les aseguró que el problema le sucedió en una colonia de
Soyapango. Pero la mujer vive en la colonia Satélite y jamás
ha vivido en Soyapango, según se estableció.
Incluso, la Fiscalía entrevistó al supuesto responsable
del embarazo de E.S.R. cuya gestación o vida habría sido
interrumpida debido a que el fulano era casado. El hombre negó
tal hipótesis.
Realizan examen
Para desbaratar el escudo que el silencio le proveía a E.S.R.,
las autoridades mandaron que Medicina Legal practicara una prueba a la
placenta y al pedazo de cordón umbilical.
Pretendían establecer legalmente el tiempo de gestación
o la sustancia que provocó el aborto. De ello dependía la
acusación de homicidio agravado.
Sin embargo, pese a que en el proceso judicial hay constancia de que Medicina
Legal recibió las evidencias del aborto, cuando las autoridades
requirieron los resultados de las pruebas, la instancia dijo que jamás
recibieron tales cosas.
Ese fue el golpe de gracia a la indagación y el golpe de suerte
que E.S.R. necesitaba para salir del lío.
El 6 de octubre, E.S.R. acudió a su segunda cita judicial y salió
bien librada. Las evidencias para su imputación habían desaparecido.
Al igual que la mujer hizo con los restos de su embarazo, Medicina Legal
no ha dicho qué ocurrió con las evidencias.
Ahora, el fiscal Tamayo dice que buscará deducir responsables por
el extravío de las evidencias que habrían hecho que E.S.R.
fuera declarada culpable.
El pasado 9 de noviembre, la Fiscalía giró un oficio al
director del Instituto de Medicina Legal para que aclare la pérdida.
Hay nombres y apellidos de quien recibió la placenta y el cordón
umbilical.
La Fiscalía no tiene dudas de que E.S.R., cuando menos, se provocó
el aborto. Pero un tribunal resolvió liberarla definitivamente
de cargos por falta de pruebas.
Sólo E.S.R. sabe qué fue del feto o del recién nacido.
Sólo ella sabe dónde lo ocultó. La Fiscalía
no pudo contra su silencio y contra la pérdida de las dos presuntas
evidencias. El silencio blindó a la mujer contra la espada de la
justicia.

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