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La Nota del Día
Las mansas palomitas son condenadas

Los comunistas pretenden crear pequeñas repúblicas populares dentro de El Salvador para perpetrar toda clase de fechorías, incluyendo la de otorgar licitaciones de manera cherocrática a sus secuaces.

Publicada 28 de noviembre 2005, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Mides es ilegal, ilegal de toda ilegalidad. La gusanera se montó con alevosía para meter mano en los bolsillos de los pobladores del Gran San Salvador, que durante años han sido estafados con el cuento de recoger y procesar de manera “sanitaria y moderna” la basura.

La historia inicia al llegar el ex alcalde Silva a la Alcaldía y rescindir un relativamente buen contrato por uno que a todas luces era oneroso para la ciudad. Y allí comenzaron nuestras sospechas: ¿Cuál era la razón de anular un contrato en el que se pagaba a la Alcaldía por recoger y eliminar la basura, y firmar otro en el que la Alcaldía tiene que pagar por lo mismo? O estaban locos o el montaje era para desplumar a la gente.

Muy pronto se descubrió otro siniestro factor en el asunto: los operadores de CINTEC, la “empresa mixta”, tienen vínculos con la mafia, específicamente con la familia Bonnano de Nueva York. Los comunistas se han asociado con toda clase de delincuentes, desde la narcoguerrilla colombiana hasta las bandas terroristas del Medio Oriente, pasando por etarras, brigadistas rojos, montoneros, tupamaros, senderistas, sandinistas y en los últimos tiempos con mareros, que son su “brazo social”. Cuando estalló el “Buzón de Santa Rosa” en Managua, se encontraron documentos vinculándolos a secuestrados sudamericanos. Los únicos que habían quedado fuera eran los mafiosos. Traerlos al país fue en efecto lo que hizo el ex calde Silva.

Para celebrar contrato, los comunistas llevaron a cabo una farsa de “concurso”: participaron tres empresas, la de los mafiosos, otra formada por una secretaria del grupo y una tercera que nunca supo que había sido incluida. El contrato dejaba los suficientes huecos para mover fondos, o como se dice ahora, lavar dinero. Entre los muchos reparos que hace el tribunal de la Corte de Cuentes, que falló contra Mides y sus responsables, es que para hacer un agujero de seis millones de dólares pagaron veintidós millones en “asesorías”. Igual que si alguien construye una casa de cien mil dólares y paga un millón por supervisiones.

Donde meten la mano, apesta

Para, según ellos, ponerse a salvo de supervisiones e inspecciones de los organismos fiscalizadores del Estado, los munícipes formaron una “empresa mixta” con los mafiosos. Además, pensaron, la “autonomía municipal” los blindaba, como la “autonomía universitaria” le sirve a los comunistas enquistados para hacer y deshacer a su antojo en la UES. En otras palabras los comunistas pretenden crear pequeñas repúblicas populares dentro de El Salvador para perpetrar toda clase de fechorías, incluyendo la de otorgar licitaciones de manera cherocrática a sus secuaces, algunos de los cuales han acumulado enormes fortunas personales efectuando obras municipales.

El basurero sirvió de gran sacadera, pero también se presentaba como uno de los grandes logros de la Alcaldía de San Salvador. El ex alcalde Silva lanzó su campaña presidencial en medio del basurero; en su momento, otro turbio negocio, el de los parquímetros, sirvió para embobar votantes al igual que el establecimiento de quioscos con que se controlaría el comercio informal de la ciudad. De todo eso nunca se dieron cifras ni balances, como tampoco saben los ciudadanos cómo se maneja el negocio de los “muppies”. ¿Adónde va a parar el dinero?


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