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El
Diario de Hoy
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Mides es ilegal, ilegal de toda ilegalidad. La gusanera se montó
con alevosía para meter mano en los bolsillos de los pobladores
del Gran San Salvador, que durante años han sido estafados con
el cuento de recoger y procesar de manera “sanitaria y moderna”
la basura.
La historia inicia al llegar el ex alcalde Silva a la Alcaldía
y rescindir un relativamente buen contrato por uno que a todas luces era
oneroso para la ciudad. Y allí comenzaron nuestras sospechas: ¿Cuál
era la razón de anular un contrato en el que se pagaba a la Alcaldía
por recoger y eliminar la basura, y firmar otro en el que la Alcaldía
tiene que pagar por lo mismo? O estaban locos o el montaje era para desplumar
a la gente.
Muy pronto se descubrió otro siniestro factor en el asunto: los
operadores de CINTEC, la “empresa mixta”, tienen vínculos
con la mafia, específicamente con la familia Bonnano de Nueva York.
Los comunistas se han asociado con toda clase de delincuentes, desde la
narcoguerrilla colombiana hasta las bandas terroristas del Medio Oriente,
pasando por etarras, brigadistas rojos, montoneros, tupamaros, senderistas,
sandinistas y en los últimos tiempos con mareros, que son su “brazo
social”. Cuando estalló el “Buzón de Santa Rosa”
en Managua, se encontraron documentos vinculándolos a secuestrados
sudamericanos. Los únicos que habían quedado fuera eran
los mafiosos. Traerlos al país fue en efecto lo que hizo el ex
calde Silva.
Para celebrar contrato, los comunistas llevaron a cabo una farsa de “concurso”:
participaron tres empresas, la de los mafiosos, otra formada por una secretaria
del grupo y una tercera que nunca supo que había sido incluida.
El contrato dejaba los suficientes huecos para mover fondos, o como se
dice ahora, lavar dinero. Entre los muchos reparos que hace el tribunal
de la Corte de Cuentes, que falló contra Mides y sus responsables,
es que para hacer un agujero de seis millones de dólares pagaron
veintidós millones en “asesorías”. Igual que
si alguien construye una casa de cien mil dólares y paga un millón
por supervisiones.
Donde meten la mano, apesta
Para, según ellos, ponerse a salvo de supervisiones e inspecciones
de los organismos fiscalizadores del Estado, los munícipes formaron
una “empresa mixta” con los mafiosos. Además, pensaron,
la “autonomía municipal” los blindaba, como la “autonomía
universitaria” le sirve a los comunistas enquistados para hacer
y deshacer a su antojo en la UES. En otras palabras los comunistas pretenden
crear pequeñas repúblicas populares dentro de El Salvador
para perpetrar toda clase de fechorías, incluyendo la de otorgar
licitaciones de manera cherocrática a sus secuaces, algunos de
los cuales han acumulado enormes fortunas personales efectuando obras
municipales.
El basurero sirvió de gran sacadera, pero también se presentaba
como uno de los grandes logros de la Alcaldía de San Salvador.
El ex alcalde Silva lanzó su campaña presidencial en medio
del basurero; en su momento, otro turbio negocio, el de los parquímetros,
sirvió para embobar votantes al igual que el establecimiento de
quioscos con que se controlaría el comercio informal de la ciudad.
De todo eso nunca se dieron cifras ni balances, como tampoco saben los
ciudadanos cómo se maneja el negocio de los “muppies”.
¿Adónde va a parar el dinero?

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