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Animales ofrecen pistas sobre el sueño

Analizando Mamíferos. Según los científicos, podría ayudar a los médicos a tratar los desórdenes al dormir


Publicada 27 de noviembre 2005, El Diario de Hoy

Descanso. El sueño humano incluye también brotes en que los ojos realizan rápidos movimientos y en que soñamos. Foto AP

The New York Times
Por CARL SIMMER
Internacionales
internacionales@elsalvador.com>

En un laboratorio de la Universidad Estatal de Indiana, una docena de iguanas verdes se estiran tranquilamente en terrarios. Pasan las horas recibiendo la luz de sus lámparas de calor, y por la noche cierran ambos ojos, o a veces solamente uno. Llevan vidas cómodas difíciles de distinguir de la vida ordinaria de una iguana mascota, excepto por una notable excepción: todos los cables conectados a su cabeza, que registran sus ondas cerebrales.

Un equipo de científicos de la Estatal de Indiana desearía saber qué ocurre en el cerebro de las iguanas cuando se apagan las luces. ¿Duermen igual que nosotros? ¿Desconectan totalmente sus cerebros, por ejemplo, o pueden permanecer medio despiertas?

Asimismo, estos científicos esperan que las iguanas les ayuden a entender una pregunta aún más fundamental: ¿Cuál es la razón del sueño?

“El sueño ha atraído una gran atención en la ciencia, pero realmente no sabemos lo que es”, explicó Steven Lima, un biólogo de la Estatal de Indiana. Él pertenece a un pequeño pero creciente grupo de científicos que llevan la investigación sobre el sueño hasta el reino animal. Sospechan que la mayoría de las especies animales no necesitan dormir, sugiriendo que el sueño humano tiene una historia evolutiva que se remonta hasta hace más de 500,000 millones de años.

Hoy, los animales duermen en muchas formas distintas: los murciélagos color café durante 20 horas al día, por ejemplo, y las jirafas durante menos de dos.

Para entender por qué las personas duermen como lo hacen, los científicos necesitan una explicación suficientemente poderosa para englobar a las otras millones de especies que también duermen.

“Una de las razones por las que no entendemos el sueño es que no hemos asumido esta perspectiva evolutiva hacia él”, aseguró Lima

El sueño fue considerado alguna vez exclusivo de los vertebrados, pero en años recientes los científicos hallaron que invertebrados como las abejas y los cangrejos de río también duermen. El trabajo más extenso se ha llevado a cabo con la mosca de la fruta.

“Descansan 10 horas por noche, y si las mantenemos despiertas más tiempo, necesitan dormir más”, indicó Giulio Tononi, un psiquiatra de la Universidad de Wisconsin.

Los paralelos entre la mosca de la fruta y los humanos se extienden incluso a sus neuronas.

Las dos especies producen, durante parte de la noche, una actividad eléctrica de baja frecuencia conocida como sueño de ondas lentas.

“Las moscas nos sorprendieron por lo parecidas que son en muchos sentidos”, aseguró Tononi.

Descubrir el sueño en vertebrados e invertebrados por igual llevó a los científicos a la conclusión de que el sueño surgió muy pronto en la evolución animal, tal hace 600 millones de años.
“Lo que hacemos al dormir es un viejo fenómeno evolutivo”, aseguró Lima.

Cerebro apagado y nuestro estrés

En su estudio, Tononi y Lima afirman que el sueño pudo verse forjado durante la evolución por la constante amenaza de los depredadores. Aseguran que es posible una manera alternativa de permitir que el cerebro se recupere del cansancio: poner a dormir sólo pequeñas partes del cerebro en forma alternada.

“Podrías estar mejor simplemente apagándote totalmente y dormir de una sola vez, y hacerlo rápidamente”, aseveró Lima.

Las aves son capaces de defenderse de los depredadores con una variación del sueño. Cuando se sienten a salvo, duermen apagando totalmente su cerebro, al igual que los humanos. Pero, cuando presienten amenazas, mantienen la mitad despierta.
Con frecuencia, las personas reaccionan al estrés de la misma manera.

“Algunos de los cambios que observamos en personas que experimentan estrés podría ser parte del mismo mecanismo en respuesta a los depredadores”, dijo Tononi. “No hay leones acechándolos, pero el estrés diario de nuestra vida podría activar esta respuesta primitiva”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




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