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| Descanso. El sueño humano incluye
también brotes en que los ojos realizan rápidos movimientos
y en que soñamos. Foto AP
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The New York Times
Por CARL SIMMER
Internacionales
internacionales@elsalvador.com>
En un laboratorio de la Universidad Estatal de Indiana, una docena de
iguanas verdes se estiran tranquilamente en terrarios. Pasan las horas
recibiendo la luz de sus lámparas de calor, y por la noche cierran
ambos ojos, o a veces solamente uno. Llevan vidas cómodas difíciles
de distinguir de la vida ordinaria de una iguana mascota, excepto por
una notable excepción: todos los cables conectados a su cabeza,
que registran sus ondas cerebrales.
Un equipo de científicos de la Estatal de Indiana desearía
saber qué ocurre en el cerebro de las iguanas cuando se apagan
las luces. ¿Duermen igual que nosotros? ¿Desconectan totalmente
sus cerebros, por ejemplo, o pueden permanecer medio despiertas?
Asimismo, estos científicos esperan que las iguanas les ayuden
a entender una pregunta aún más fundamental: ¿Cuál
es la razón del sueño?
“El sueño ha atraído una gran atención en la
ciencia, pero realmente no sabemos lo que es”, explicó Steven
Lima, un biólogo de la Estatal de Indiana. Él pertenece
a un pequeño pero creciente grupo de científicos que llevan
la investigación sobre el sueño hasta el reino animal. Sospechan
que la mayoría de las especies animales no necesitan dormir, sugiriendo
que el sueño humano tiene una historia evolutiva que se remonta
hasta hace más de 500,000 millones de años.
Hoy, los animales duermen en muchas formas distintas: los murciélagos
color café durante 20 horas al día, por ejemplo, y las jirafas
durante menos de dos.
Para entender por qué las personas duermen como lo hacen, los científicos
necesitan una explicación suficientemente poderosa para englobar
a las otras millones de especies que también duermen.
“Una de las razones por las que no entendemos el sueño es
que no hemos asumido esta perspectiva evolutiva hacia él”,
aseguró Lima
El sueño fue considerado alguna vez exclusivo de los vertebrados,
pero en años recientes los científicos hallaron que invertebrados
como las abejas y los cangrejos de río también duermen.
El trabajo más extenso se ha llevado a cabo con la mosca de la
fruta.
“Descansan 10 horas por noche, y si las mantenemos despiertas más
tiempo, necesitan dormir más”, indicó Giulio Tononi,
un psiquiatra de la Universidad de Wisconsin.
Los paralelos entre la mosca de la fruta y los humanos se extienden incluso
a sus neuronas.
Las dos especies producen, durante parte de la noche, una actividad eléctrica
de baja frecuencia conocida como sueño de ondas lentas.
“Las moscas nos sorprendieron por lo parecidas que son en muchos
sentidos”, aseguró Tononi.
Descubrir el sueño en vertebrados e invertebrados por igual llevó
a los científicos a la conclusión de que el sueño
surgió muy pronto en la evolución animal, tal hace 600 millones
de años.
“Lo que hacemos al dormir es un viejo fenómeno evolutivo”,
aseguró Lima.
Cerebro apagado y nuestro estrés
En su estudio, Tononi y Lima afirman que el sueño pudo verse forjado
durante la evolución por la constante amenaza de los depredadores.
Aseguran que es posible una manera alternativa de permitir que el cerebro
se recupere del cansancio: poner a dormir sólo pequeñas
partes del cerebro en forma alternada.
“Podrías estar mejor simplemente apagándote totalmente
y dormir de una sola vez, y hacerlo rápidamente”, aseveró
Lima.
Las aves son capaces de defenderse de los depredadores con una variación
del sueño. Cuando se sienten a salvo, duermen apagando totalmente
su cerebro, al igual que los humanos. Pero, cuando presienten amenazas,
mantienen la mitad despierta.
Con frecuencia, las personas reaccionan al estrés de la misma manera.
“Algunos de los cambios que observamos en personas que experimentan
estrés podría ser parte del mismo mecanismo en respuesta
a los depredadores”, dijo Tononi. “No hay leones acechándolos,
pero el estrés diario de nuestra vida podría activar esta
respuesta primitiva”.

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