| Óscar
Rodríguez Blanco, s.d.b.*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
La iglesia inaugura en este día un “nuevo año litúrgico”
y lo inicia con el período de adviento, que nos prepara a celebrar
espiritualmente el nacimiento del Hijo Único de Dios. Es un tiempo
de gracia, y como dice Benedicto XVI, de “presencia comenzada de
Dios mismo”.
Dios nace en Belén para que “todos los hombres se salven
y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Tim.2, 4).
Habían pasado más de 4000 años en los que los antiguos
israelitas no cesaban de pedir la llegada de un Mesías salvador.
Será el gran profeta Isaías el que mantendrá viva
la llama de la esperanza hasta el día en que la Eternidad de Dios
se haga presente en nuestra historia. Viene porque ha creado todas las
cosas por amor, viene por causa del pecado, viene a pesar del pecado,
viene para quitar el pecado.
El adviento nos encamina hacia la celebración de la Navidad, que
es la fiesta más esperada por los niños y los grandes. La
preparación pre navideña ya la estamos teniendo con la industria
y el comercio, que desde finales de octubre, nos están ofreciendo
los productos propios de la época e invitándonos a pensar
en fiestas, cenas, regalos, noches de luces, saludos, posadas y pastorelas.
Todo esto es aceptable, la sana alegría es indispensable en toda
celebración; pero Navidad, es algo mucho más grandioso,
es la manifestación del amor de Dios entre nosotros.
Lo que sí nos debe preocupar es que muchos se quedan con lo externo,
no profundizan en el sentido espiritual que tiene la Navidad como un hecho
de salvación. Jesús nació en Belén hace muchos
años y quiere nacer cada día en el corazón de cada
uno de nosotros. Si Dios no nace en tu vida, no tendrás Navidad.
Durante este tiempo escucharemos la voz de Juan el Bautista que desde
el desierto nos dice: “Renuncien a su mal camino, porque el Reino
de los cielos está cerca” (Mt.3,2), la larga espera que ha
tenido que hacer el pueblo judío ha llegado, ahora se cumplen las
palabras de Isaías que había profetizado la llegada del
Bautista, cuando decía: “Una voz grita en el desierto, preparen
un camino al Señor; hagan rectos sus senderos“ (Is.40,3),
escucharemos el llamado del apóstol San Pablo, y en forma muy especial
el de Jesús, que nos invitan a la vigilancia, a estar despiertos
y atentos porque la venida del Señor a nuestra vida, es inesperada:
“Estad en vela, que no sabéis qué día vendrá
vuestro Señor”.
Después de 2005 años de cristianismo hay muchos cristianos
que viven dormidos, distraídos, sin espabilarse, porque el materialismo
en que viven inmersos les hace estar satisfechos de lo que hacen y de
lo que tienen y pierden la ocasión de sentir cerca la salvación
de Dios.
La fiesta de Navidad se acerca y el tiempo de adviento es la oportunidad
que tenemos para reavivar lo que debe ser una actitud espiritual permanente,
que nos haga recordar la vigilancia y espera activa de Dios.
Las comparaciones que nos hace Jesús, sin querernos poner en angustias,
son muy elocuentes: No sabemos ni el día ni la hora en que llegará
el momento decisivo, llegará como llegó el diluvio en tiempos
de Noé sin que nadie lo sospechara, llegará como la triste
realidad de un ladrón que no avisa, como los siervos que no saben
a qué hora llegará su amo, como las diez vírgenes
que no pudieron entrar a la fiesta porque el esposo las encontró
desprevenidas.
Para un cristiano lo importante es saber esperar y acoger cada día
al que puede dar sentido a su existencia, abriéndole a los valores
eternos, y haciéndole comprender, que el peregrinar en la vida
no tiene como meta final la muerte sino la vida.
El mensaje de Cristo es de amor y de esperanza, señalándonos
los caminos de la paz.
Su nacimiento, que recordaremos en la Navidad, es la inauguración
de un proceso que está en marcha y que no se ha completado, obligándonos
a trabajar para que el reino de la paz, de la justicia, de la verdad y
del amor sean una realidad en el mundo.
El reino inaugurado por Dios ya está entre nosotros, sólo
nos toca estar despiertos para descubrirlo y acogerlo en el pequeño
mundo de nuestra existencia.
*Párroco de la iglesia María Auxiliadora (Don Rúa).
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