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Carlos Mayora Re*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Krishna Zepeda es un niño de cuatro años, con una capacidad intelectual extraordinaria. Desde abril ha sido protagonista de noticias. La primera vez que apareció en las páginas de los periódicos --en mayo de este año--, el titular era: “Un pequeño genio en la universidad”. Y eso es Krishna, un pequeño genio.
Desde el principio me llamó la atención el tratamiento periodístico. En primer lugar porque era una “buena noticia”, que resalta en medio de tanta calamidad. En segundo lugar porque, aunque el periodista quiso crear cierta polémica, la Ministra de Educación reconoció la realidad y se ha hecho lo mejor que se ha podido para ayudar al niño de cuatro años a aprovechar sus talentos.
Pero, lo que más me llamó la atención --quizá por un prejuicio profesional, pues me dedico a la educación--, es que todas las noticias destacan, principalmente, la capacidad intelectual de Krishna, su asombrosa habilidad para manejar las matemáticas, la geometría, el inglés… Es decir, han tratado el tema parcialmente.
Me parece comprensible que así sea. Entre otras cosas porque la inteligencia se manifiesta, entendiendo… Es decir: la capacidad intelectual se muestra por la predisposición para captar mejor y más eficientemente los conceptos.
La inteligencia asombra. Si no ¿qué padre de familia no se queda boquiabierto al escuchar hablar a sus hijos, al ser receptores de sus preguntas, al verlos cómo poco a poco van ganando independencia para manejarse sin necesidad de asistencia? Cualquier niño inteligente agrada; más aún, impresiona más tanto más inteligente se muestre, y por ello un niño con capacidad intelectual extraordinaria, como la de Krishna, es noticia.
Conocer de este afortunado niño, me ha hecho recordar una anécdota que pienso compartir con los lectores. Quien la narraba había titulado su nota: “Un error de currículo”.
Contaba de un joven ingeniero con más de diez años de experiencia dirigiendo un taller de soldadura especializada. A los conocimientos adquiridos en su carrera, se añadía la práctica y el conocimiento que dan la experiencia.
Un día, encontró en los anuncios de empleo la solicitud de una empresa que necesitaba a alguien con un currículum como el suyo. Le interesó el puesto, aplicó, y asistió a una entrevista para solicitarlo.
En la entrevista le hicieron saber que su experiencia laboral, sus conocimientos y sus habilidades eran exactamente lo que se necesitaba. Pero, al mismo tiempo, le preguntaron acerca de sus habilidades para manejar computadoras. Nuestro amigo fue sincero y le informó a quien le entrevistaba, que no pasaba de manejar los conceptos básicos de la computación, y de desenvolverse satisfactoriamente en el uso de los paquetes comunes de programas informáticos.
Unos días después le llegó una cita. Acudió contento a la empresa y para su sorpresa le comunicaron que si lo deseaba podía empezar a trabajar como jefe de informática. Extrañado hizo ver que quizá había un error, pues su experticia era en el área de soldadura, no de computación. Sin embargo, quien le estaba contratando le dijo: “Para esta empresa, la contratación de personal es algo muy importante. De las entrevistas y de su hoja de vida nos consta que usted es trabajador, es leal a su empresa, es honesto, trabaja bien en equipo, es constante y ordenado.
“Además, tiene un nivel académico universitario y diez años de experiencia. Le ofrecemos la segunda plaza porque para nosotros es más importante que la primera. En cuatro meses le enseñamos los conocimientos necesarios, en un año tendrá la experiencia requerida. En un año y medio usted será la persona idónea para ocupar el puesto. Las características, no los conocimientos, que usted tiene, no se adquieren en dos años, ni en toda la vida. No nos hemos equivocado. Usted es el mejor”.
Cuando la leí me pareció muy interesante, y real. Así es ahora el mundo laboral: ingenieros, arquitectos, médicos y cualquiera con título profesional, vale más por sus valores que por sus conocimientos (siempre que los tenga). Por eso, enfocar la educación sólo en la formación intelectual, en los conceptos y las habilidades técnicas --a fin de cuentas--, puede ser equivocado; si no se acompaña con una educación completa, íntegra, que abarque todos los ámbitos de la persona.
*Ing. Industrial, Dr. en Filosofía y columnista de El Diario de Hoy. carlos@mayora.org
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