| Armando
Rivera Bolaños*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Cuando estudié magisterio en la inolvidable Escuela Normal “Alberto
Masferrer”, uno de mis catedráticos, el ahora abogado Andrés
Soriano, me decía que el maestro Masferrer en algunos de sus escritos
solía expresar que “los salvadoreños éramos
contradictorios”.
Años después, en educación media, al impartir la
asignatura de Lenguaje (Idioma Nacional), pude constatar que en el habla
de mi pueblo se pueden encontrar varias contradicciones, como en el nombre
de un alimento lácteo: “queso duro blandito”, en la
nomenclatura de una arteria capitalina: “la Sexta y Décima
Calle”; en una expresión que comienza afirmativamente, para
enfatizar una negación: “Sí, pero no” y otros
modismos y frases, como la usada por los abogados, cuando el fallo les
es adverso: “Respeto la decisión del juez, pero no la comparto”,
etcétera.
Cuando se agudizó la crisis de la gasolina, recuerdo que la actual
ministra de Economía dio varios consejos para ahorrar combustible
y uno de ellos era “evitar los congestionamientos”, pero resultaba
que muchas veces los trabajadores del Fovial realizaban reparaciones en
el día, a las horas en que íbamos a nuestras ocupaciones
cotidianas, y aquello nos hacía perder tiempo y gasolina por los
atrasos que dichos trabajos ocasionaban. Realmente, una gran contradicción.
Todos nos hemos dado cuenta que las actuales autoridades de Salud Pública
hacen esfuerzos, con lo poco que se tiene, para hacer realidad lo que
se llama “medicina preventiva”, a sabiendas que es mejor evitar
enfermedades que curarlas, pues a veces se falla en el intento cuando
un mal ha progresado mucho en el paciente. Asimismo, para nadie es un
secreto, que muchas de las enfermedades modernas, tienen a la base de
contaminación ambiental.
Y aquí vemos de nuevo ese espíritu contradictorio: mientras
Salud Pública quiere evitar enfermedades, los diputados aprueban
un decreto dando luz verde para que los alcaldes salvadoreños vayan
a botar la basura en donde les venga en gana, aunque contaminen el suelo,
los recursos hídricos y el aire. El uno trata de construir un sistema
preventivo, y el otro se lo deshace en forma paralela. Y eso que desde
las Naciones Unidas nos vienen advirtiendo que se encuentra en camino
la gripe aviaria, que puede matar a unos cuantos millones de personas...
Se predica que debe haber una mínima injerencia estatal en los
asuntos de la libre empresa, la cual se rige únicamente por los
parámetros de la oferta y la demanda. Pero por ahí existe
ya una ley que permite imponer multas a los negocios, si median simples
denuncias ante una entidad recién creada, que tarde o temprano
puede crear zozobra y temores en la iniciativa empresarial privada, de
todo rango o nivel. Debemos ser sensatos para no seguir cayendo en contradicciones
contraproducentes a largo o mediano plazo.
Hace pocos años un señor magistrado defendió, como
pocas veces se ha visto en la Corte Suprema de Justicia, la famosa Ley
del Menor Infractor, que tantos males ha traído para la sociedad
salvadoreña, tratando de “niñitos inocentes”
a quienes ya tienen suficiente mentalidad para decidir entre lo bueno
y lo malo. Por otro lado, en el Código de Familia se permite el
matrimonio civil de menores bajo ciertas condiciones (como el embarazo
de la mujer), e incluso, que los menores tengan autonomía en la
administración de su patrimonio personal.
De igual manera, en el Código de Comercio, a los menores se les
concede categoría de comerciantes en algunos casos y en el Código
de Trabajo, hay condiciones permisivas para menores que desean laborar.
Luego, ¿por qué no se legisló que, en ciertos casos,
los delitos cometidos por menores sean realmente conocidos y juzgados
como los realizados por adultos? Porque aquí sólo vieron
la edad cronológica, pero se “olvidaron” de la edad
mental, de la edad de discernir entre lo lícito y lo ilícito...
¡Vaya si somos contradictorios en las leyes!
Para concluir, mientras la Policía Nacional Civil aplica manos
duras, puños cerrados o lo que sea para combatir la delincuencia,
la Fiscalía General de la República General de la República
(FGR) fracasa en sus indagaciones y yerra en sus requerimientos, lo que
aunado al desinterés de varios juzgadores, hace que mientras los
unos detienen a los pandilleros, horas más tarde, por errores u
omisiones de la FGR, los tengamos de nuevo sonrientes y retadores en los
mismos lugares donde fueron detenidos. Todo un juego contradictorio.
*Abogado y notario. Psicólogo.
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