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Opinando
¿Somos un pueblo contradictorio?

Mientras la Policía Nacional Civil aplica manos duras, puños cerrados o lo que sea para combatir la delincuencia, la Fiscalía General de la República (FGR) fracasa en sus indagaciones.

Publicada 25 de noviembre 2005, El Diario de Hoy

Armando Rivera Bolaños*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com


Cuando estudié magisterio en la inolvidable Escuela Normal “Alberto Masferrer”, uno de mis catedráticos, el ahora abogado Andrés Soriano, me decía que el maestro Masferrer en algunos de sus escritos solía expresar que “los salvadoreños éramos contradictorios”.

Años después, en educación media, al impartir la asignatura de Lenguaje (Idioma Nacional), pude constatar que en el habla de mi pueblo se pueden encontrar varias contradicciones, como en el nombre de un alimento lácteo: “queso duro blandito”, en la nomenclatura de una arteria capitalina: “la Sexta y Décima Calle”; en una expresión que comienza afirmativamente, para enfatizar una negación: “Sí, pero no” y otros modismos y frases, como la usada por los abogados, cuando el fallo les es adverso: “Respeto la decisión del juez, pero no la comparto”, etcétera.

Cuando se agudizó la crisis de la gasolina, recuerdo que la actual ministra de Economía dio varios consejos para ahorrar combustible y uno de ellos era “evitar los congestionamientos”, pero resultaba que muchas veces los trabajadores del Fovial realizaban reparaciones en el día, a las horas en que íbamos a nuestras ocupaciones cotidianas, y aquello nos hacía perder tiempo y gasolina por los atrasos que dichos trabajos ocasionaban. Realmente, una gran contradicción.

Todos nos hemos dado cuenta que las actuales autoridades de Salud Pública hacen esfuerzos, con lo poco que se tiene, para hacer realidad lo que se llama “medicina preventiva”, a sabiendas que es mejor evitar enfermedades que curarlas, pues a veces se falla en el intento cuando un mal ha progresado mucho en el paciente. Asimismo, para nadie es un secreto, que muchas de las enfermedades modernas, tienen a la base de contaminación ambiental.

Y aquí vemos de nuevo ese espíritu contradictorio: mientras Salud Pública quiere evitar enfermedades, los diputados aprueban un decreto dando luz verde para que los alcaldes salvadoreños vayan a botar la basura en donde les venga en gana, aunque contaminen el suelo, los recursos hídricos y el aire. El uno trata de construir un sistema preventivo, y el otro se lo deshace en forma paralela. Y eso que desde las Naciones Unidas nos vienen advirtiendo que se encuentra en camino la gripe aviaria, que puede matar a unos cuantos millones de personas...

Se predica que debe haber una mínima injerencia estatal en los asuntos de la libre empresa, la cual se rige únicamente por los parámetros de la oferta y la demanda. Pero por ahí existe ya una ley que permite imponer multas a los negocios, si median simples denuncias ante una entidad recién creada, que tarde o temprano puede crear zozobra y temores en la iniciativa empresarial privada, de todo rango o nivel. Debemos ser sensatos para no seguir cayendo en contradicciones contraproducentes a largo o mediano plazo.

Hace pocos años un señor magistrado defendió, como pocas veces se ha visto en la Corte Suprema de Justicia, la famosa Ley del Menor Infractor, que tantos males ha traído para la sociedad salvadoreña, tratando de “niñitos inocentes” a quienes ya tienen suficiente mentalidad para decidir entre lo bueno y lo malo. Por otro lado, en el Código de Familia se permite el matrimonio civil de menores bajo ciertas condiciones (como el embarazo de la mujer), e incluso, que los menores tengan autonomía en la administración de su patrimonio personal.

De igual manera, en el Código de Comercio, a los menores se les concede categoría de comerciantes en algunos casos y en el Código de Trabajo, hay condiciones permisivas para menores que desean laborar. Luego, ¿por qué no se legisló que, en ciertos casos, los delitos cometidos por menores sean realmente conocidos y juzgados como los realizados por adultos? Porque aquí sólo vieron la edad cronológica, pero se “olvidaron” de la edad mental, de la edad de discernir entre lo lícito y lo ilícito... ¡Vaya si somos contradictorios en las leyes!

Para concluir, mientras la Policía Nacional Civil aplica manos duras, puños cerrados o lo que sea para combatir la delincuencia, la Fiscalía General de la República General de la República (FGR) fracasa en sus indagaciones y yerra en sus requerimientos, lo que aunado al desinterés de varios juzgadores, hace que mientras los unos detienen a los pandilleros, horas más tarde, por errores u omisiones de la FGR, los tengamos de nuevo sonrientes y retadores en los mismos lugares donde fueron detenidos. Todo un juego contradictorio.

*Abogado y notario. Psicólogo.

 

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