|
Opinando
Devolvamos a la UES su prestigio
Los dineros de la UES los pagamos todos, y no podemos nacionalizar la desesperanza. Debemos devolverle a la universidad el lugar de prestigio que tuvo antes de los tiempos de conflicto
Publicada 24 de noviembre 2005, El Diario de
Hoy
|
|

Carlos Jovel Murguía*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
En el país aún habemos muchos pobres. Las iniciativas exitosas para salir de la pobreza pasan siempre por la educación. Mientras en El Salvador estamos atestados de maquilas textiles, en la India abundan las maquilas tecnológicas. A mejor educación, mayor valor agregado y mayor retribución económica. En la era de la economía del conocimiento, ¿qué tan bien asignamos los recursos?
La reciente toma de la Univer-sidad Nacional por parte de estudiantes encapuchados, así como los resultados obtenidos en la PAES por los alumnos de escuelas públicas, hablan por sí solos; una vez más los privados le ganan al Estado.
Por duro que suene, quienes confían su educación al Estado --típicamente los más pobres-- están condenados a ser ciudadanos de segunda categoría. Esto no es dramatizar, así es. Lógicamente hay heroicas excepciones, que al final confirman la regla.
Para construir una sociedad horizontal en la que el éxito se logre en base al mérito, el primer paso es democratizar la educación. El plan 2021 e iniciativas privadas de mentores en escuelas públicas son un paso gigante en la educación básica, y en algunos años nuestros bachilleres demandarán mucho más del sistema de educación superior. Ya estamos tarde.
La Universidad Nacional se sostiene con los recursos de todos, el país la necesita más enfocada en lo técnico que en lo ideológico; antes de convertirse en un buen profesional se es un buen ciudadano. Nuestros periódicos, en pleno Siglo XXI nos presentan escenarios de los años setentas y así no se puede dejar de ser pobre. Definitivamente algo en el sistema de admisión no anda bien.
El prestigio ganado en base a la excelencia del trabajo juega un rol determinante en una meritocracia. El país está creando las condiciones, pero en unos años será difícil emplear profesionales que le apuestan más a los berrinches a papá Estado, que al fruto del trabajo hecho con pasión. En ninguna sociedad de primer mundo la Constitución otorga el derecho al éxito.
Si a la administración de la universidad, aplicar a un préstamo de $25 millones para beneficio de sus estudiantes le significa perder el control de la institución, probablemente ha llegado el momento de pensar en usos alternos para los fondos. La UES debería competir por los recursos. ¿Cómo? En países como Holanda, Suecia, Dinamarca y Chile para mencionar algunos, existe el modelo de “Vouchers” educativos. Parte de los recursos asignados a la Universidad Nacional se otorgarían directamente a estudiantes de escasos recursos destacados académicamente, a manera de canje, para que sean ellos quienes elijan la universidad de su predilección, estando entre las opciones la estatal.
Las economías alcanzadas por el traslado de estudiantes con fondos públicos a universidades privadas, debería aumentar los recursos asignados por la UES a cada estudiante y a cada docente, y mejorar su nivel de preparación. Todos ganamos.
Los dineros de la UES los pagamos todos, y no podemos nacionalizar la desesperanza. Debemos devolverle a la universidad el lugar de prestigio que tuvo antes de los tiempos de conflicto. Se lo debemos a los más pobres. Son sus alumnos y sus docentes quienes tienen el deber de dar el paso hacia la excelencia, más libros y menos disturbios. Los estamos esperando con ilusión, mientras llegan, es un acto de justicia transferir recursos a los más eficientes para que más personas se eduquen mejor. Hay que hablar del tema.
Un buen sistema de educación superior puede hacer la diferencia entre decidir cruzar o no la frontera. Usted que no tiene limitaciones económicas, ¿se matricula en la UES? ¿Por qué obligamos a los más pobres a hacerlo?
*Lic. en Economía y Negocios.
 |