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Breve Análisis
Se necesita una aclaración

En recientes presentaciones esos indicadores de percepción tienden a ser relativamente más representativos que los tradicionales y mesurables indicadores que han sido la base del análisis económico

Publicada 24 de noviembre 2005, El Diario de Hoy


Rafael Rodríguez Loucel*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com


Colaboré por mucho tiempo en la elaboración de cifras sobre producción, transacciones externas, finanzas públicas, panorama financiero, precios, entre otras estadísticas macroeconómicas, Me imagino que las metodologías y las coberturas se han ido mejorando y que en el presente las cifras oficiales merecen credibilidad. Sin embargo la realidad y fenomenología social no guarda relación con lo que las cifras económicas afirman.

Algo más, los curiosos profesionales, que ya son pocos, pueden escuchar dos versiones o dos diferentes lecturas del panorama y de las perspectivas socio económicas del país, las cuales sintetizadas en el PIB en la hipótesis más optimista no supera el 2.5% dentro de un contexto financiero de un preocupante déficit fiscal, una significativa deuda externa, más remesas familiares que provienen de quienes laboran en el extranjero, porque el sistema productivo nacional es incapaz de incorporarlos, sin embargo, se dice que somos un país con un alto ingreso, en donde se consume más de lo que se produce.

Otra, que el país tiende a estar entre los países de mejores condiciones en América Latina, con una deuda externa, como porcentaje del PIB por debajo del promedio latinoamericano y con una distinción de grado de inversión al igual que Chile y México.

Tuve la personal experiencia de escuchar la presentación de INCAE sobre competitividad en un conocido hotel y después de un buen desayuno salí con un optimismo renovado cuando escuche que El Salvador es el más competitivo de Centroamérica, superando a Costa Rica por primera vez, y el cuarto de Latinoamérica, sólo detrás de Chile, México y Uruguay.

El ranking al que hicieron referencia mide unas 106 variables, algunas reales y otras son la percepción de un importante número de empresarios de los más de 100 países medidos.
En recientes presentaciones esos indicadores de percepción tienden a ser relativamente más representativos que los tradicionales y mesurables indicadores que han sido la base del análisis económico. Hoy en día una conclusión más integral y veraz tiene que depender cada vez más de índices o indicadores que tengan relación con aspectos sociales y de preservación ambiental.

Me llamó la atención reciente publicación de Vértice de El Diario de Hoy “Las mejores ciudades para vivir”, basada en estudio elaborado por el grupo The Economist y en la cual se afirma: “Que la calidad de vida es algo que muchos anhelan. No es sólo tener un gran poder adquisitivo o comprar sin preguntar los precios. Es poder acceder a una buena educación sin necesidad de hipotecarse de por vida. Es además contar con un sistema de salud gratuito y eficiente. Es poder vivir sin la paranoia de la inseguridad, donde las casas no se cierran con llave y se respira un aire tranquilo.

Ese sitio tiene nombre: Vancouver, una ciudad moderna, limpia y segura, que supera en calidad de vida a cualquiera otra en el mundo, según una lista de 127 urbes de distintos países, que fue difundida en octubre y realizada por el Economist Intelli-gense Unit (EIU), y que no incluye la capital salvadoreña.

Somos competitivos, tenemos una buena infraestructura y buena calificación en margen de intermediarios; pero…. andamos mal en innovación, seguridad ciudadana, eficiencia democrática y fuerza laboral educada. Se puede agregar a estos últimos factores negativos y estratégicos que impiden un despegue al desarrollo, la raquítica tasa de ahorro, una igualmente anémica inversión y el insignificante gasto en investigación y desarrollo.

Ante la pregunta que me formuló un amigo, neófito en cuestiones económicas, pero si muy emprendedor y pragmático. ¿Después de escuchar varias conferencias y escuchar versiones oficiales, necesito una aclaración: estamos bien o estamos mal, estoy definitivamente confundido? Mi respuesta improvisada pero sí con una buena dosis de integridad y con el riesgo de ser calificado como pontífice del negativismo, fue que estamos aparente y oficialmente bien, pero real y objetivamente muy mal en una concepción amplia de desarrollo sostenible; seguimos afrontando la emergencia, sin asegurar una viabilidad en el mediano y largo plazo.

Quizás mi amigo con mente esquemática y acostumbrado a respuestas directas quedó más confundido, pero prefiero esta vez que él y mis lectores saquen sus propias conclusiones, en base a lo planteado en este resumido artículo. Yo hace tiempo tengo las mías.

*Colaborador de El Diario de Hoy y vicerrector de la Universidad Tecnológica de El Salvador rloucel@utec.edu.sv

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