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Antología de lo absurdo

Tengo que confesar, para terminar, que hice un supremo esfuerzo para leer las revistas corporativas que yacen apiladas en las mesitas de consultorios y despachos ministeriales. Me fue imposible

Publicada 24 de noviembre 2005, El Diario de Hoy


Marvin Galeas *
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com


Nunca tantas diferentes voces se expresan con tanta frecuencia y libertad como en estos años. Encender por la mañana la radio y la televisión, sin estar preparado sicológicamente, puede convertir el desayuno en la prolongación de una pesadilla nocturna. Hablan los políticos de todo signo ideológico, los rectores de universidad, monseñores y pastores, sesudos analistas políticos, medio ambientalistas y globalofóbicos y toda la colorida variedad de voceros de la llamada “sociedad civil”.

En la prensa escrita pasa igual. Y no me refiero sólo a los grandes medios, sino a toda la suerte de publicaciones que incluye boletines de ONG, revistas de poetas y corporativas, periódicos virtuales, panfletos y hojas volantes. Encima de eso los encapuchados de las manifestaciones, esos guerrilleros de utilería, se “expresan” manchando las paredes ajenas. La Torre de Babel Mediática.

Hay de todo. Se debate con vigor. Se dicen y se escriben brillantes análisis sobre la realidad nacional, interesantes propuestas, amenas crónicas y hasta grandes verdades nunca antes dichas. Pero también se oyen y se leen monumentales disparates, hilarantes tonterías y colosales estupideces a veces escritas o dichas con pluma solemne o cara de circunstancias.

Por lo general, por razones de tiempo, sólo veo un par de espacios de opinión en la televisión, escucho un noticiario de radio mientras conduzco a la oficina y leo las noticias mas importantes y a algunos columnistas de los periódicos. De estos últimos ya he mencionado a mis favoritos, que no pasan de cinco y a los cuales se agrega Alejandro Alle con su fresca forma de tratar escabrosos temas económicos.

Sin embargo, hace unas semanas y durante tres días me di a la tarea de leer la mayor cantidad de publicaciones posibles y de ver y escuchar todos los noticieros y espacios de opinión que fuera capaz de aguantar. A lo mejor me estaba perdiendo de algo bueno o muy bueno. A lo mejor alguien por allí estaba rediseñando la rueda y yo sin saberlo. Mi periplo mediático fue entre atosigante, divertido y hasta asombroso. Podría escribir un libro completo de lo que oí, vi y leí cuyo título podría ser “Antología de lo absurdo” o “El asesinato del idioma español”.

En la televisión vi a un grupo de tele evangelistas saltando nerviosos y pidiendo a gritos desaforados a los televidentes que depositaran dinero en cuentas bancarias, cuyos números aparecían en la pantalla, a fin de que “todas sus deudas fueran condonadas”. Otro tele evangelista hablaba de las historias sexuales de la Biblia con un estilo de comediante gringo. En otro canal un reportero anunciaba que era “eminente” la caída de un “paderón” por “afectos” de las pasadas lluvias.

En la radio un vocinglero locutor, recomendaba a sus oyentes que visitaran no sé qué sitio virtual y que “printiaran” la información allí contenida, al tiempo que respondía “excelente, excelente” a una señora que llamaba afligida desde una comunidad amenazada por el desbordamiento de una quebrada. En otra emisora un corresponsal del occidente del país reportaba la muerte de un supuesto marero “cuyo cadáver “responde” al nombre de Fulano de Tal”.

En un periódico un articulista, maestro del enredo, se las arregla para meter en una sola cuartilla ácidas críticas a la derecha, graves cuestionamientos a la izquierda, recomendaciones al centro, apuntes sobre historia universal, advertencias sobre el peligro de los judíos, loas a la falange española y hasta sus propias paranoias. Todo un caso digno de”aunque usted no lo crea”.

En otra publicación un dirigente radical, de esos que cobran cheques del sistema y se declaran antisistema, declara entre otras cosas y sin ningún tapujo que el día que lleguen al gobierno, tomarán todo el poder de la nación para quedarse allí para siempre y que Venezuela es el modelo a seguir. ¡Caracoles!. En una revista de poetas la nota editorial se refería con nostalgia a la época de los sesenta, añoraba los años de la paz de la marihuana y las ilusiones puras del ácido lisérgico, para rematar atacando al “sistema neoliberal” por destruir la paz y matar las ilusiones.

Tengo que confesar, para terminar, que hice un supremo esfuerzo para leer las revistas corporativas que yacen apiladas en las mesitas de consultorios y despachos ministeriales. Me fue imposible. Deberían decomisar esas publicaciones por intentar matar de aburrimiento al prójimo. Todas siguen el mismo patrón en todos los sentidos. Es decir: fotos por docenas del jefe y manchas de letras infumables.

*Columnista de El Diario de Hoy. marvingaleas@cinco.com.sv

 

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