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La Nota del Día
Cuesta más fumar y jalan más el pitillo
Hay gobiernos, en particular los socialistas, que imponen controles de precios. Entonces el mercado encuentra otra salida: se provoca la escasez, se falsifican los productos y aparece el mercado negro. “No hay vuelta de hoja”
Publicada 24 de noviembre 2005, El Diario de Hoy
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Los precios son siempre los “grandes equilibradores”; si suben, la mayor parte de las veces y cuando es elástica, baja la demanda; si bajan, sube. Y cuando hay alternativas (digamos sustituir el vino por la cerveza) muchos consumidores cambian sus opciones. En Alemania, nos informa el gran diario Der Spiegel, el gobierno ha subido los impuestos al tabaco, lo que ha traido como consecuencia, que los fumadores compren cigarrillos de tabaco más concentrado (Gitanes, Galois, marcas francesas terriblemente fuertes), y jalen con mayor fuerza el pitillo. De una velocidad baja de crucero fumadorístico, han acelerado el paso.
Aquí la solución para muchos es comprar cigarrillos de contrabando, como era la costumbre en Europa después de la Segunda Guerra: si un gobierno eleva los impuestos, por lo general aumenta el contrabando y los muchachos inventan nuevas formas para evadirlos. Las últimas noticias son de que muchos cigarrillos ilegales entran por el lado hondureño de la frontera, como entran artículos de China roja por el lado guatemalteco.
Es obvio o debería serlo, que cuando aumentan los costos de producir o llevar al mercado un producto, forzosamente o sube el precio del mismo, o baja la calidad, o se dispensa menos por igual cantidad de dinero. Ante esa realidad, que tiene la fuerza de movimientos geológicos, o sea irresistible, hay gobiernos, en particular los socialistas, que imponen controles de precios. Entonces el mercado encuentra otra salida: se provoca la escasez, se falsifican los productos y aparece el mercado negro. “No hay vuelta de hoja”.
Una compra afecta el resto Lo mismo ocurre cuando por diversos motivos se elevan los costos de prestar servicios de cualquier clase: o suben los precios o desmejora la calidad o se introducen cargos nuevos para mantener rentable una actividad o simplemente se abandona una plaza. La última ocurrencia de la “defensoría del consumidor” --pues se trata de un nuevo ente público muy, pero muy ocurrente--- es repartir folletitos para que los usuarios de líneas aéreas conozcan sus derechos. De allí a multas, persecución y garrotazos queda poco trecho, como también pueden hacerse sentir las consecuencias.
Un posible resultado es que se incrementen los precios de los pasajes, o se reduzcan las ofertas; otro, que terminemos por violar acuerdos internacionales y nos expongamos a que se multe el país; un tercero, que limiten los pesos del equipaje o se vuelvan más estrictas las aerolíneas al respecto. Pero o la ocurrencia no lleva a nada, o la gente tendrá que costear la fiesta de la defensoría.
Hay otra faceta en esto de los precios que por lo general se olvida: que cuando se abusa subiendo precios, de inmediato surgen competidores y se inunda el mercado de sucedáneos o alternativas. De allí el cuidado que toman las empresas dominantes en un mercado, de sostener bajos precios y alta calidad para no verse expuestos a que los desplacen.
¿Cómo se determinan los precios? El tema es muy amplio y complejo, pero en última instancia los precios se fijan, momentáneamente, en lo que paga alguien por algo. Los billones de intercambios que tienen lugar día a día en el mundo fijan los precios de cuanta cosa existe; sube el petróleo y se afecta el de todo producto imaginable.

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