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El Salvador no es Suecia, ni Italia, somos un país pobre, violento, con instituciones incipientes y en democracia por primera vez, en la cual la oposición no ha gobernado nunca.

Publicada 23 de noviembre 2005, El Diario de Hoy

Joaquín Villalobos*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com


Oxford, Inglaterra. Eran bien aburridos y los invitados, cuando no eran comunistas, lo consideraban un castigo espantoso, una especie de show sobre distintos estilos de dormir en reuniones. Hablamos de los congresos de los partidos comunistas en los antiguos gobiernos de Europa del Este. Los dirigentes presentaban los planes que desarrollarían en sus países en los próximos veinte o más años, con la seguridad absoluta de que gobernarían por siempre.

El monopolio del poder les permitía programar la economía sin tomar en cuenta la política. En nuestro país se celebró recientemente el congreso ENADE y se presentaron allí “los planes de desarrollo” para los próximos veinte años. No estaban presentes ni sindicatos, ni comunidades organizadas y mucho menos la principal fuerza de oposición política.

La pregunta principal no es si esos planes son buenos o malos, sino sin son posibles en un país polarizado al nivel que está el nuestro. ¿Tendrá el TLC la capacidad de estabilizar la política del país de forma milagrosa?; ¿cuántas veces más se podrán aprobar leyes y proyectos estratégicos en madrugones al estilo de golpes de Estado?; ¿seguirá siendo gobernable el país con gremios empresariales partidarizados?; ¿podrá ARENA gobernar eternamente sin que el país entre en una crisis política grave?; ¿puede o no tomar el Gobierno una fuerza populista de derecha o de izquierda?

El Salvador no es Suecia, ni Italia, somos un país pobre, violento, con instituciones incipientes y en democracia por primera vez, en la cual la oposición no ha gobernado nunca. Las elecciones no son sólo un mecanismo de alternancia, son también un fusible de protección del sistema. El gobierno de Duarte fue una excepción que recibió un país en guerra civil y estuvo sometido a la desestabilización de la derecha. Si el plan de ENADE supone veinte años más de gobiernos de ARENA, hay que preguntarse: ¿Podemos planear la economía y el desarrollo del país para los próximos veinte años sin tener en cuenta la política?

El doctor Alexander Segovia presentó recientemente los resultados de una investigación que establece la existencia en Centroamérica de gobiernos empresariales y gobiernos con influencia empresarial, colocando a El Salvador claramente entre los primeros. Efecti-vamente, en el país hay una excesiva concentración de poder económico, mediático y político que se complementa con una oposición demasiado pobre en dinero, ideas y presencia mediática. Esto reduce la fiscalización y el balance de poder que toda democracia real necesita.

Los empresarios, como centro del poder, tienen dificultad para planear en el largo plazo, en general se rigen por el año fiscal, la máxima ganancia, el poco riesgo y son alérgicos a los sindicatos y a los intereses de los consumidores. Si pueden evitar ambas cosas lo hacen. Los problemas sociales y políticos, sólo logran verlos hasta que se convierten en amenazas graves a su poder.

El país tiene tres graves problemas: Una violencia incontrolable, un modelo económico basado en la expulsión de personas y una profunda polarización política. La rebelión de los inmigrantes en Francia tendrá un inevitable efecto global. En EE.UU. ya está planteado ese debate y ser aliados de Bush no nos salvará de las consecuencias.

Las pandillas latinoamericanas, entre ellos la “salvatrucha”; los barrios pobres que albergan millones de gentes viviendo en pobreza e ilegalidad en una nación rica; la organización de grupos de choque racistas; el endurecimiento de las políticas estadounidenses para frenar la inmigración y la existencia incluso de planteamientos intelectuales como los de Samuel Huntington, que advierten a los anglosajones del peligro de la cultura latina, son todos componentes potenciales de una crisis que podría poner en peligro la política de exportar salvadoreños que sostiene nuestra economía.

Se dice que tenemos una de las economías más abiertas de Latinoamérica, pero al estar manejada por grupos muy cerrados, la inversión es poca y la emigración mucha. El argumento dominante es cargarle las culpas a la oposición por incapaz, por comunista y por antisistema, incluso, cuando en realidad todo eso le permite a la derecha ganar elecciones y sacar ventajas en el presente, a costa de que el país se arruine para el futuro.

Es totalmente falso que el FMLN sea una fuerza antisistema, el Frente es la pieza más importante del sistema de dominación y hegemonía política del modelo de gobierno empresarial que representa ARENA. Ambos, ARENA y el FMLN, son parte de un mismo juego.

Hay incluso similitudes entre los procesos políticos de Venezuela y El Salvador. En ambos casos la oposición ha servido para fortalecer al Gobierno, el poder mediático y la capacidad comunicacional de sus líderes ha sido fundamental, al punto que los países van mal y el Gobierno está bien, uno utiliza el miedo al comunismo y el otro al imperialismo y finalmente, uno sobrevive por el petróleo y el otro por las remesas.

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

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