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El Salvador 2024
El Salvador no es Suecia, ni Italia, somos
un país pobre, violento, con instituciones incipientes y en democracia
por primera vez, en la cual la oposición no ha gobernado nunca.
Publicada 23 de noviembre 2005, El Diario de
Hoy
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| Joaquín
Villalobos*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Oxford, Inglaterra. Eran bien aburridos y los invitados, cuando no eran
comunistas, lo consideraban un castigo espantoso, una especie de show
sobre distintos estilos de dormir en reuniones. Hablamos de los congresos
de los partidos comunistas en los antiguos gobiernos de Europa del Este.
Los dirigentes presentaban los planes que desarrollarían en sus
países en los próximos veinte o más años,
con la seguridad absoluta de que gobernarían por siempre.
El monopolio del poder les permitía programar la economía
sin tomar en cuenta la política. En nuestro país se celebró
recientemente el congreso ENADE y se presentaron allí “los
planes de desarrollo” para los próximos veinte años.
No estaban presentes ni sindicatos, ni comunidades organizadas y mucho
menos la principal fuerza de oposición política.
La pregunta principal no es si esos planes son buenos o malos, sino sin
son posibles en un país polarizado al nivel que está el
nuestro. ¿Tendrá el TLC la capacidad de estabilizar la política
del país de forma milagrosa?; ¿cuántas veces más
se podrán aprobar leyes y proyectos estratégicos en madrugones
al estilo de golpes de Estado?; ¿seguirá siendo gobernable
el país con gremios empresariales partidarizados?; ¿podrá
ARENA gobernar eternamente sin que el país entre en una crisis
política grave?; ¿puede o no tomar el Gobierno una fuerza
populista de derecha o de izquierda?
El Salvador no es Suecia, ni Italia, somos un país pobre, violento,
con instituciones incipientes y en democracia por primera vez, en la cual
la oposición no ha gobernado nunca. Las elecciones no son sólo
un mecanismo de alternancia, son también un fusible de protección
del sistema. El gobierno de Duarte fue una excepción que recibió
un país en guerra civil y estuvo sometido a la desestabilización
de la derecha. Si el plan de ENADE supone veinte años más
de gobiernos de ARENA, hay que preguntarse: ¿Podemos planear la
economía y el desarrollo del país para los próximos
veinte años sin tener en cuenta la política?
El doctor Alexander Segovia presentó recientemente los resultados
de una investigación que establece la existencia en Centroamérica
de gobiernos empresariales y gobiernos con influencia empresarial, colocando
a El Salvador claramente entre los primeros. Efecti-vamente, en el país
hay una excesiva concentración de poder económico, mediático
y político que se complementa con una oposición demasiado
pobre en dinero, ideas y presencia mediática. Esto reduce la fiscalización
y el balance de poder que toda democracia real necesita.
Los empresarios, como centro del poder, tienen dificultad para planear
en el largo plazo, en general se rigen por el año fiscal, la máxima
ganancia, el poco riesgo y son alérgicos a los sindicatos y a los
intereses de los consumidores. Si pueden evitar ambas cosas lo hacen.
Los problemas sociales y políticos, sólo logran verlos hasta
que se convierten en amenazas graves a su poder.
El país tiene tres graves problemas: Una violencia incontrolable,
un modelo económico basado en la expulsión de personas y
una profunda polarización política. La rebelión de
los inmigrantes en Francia tendrá un inevitable efecto global.
En EE.UU. ya está planteado ese debate y ser aliados de Bush no
nos salvará de las consecuencias.
Las pandillas latinoamericanas, entre ellos la “salvatrucha”;
los barrios pobres que albergan millones de gentes viviendo en pobreza
e ilegalidad en una nación rica; la organización de grupos
de choque racistas; el endurecimiento de las políticas estadounidenses
para frenar la inmigración y la existencia incluso de planteamientos
intelectuales como los de Samuel Huntington, que advierten a los anglosajones
del peligro de la cultura latina, son todos componentes potenciales de
una crisis que podría poner en peligro la política de exportar
salvadoreños que sostiene nuestra economía.
Se dice que tenemos una de las economías más abiertas de
Latinoamérica, pero al estar manejada por grupos muy cerrados,
la inversión es poca y la emigración mucha. El argumento
dominante es cargarle las culpas a la oposición por incapaz, por
comunista y por antisistema, incluso, cuando en realidad todo eso le permite
a la derecha ganar elecciones y sacar ventajas en el presente, a costa
de que el país se arruine para el futuro.
Es totalmente falso que el FMLN sea una fuerza antisistema, el Frente
es la pieza más importante del sistema de dominación y hegemonía
política del modelo de gobierno empresarial que representa ARENA.
Ambos, ARENA y el FMLN, son parte de un mismo juego.
Hay incluso similitudes entre los procesos políticos de Venezuela
y El Salvador. En ambos casos la oposición ha servido para fortalecer
al Gobierno, el poder mediático y la capacidad comunicacional de
sus líderes ha sido fundamental, al punto que los países
van mal y el Gobierno está bien, uno utiliza el miedo al comunismo
y el otro al imperialismo y finalmente, uno sobrevive por el petróleo
y el otro por las remesas.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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