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La Nota del Día
Metiendo ciudades en camisas de fuerza

Un plan urbanístico para La Unión vendrá a ser como los zapatos que hasta hace unos cien años les ponían a las chinas para impedir que los pies les crecieran.

Publicada 23 de noviembre 2005, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Brasilia, la capital federal de Brasil, es el sueño de un planificador: las distintas áreas y “vocaciones” de una ciudad se separan con nitidez. Hay partes de ésta reservadas a oficinas, otras a viviendas, un amplio sector sirve al gobierno, hay un espacio para la construcción de embajadas, otro para que se instalen fábricas, un enorme parque para glorificar al difunto expresidente Juscelino Kubitschek, “creador de Brasilia”. Alrededor de una especie de explanada central se ubican los comercios, culminando el conjunto en una avenida de grandes, iguales, feos y monótonos edificios que desembocan en el “Palacio de la Aurora”.

Brasilia se diseñó centrándose en una especie de ave en vuelo, éxtasis supremo del arquitecto Oscar Niemayer, el punto donde creyó remontarse al infinito artístico.

Pero la ciudad es un fracaso que, en su original concepción, se ha desplomado. Los nítidos planes de Niemayer se han ido borrando frente a las cambiantes necesidades de los pobladores, que simplemente no pueden seguir metidos en una disparatada camisa de fuerza. Donde sólo se diseñaron viviendas hay ahora comercios, han proliferado tugurios, los espacios gubernamentales resultan insuficientes y para muchos diplomáticos de carrera ser destacados en Brasilia, el escaparate sin sentido, es un velado castigo.

¿Cómo cayó Niemayer en semejante aberración? La respuesta es muy simple: el hombre es comunista y como tal pretende regimentar la vida de sus congéneres, imponer sobre ellos modos de vida y trabajo. Lo que Niemayer hizo con el dinero de los brasileños y según las buenas lenguas para usar unas tierras propiedad de Kubitscheck, fue construir la ciudad ideal donde a cada poblador se le asigna su espacio, como en los hormigueros. Tal clase de “soluciones” eran frecuentes en las dictaduras comunistas, desarrollos que se han ido derrumbando a partir de la caída del Muro de Berlín.

Pobres unionenses: tendrán su OPAMSS

La mala noticia es que “pequeños Niemayers” abundan en todas las latitudes. Los últimos en ser amenazados con ponerlos a vivir dentro de un hormiguero, son los unionenses, los pobladores de La Unión. De acuerdo con informaciones, se estudia para luego poner en vigor, un “ordenamiento urbanístico” que asigne a cada sector de la ciudad lo que allí se puede construir y cómo se debe construir. Unas áreas se asignan a vivienda, otras a los comercios, unas terceras a industrias y así sucesivamente. N

o sabemos si luego se establecerán lineamientos de diseño, poniendo a competir el mal gusto de muchos arquitectos y de dueños de inmuebles, con el mal gusto de burócratas. A eso todavía no se ha llegado en el Gran San Salvador, paralizado por las exigencias y ocurrencias de la OPAMSS y ciertas oficinas de Concultura. Todo, se nos dice, en aras de preservar el “Centro Histórico”, preservarlo para cucarachas, termitas, tacuacines, ratas e inmundicia.

Un plan urbanístico para La Unión vendrá a ser como los zapatos que hasta hace unos cien años les ponían a las chinas para impedir que los pies les crecieran; en el preciso momento en que La Unión y gracias al puerto, puerto que es realidad por las campañas de EL DIARIO DE HOY, comienza a despegar, quieren aprisionarla. En otros términos, el Estado tiene más confianza en el criterio de burócratas que en el de los ciudadanos.


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