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Sin amparo legal

Víctimas de los perros. El Salvador registra cada año entre 25 mil y 30 mil personas con mordeduras de animales, sobre todo de canes. Nadie responde. El país carece de leyes punitivas.

Publicada 21 de noviembre 2005 , El Diario de Hoy

Mirella Cáceres

Afectado. Víctor N. Rodríguez olvida un poco su trauma cuando juega con sus dos hermanas. Foto EDH

El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

El ataque de un perro al niño Víctor Nahún Rodríguez Posada, la noche del 28 de septiembre pasado, no es un caso más entre los miles que ocurren a diario en el país.

Por la dimensión de la herida, que le ha dejado una cicatriz que le atraviesa la parte izquierda de su rostro, su caso se ubica entre los más graves ocurridos este año.

Eran las 8:30 p.m. cuando sus padres oyeron el grito de Víctor Nahún. Provenía de la planta baja del edificio número 23 de la residencial Altos de América, San Jacinto.

“Yo no me fijé bien en la herida, tampoco pregunté detalles de lo que había pasado, mi urgencia fue llevarlo al hospital Bloom. Estando allí me di cuenta de la cortadura que hasta se le veía parte del hueso. Yo sentí una cólera y sólo quería regresarme a matar al perro”, recuerda Víctor, el padre.

Al día siguiente, el padre hizo lo que pocos en este país: demandó ante la Fiscalía General de la República una condena para Josué Donovan Marquesinez, el dueño de “Colmillo”, el perro que había enviado al hospital a su hijo.

En otra iniciativa poco usual, este hombre logró reunir casi un centenar de firmas entre los vecinos que adjuntó a la denuncia, una dirigida a la FGR y otra a la alcaldía capitalina, solicitando la prohibición de perros peligrosos en esa zona.

El deseo de los firmantes es que no se repitan ataques como el ocurrido al hijo menor de los Rodríguez Posada. Elizabeth Quintanilla, la dueña de la tienda frente a la cual se produjo el ataque, respaldó la petición: “Aquí los apartamentos son estrechos y apenas cabe la familia, no es para tener perros grandes y peligrosos”.

Las consideraciones de esta mujer encuentran eco en varios veterinarios consultados en que el espacio para el perro es tan importante como la educación y el buen trato para evitar que sean agresivos. “Tener perros presos o en espacios reducidos incrementan ese riesgo”, argumenta el doctor Juan Carlos Andrade.

Según el decir de algunos vecinos, “Colmillo” sería una víctima de esta falta de espacio pero también de ser entrenado para peleas. En su historial cuenta con varias agresiones a adultos y niños.

Las heridas

Pero fue el pequeño Víctor quien se llevó la peor parte. Lo más duro de su caso es que Marquesinez no ha cumplido su promesa de costear las curaciones. Desde entonces guarda silencio, ni siquiera sale en su defensa ante tantas acusaciones.

En la familia también hay temor de que no se haga justicia con su hijo. “Quisiera que la Fiscalía resolviera pronto porque el dueño del perro se va a ir pronto de aquí”, reclama Mirna de Rodríguez, la madre de Víctor.

A casi dos meses de la agresión, el pequeño va retomando la rutina de juegos. Junto a sus hermanas mayores, Victoria y Elena Marilyn, se entretiene dibujando, pintando y haciendo alguna travesura.

Atrás quedó su triste experiencia de permanecer diez días hospitalizado bajo tratamiento antiinflamatorio, después de haber sido sometido a una operación de una hora, a fin de reconstruirle el rostro.

El niño apenas esboza que la herida no duele ya, pero aún resiente lo ocurrido.

El niño despierta por las noches y llora, ha aumentado su hiperactividad, muerde o pellizca a sus hermanas, se enoja con mayor facilidad. Y cada vez que ve a un perro, muestra miedo.
Pese a estos repentinos cambios de comportamiento, don Víctor y su esposa ponen sus esperanzas en el tratamiento sicológico que le brindarán en el Bloom a partir del 8 de diciembre.

El médico que lo operó, Luis Meléndez Ávalos, sólo prevé secuelas sicológicas y sentencia que pese a la cirugía cosmética “el niño llevará la cicatriz de por vida”.

Vacío de leyes

Pero este caso deja al descubierto que El Salvador carece de leyes que regulen la tenencia de animales peligrosos o que amparen a las víctimas de agresiones.

El Código Penal nada más contempla un numeral del artículo 398 una sanción de 10 a 40 días multa al “que azuzare o soltare algún animal con evidente descuido, aún cuando éste no produjere lesiones o daños a otra persona”.

Con esta base legal se ha iniciado la investigación a cargo de la fiscal Rosa Morán, la cual ya ha recogido entre los testimonios el de una testigo presencial entre otros. Pero la prueba más fehaciente del delito es la herida del niño. “Nada más esperamos el expediente clínico y la evaluación médica del Hospital Bloom para luego enviar el caso a los tribunales”, explicó.

Por otro lado, las ordenanzas municipales sobre daños causados por animales, condenan al responsable del animal a pagar una sanción de $35 a $114.

El doctor Joaquín Domínguez Parada, jefe de la oficina Contravencional de la comuna, reconoce que estas ordenanzas se quedan cortas ante la magnitud del problema, sobre todo si se considera que en El Salvador al año hay un promedio de 25 mil a 30 mil personas mordidas por animales, en su mayoría por perros.

Roxana Dueñas, de la alcaldía de Mejicanos, dice que estas ordenanzas se aplican para casos leves donde se resuelven a veces mediante una conciliación , pero los casos más graves se remiten a la Fiscalía.

¿Quién responde?

Por eso, Domínguez, Dueñas y Marta de Najarro, de la alcaldía de Santa Tecla, le apuestan a una ordenanza para regular la tenencia de perros peligrosos.

Si en casos graves como el de Víctor, nada más está el consuelo de exigir una responsabilidad civil, ¿qué ocurriría si un perro mata a una persona? La fiscal Rosa Morán dice que habría que estudiar esa posibilidad, pero el penalista Manuel Chacón dice que ante ese caso nada contempla el Código Penal.

“Como medida responsable en el artículo 146 del Código Penal, entre las lesiones culposas (sin intención) se debería agregar un inciso que establezca las que sean provocadas por animales peligrosos. Además debe haber una legislación más severa, una ley especial”, sugiere Chacón.

Las ordenanzas que estudian Mejicanos, Santa Tecla y San Salvador no han prosperado. El alcalde capitalino Carlos Rivas Zamora fue claro al decir que no le agrada el proyecto porque sus costos son altos, carecen de la capacitación técnica para ejecutarla y no van al fondo del problema.

Tanto el jefe de Sanidad Animal, José David Bolaños, como el viceministro de Salud, Ernesto Navarro, exponen que ambas instituciones no tienen una atribución en ese aspecto.

Disposiciones en la región

Otras naciones centroamericanas aventajan a nuestro país en el abordaje del problema.

Guatemala
Desde 2003

Vigente una ley para el control de animales peligrosos. Especifica las razas peligrosas, exige una licencia a mayores de 18 años para la tenencia de perros, una póliza de seguros para cubrir daños y prohíbe adiestrar animales para volverlos agresivos.

Nicaragua
Hace 6 meses

La Universidad de Ciencias Comerciales y la alcaldía de Managua ejecutan un control de natalidad en perros callejeros, ya que cada mes registran unas 400 personas mordidas por perros. Con el plan evitan la proliferación de estos animales.

Honduras
Desde hace un año

La alcaldía de Tegucigalpa cuenta con una ley que establece un perímetro urbano de 12 km en los que se prohíbe tener diez razas de perros, pero ampliado a unos 20 kilómetros aplica para razas más agresivas como el pitbull y el rotwailler.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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