Alejandra
Dimas/J.R.
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| Trabajo. Angélica Flores, empleada
de la farmacia del San Rafael, revisa los insumos. Foto
EDH
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El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Un número considerable de pacientes con problemas de hipertensión
se vio afectado los primeros meses del año cuando el medicamento
que recibió para el control de su enfermedad no les produjo efecto
alguno.
El Ministerio de Salud Pública, que adquirió el fármaco
gracias a una licitación conjunta con otros hospitales, entregó
en marzo el antihipertensivo a las farmacias de varios de los principales
centros, entre ellos el San Rafael y el Rosales.
Las pastillas de nifedipina, el fármaco para el control de la tensión,
no cumplían uno de los principios básicos de cualquier insumo:
la disolución del mismo en el organismo para que el principio activo
llegue a la sangre y, por consiguiente, tenga el efecto deseado.
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Roxana Rodríguez, jefa de farmacia del hospital San Rafael, lo
explica así: el medicamento no se disolvía en el cuerpo
y, por tanto, se expulsaba de la misma forma en que se ingería.
Era algo así como “engañar” a un enfermo, al
cual se le administraba un medicamento que no iba a tener efecto terapéutico
alguno.
“No estaba apta para el consumo, no pasó la prueba de disolución,...
nos extrañó que después de que el paciente recibiera
el tratamiento, no había un avance (una mejoría)”,
expresó la responsable de farmacia.
Diversos daños
En el caso de los enfermos con la presión arterial elevada, un
enfermedad crónica que puede aparecer generalmente por diversas
circunstancias a partir de los 35 años, la falta del tratamiento
de la enfermedad puede derivar en diversos trastornos leves, pero también
en daños en varios órganos.
De hecho, un internista del San Rafael, quien confirmó que recetó
ese fármaco, aseveró que en los meses siguientes se vio
un aumento de personas con derrame cerebral, esto es, la rotura de vasos
sanguíneos en esa parte del cuerpo por la fuerza (alta presión)
de la sangre.
La directora médica del hospital, Margarita de Fuente, confirmó
que “el medicamento fue rechazado porque no cumplía el control
de calidad”.
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La prueba más palpable es un memorando, recibido cuatro meses
después de la llegada del medicamento a la farmacia, donde se expresa
lo siguiente: “Nifedipina presentada por droguería Farlab
S.A. de C.V., lotes 0505, 0504 y 0503, se dan por rechazados porque no
cumplen con con la prueba de disolución, según especificaciones
de USPXXVII y del fabricante”.
El documento, enviado por el director de aseguramiento de la calidad del
Ministerio de Salud, Alcides Urbina, al directora del referido centro
asistencial, tiene la fecha del 19 de julio de 2005 y se hacía
eco de los tres lotes recibidos, de 300 mil tabletas cada uno.
Alcides Urbina reconoce el problema que se dio, pero niega que se haya
recetado el fármaco entre los pacientes. “No se les estuvo
suministrando, los hospitales ya lo tenían, pero no se receta mientras
nosotros no lo autoricemos”, puntualizó el funcionario.
Insistió en que tienen por norma hacer un control de calidad para
ver si tienen las concentraciones adecuadas al contrato y si el vehículo
-el medio con que el principio activo llega a la sangre- es el adecuado.
“Si no es así, el producto se rechaza”, indicó
Urbina, quien añadió que “del vehículo que
se utilice depende el efecto que el medicamento tenga en el organismo”.
Las palabras del funcionario no coinciden con las del personal de farmacia
y médicos reconocen abiertamente que el medicamento se recetó
a los pacientes.
Además , Urbina no explica el porqué pasaron cuatro meses,
cuando el examen de perfil de disolución se tarde tres días,
desde que se entregó el producto hasta que Salud envió el
documento donde se advierte de las fallas del fármaco.
Si Urbina trata de quitarle hierro al asunto, el gerente de la droguería
Farlab, Reynaldo Figueroa, tampoco asume responsabilidad alguna en los
lotes enviados. “Creo que fue en el manejo del producto, pero no
en el que hicimos nosotros, sino en la forma en que Salud lo transportó
aunque no tengo explicación para eso”, se limitó a
decir el encargado de la firma responsable.
“Reponer el producto es aceptar que estuvo mal”
El Consejo Superior de Salud Pública (CSSP) es el ente encargado
de verificar la calidad de los medicamentos en el país y, por tanto,
extender la autorización al fabricante para su comercialización,
si el producto lo amerita.
Sin embargo, una vez autorizados los fármacos, esa misión
recae en el ente que adquiere los medicamentos en una licitación,
en este caso, Salud Pública, según indica Loly de Ayala,
presidenta del CSSP.
“Aquí, cuando (los laboratorios) quieren autorización,
casi nunca vienen con una muestra mala, pero a veces cuando falla la primera
prueba ya no les permitimos que vengan otra vez”, manifestó
de Ayala.
Además, la explicación que brinda el gerente de Farlab,
Reynaldo Figueroa, acerca de la falta de disolución de la pastilla,
podría comprobarse en el expediente.
“Si fue por mal manejo debe aparecer en el expediente, pero si estuvieran
convencidos de que fue culpa de Salud, no tendrían por qué
reponer nada. Hacerlo es aceptar que algo estuvo mal”, concluyó
la funcionaria del CSSP.
El gerente confirmó que los lotes fueron reemplazados y están
ya en las dependencias del Sibasi de La Libertad.
El estómago mecánico
El laboratorio de control de calidad de Salud vela porque los productos
se ajusten a las normas. Realizan pruebas como el perfil de disolución,
el examen que no pasó el producto Nifedipina.
1 La prueba consiste en colocar la pastilla en un aparato llamado disolutor,
que se mueve y tiene funciones similares al estómago.
2 Se le agrega agua y otro químico que muestra el Ph, el grado
de acidez. El examen verifica si la pastilla se disuelve y si tiene el
efecto en el tiempo.
3 El proceso se realiza a 37 grados de temperatura, tal y como especifican
estándares químicos de la United States Pharmacopeia (USP).

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