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| Dinámica. Una guía del Marte le susurra algo a la pintura titulada “El desfallecimiento”, como técnica para comunicarse más con las pinturas. Foto
EDH |
Adda Montalvo
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
Mariana pidió que apagaran la luz del salón de audiovisuales para que la computadora empezara a proyectar un video.
Luego hizo sonar la canción “Sólo le pido a Dios”, de Mercedes Sosa, y la máquina empezó a llevar a los presentes a un viaje visual por las obras del gran muralista mexicano David Alfaro Siqueiros.
Y así, sucesivamente, los guías voluntarios empezaron a contemplar imágenes de campesinos cansados, indígenas llorando, mujeres implorando, emperadores aztecas torturados y ejércitos revolucionarios en pie de lucha.
Con esta dinámica inicial, Mariana Coronado, miembro del departamento de educación del Museo Soumaya de México, les demostró a los guías del Marte que tras las obras del pintor mexicano hay una historia común en los pueblos de Latinoamérica; y que ,justamente, ese factor es por el cual la obra de Siqueiros genera tanta empatía en los países que visita.
Luego recordó a los alumnos (estudiantes de artes, empresarios y guardias de seguridad del museo) que en ellos, desde ese momento, reposa la responsabilidad de enseñar a los salvadoreños toda la historia que tiene detrás esta exposición.
Conocimiento
A simple vista, uno no se imagina que detrás de cada uno de esos cuadros pintados con gruesos pincelazos y colores intensos, hay al menos 70 años de historia mundial, del siglo XX.
Y aunque parezca una cantidad abrumadora de datos, un guía debe estar preparado para responder al más suspicaz de los visitantes del museo.
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Es por eso que para entender el momento histórico que le tocó vivir a este representante del muralismo mexicano, la facilitadora pidió que los participantes investigaran y expusieran algunos de los eventos históricos más importantes de la pasada centuria.
Y así, en una intensa mañana, el grupo hizo un esfuerzo de memoria para recordar qué desencadenó la Primera Guerra Mundial; por qué los zares fueron sacados del poder en Rusia durante la Revolución.
Luego analizó la derrota de Alemania en la Segunda Guerra Mundial y, entre risas, fotografías personales de viajes; inlcuso hubo quien afirmó ser franquista, cuando tocó el turno al tema de la Guerra Civil Española.
Muralistas
Para sentir lo que Siqueiros experimentaba al hacer sus murales, los participantes debieron hacer uno propio. El tema: representar su ideología con pincelazos.
Entre manchas, rayones, quebradas de cabeza y risas, el grupo hizo sus murales colectivos en donde hasta los guardias de seguridad dejaron su trazo marcado.
Uno de ellos fue Rodrigo Ascencio quien se mostró muy contento con el taller. Era la primera vez que recibía un curso de arte.
Ascencio nunca había visto una pintura de Siqueiros, pero no vaciló en definirla de la siguiente manera: “Linda. Preciosa, porque (Siqueiros) conoce su cultura, mantiene sus ideales, su tendencia revolucionaria y eso es lo que más me ha gustado”. Al igual que él, su compañero de trabajo, Pedro Herrera, se sintió satisfecho de que el Marte los hubiera incluido en el taller.
“Nos invitaron pensando en que como seguridad a veces las personas preguntan sobre la exposición y no sabemos que responderle”, relató. Y agregó que aún no ha tenido la oportunidad de llevar a sus hijos al museo.
Ellos como los demás participantes vivieron la experiencia de acercarse a esas pinturas de formas poco convencionales. Por ejemplo, eligiendo la que más les llamara la atención de una sala y susurrándoles un secreto para sentir una conexión con ella; o seleccionando una y, a través de una serie de preguntas, descubriendo que le hacía sentir a cada quien.
Todas estas formas de acercarse a las pinturas brindan al espectador una experiencia distinta ante cada cuadro. Y frente a obras tan vigorosas como las de Siqueiros, el visitante podrá percibir una idea original de Augusto Rodín que fue recordada en el taller. Aquella que dice que “la belleza no siempre es bonita y convencional, sino que radica en lo que expresa”.
El militante de la plástica
¿Sabía que Siqueiros (1896-1974) se llamaba realmente José de Jesús y no David? Pues este es uno de los miles de datos que podrá descubrir al adentrarse en la vida de este pintor mexicano quien, junto a Diego Rivera y José Clemente Orozco, se convirtieron en los principales representantes del muralismo mexicano a mediados del siglo XX.
Otro dato novedoso es que ahora se sabe que su lugar de nacimiento verdadero es México D.F. y no Chihuahua.
Su fuerte y firme personalidad se formó gracias a la educación recibida de parte de su abuelo, al que apodaban “El siete filos”. Pues, por el contrario, su padre era un prominente y afrancesado abogado que trabajaba al servicio de los terratenientes de su época.
Otro dato de sus años mozos es que participó en su primera huelga en la escuela de artes. Más tarde su convicción sobre los ideales de laRevolución Mexicana le hacen formar parte del ejército constitucionalista y conocer así de cerca a su país.
Sus convicciones ideológicas le hacen participar en la Guerra Civil Española (1936-1939), donde es ascendido a coronel. Y por tal motivo, a su regreso a México, es apodado como “El coronelazo”. Siqueiros asume el sobrenombre y, años después, firma así una autobiografía.
En la actual exposición del Marte, los guías le podrán referir sobre anécdotas como la del cuadro “Niña viva, niña muerta”; porqué despreciaba la pintura de caballete; la anécdota del diamante del Polyforum; y de cómo se contradijo a pesar de sus ideales comunistas.

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