| Evangelina
del Pilar de Sol*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Pocas personas de las décadas comprendidas entre los años
cincuenta y finales del siglo anterior, podrían decir que no tuvieron
ocasión de conocer la famosa tienda “María Cristina”,
reconocida por su refinado buen gusto, y considerada una verdadera institución
en la historia comercial salvadoreña.
Era propiedad de Dickie y Joy Mejía Roy, a quien cariñosamente
llamábamos “las Mejía”.
Ésta fue inaugurada en 1955 en el primer centro comercial del país,
situado en la Colonia San Benito, la que a su vez, fuera la primera zona
residencial ubicada fuera de San Salvador, y cuyos primeros habitantes
en 1943, fueron las familias de don Ernesto Liebes, dueño entonces
del Almacén Goldtree; la de don Rodolfo Goldschmidt y su entonces
esposa, Rosita Oppenheimer; y la de mis padres --actualmente propiedad
de la familia de mi querida amiga Ninfa Argueta--, situada frente a la,
ahora, Embajada de España, residencia que fuera construida en 1945
o 46, y perteneciera a Ricardo y Helen Guirola.
Para 1955, San Benito estaba ya bastante poblado y su nuevo centro comercial
consistía en algunos comercios que proveían lo indispensable
para los residentes de la nueva zona, por la “lejanía”con
la ciudad. Había una farmacia, un super mercado, una panadería,
asociada con Pan Lido, y un salón de belleza “Jolie”.
Estando aún vacíos dos locales, estas aventuradas jóvenes,
Dickie y Joy, la primera esposa del insigne pintor Raúl Elas Reyes,
y la segunda, casada entonces con Carlos Menéndez, incentivadas
por sus padres --los muy recordados Alfredo Mejía y Helen Roy--,
decidieron abrir una pequeña tienda tipo “drugstore”
americano, donde en un principio se podía comprar desde tres cigarrillos
“Embajadores” a 0.10 centavos de colón y gaseosas frías,
hasta pequeños regalos y objetos de primera necesidad, distando
mucho del exclusivo y elegante establecimiento que posteriormente llegó
a ser.
El afamado arquitecto mexicano “Pancho” Balzaretti, había
construido en la parte posterior del centro, apartamentos tipo condominio,
los primeros de esa clase aquí. Cinco años después,
“María Cristina” había crecido tan sustancialmente
que fue necesario alquilar cinco de ellos para extenderse.
Cuando las Mejía decidieron importar mercadería de Europa,
“María Cristina” se volvió la tienda, la institución,
donde destacó el exquisito gusto de sus dueñas.
Fueron las pioneras en traer porcelanas y cristalería de afamadas
marcas como Royal Coppen-haguen, Lalique, Baccarat, Dawn, porcelana “Arabia”
de Finlandia, entre otras.
Importaron también telas para muebles de casas como Shoe-mackers,
y Dickie, decoradora profesional, fue una guía, que gustosa y gratuitamente
daba consejos a quienes lo solicitaban.
A principios de los sesenta, San Benito estaba mayormente habitado por
jóvenes matrimonios, entre los cuales nos contábamos mi
esposo y yo. Recuerdo cómo, por las tardes, todas las mamás
noveles, salíamos a pasear a nuestros pequeños hijos, hijas
o bebés en sus coches, reuniéndonos en las aceras de ese
centro comercial, y frente a “María Cristina”, en la
que no faltaba la tertulia con nuestras queridas Dickie y Joy, para cambiar
impresiones acerca de nuestros hijos o de nuestros trabajos empresariales
como amas de casa, porque --tal como hace todo empresario en un negocio--
tener a cargo la organización del hogar, el buen entrenamiento
del personal de servicio, la educación de los hijos, logrando que
todo marche a la perfección, es la tarea empresarial por excelencia.
En esto, Dickie y Joy tuvieron doble mérito: como comerciantes
y como amas de casa.
Fueron tiempos dorados en los que era usual ver a nuestros niños
y adolescentes jugando pelota, en bicicleta, o caminando por las calles
de San Benito, sin que ningún peligro les acechara. Estos duraron
hasta mediados de los setenta, en que el comunismo empezara a desestabilizar
la paz de nuestra patria.
Aunque las Mejía cerraron las puertas de “María Cristina”
en el año 2000, pocos meses antes de morir Dickie, Joy aún
conserva varias de las piezas, ahora de colección, que les quedaran
de aquellos tiempos y que exhibe en diciembre, en su antigua sala de San
Benito.
Recrearme con esos invaluables objetos de arte, visitando dicha exposición,
fue remontarme en mis recuerdos, a un bello e inolvidable pasado.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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