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Teresa Guevara de López*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Es un privilegio de los seres humanos el saberse comunicar, y más
aún a través de la palabra escrita que puede llegar a más
personas, mantenerlas informadas y generar opinión. Quien escribe,
está en cierta manera, in-vestido de autoridad y por lo mismo tiene
la obligación de co-nocer el tema que va a tratar, ya que de lo
contrario, la desinformación crea confusión al decir me-dias
verdades.
Esta semana un matutino, en su edición deportiva publicó
a todo color, una reproducción de “La Última Cena”,
de Leonardo Da Vinci. Cinco de las figuras de los apóstoles estaban
en blanco, y la nota de pie de página decía que “todavía
faltaba elegir a cinco deportistas para completar un cuadro deportivo”.
Muy poco acertada la comparación y ofensiva para los que creemos
que el momento en que Jesús instituye el sacramento de la Sagrada
Euca-ristía es digno de todo respeto y veneración y resulta
irreverente el usarlo como referente de un tema deportivo. Y como se supone
que no hay mala intención ni deseo de herir sentimientos, se evidencia
ignorancia crasa. Una referencia similar a Mahoma, supondría la
pena de muerte en un país musulmán. ¿Por qué
no eligió Ali Baba y los 40 ladrones?
En una página editorial, una economista suiza acusaba acremente
a la Iglesia Cató-lica de haber hecho retroceder al mundo, aniquilando
los logros de la Ilustración, debido a ciertas declaraciones del
cardenal de Viena, relacionadas con la intervención divina en el
asunto de la evolución. Impresiona la audacia de atreverse a incursionar
en un tema totalmente desconocido para ella, pues pone al descubierto
su desconocimiento total de teología, de religión y de los
principios en que se basaba el prelado (que sí sabe, porque es
su campo) al emitir sus opiniones.
Cuenta el Dr. Pedro Brunori, una experiencia que le tocó vivir
cuando el Papa Juan Pablo II le pidió organizara la oficina de
prensa en el Vaticano, con el objeto de mejorar las comunicaciones con
los obispos y nuncios de todo el mundo. Tuvo necesidad de pedir una cita
con el cardenal Ratzinger, a quien la prensa había calificado como
el panzercardinal, atribuyéndole un carácter poco atrayente,
adusto e inflexible.
Tuvo su primer gran sorpresa cuando la cita le fue concedida a la mañana
siguiente; la segunda, cuando el cardenal lo estaba esperando y finalmente,
durante la entrevista, la actitud afable, abierta y colaboradora de quien
es hoy el Papa Benedicto XVI, le permitió cambiar radicalmente
su percepción del prelado, elaborada por los medios de comunicación.
Posiblemente de manera subjetiva por alguien, que sin mayor conocimiento
del cardenal o por una impresión personal percibida en un momento
determinado, le puso una etiqueta que luego muchos aceptaron, tomando
como real un criterio válido sólo para quien lo emitió.
El que un periódico de prestigio acoja en sus páginas las
opiniones de los ciudadanos, es un privilegio de que gozamos los salvadoreños,
gracias a la libertad de prensa. Pero es también una enorme responsabilidad
porque debemos responder a la confianza depositada en nosotros, en nuestras
ideas y en nuestras opiniones, que deben surgir de un conocimiento profundo
del tema que estamos tocando. Tenemos la obligación de investigar,
consultando fuentes fidedignas, lo cual se facilita mucho gracias a la
tecnología, pues hoy la Internet nos permite tener acceso a todos
los temas.
En temas como medicina, le-yes, ingeniería y otras disciplinas,
son expertos los que emiten juicios y opiniones y se respeta su criterio,
aunque no se comparta. Pero cuando se trata de religión, todo mundo
se cree con derecho a opinar, a pontificar y a sentar criterios, llevándose
de encuentro las leyes de Dios y de la Iglesia, aunque su único
conocimiento del tema sea el catecismo de la Prime-ra Comunión.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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