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Parálisis plantea nuevas incógnitas
Limitante. La falta de inmunoglobulina, fármaco empleado para atenuar los efectos de una enfermedad poco conocida, supone un costo adicional al Estado y deteriora la vida de los pacientes
Publicada 19 de noviembre 2005 ,
El Diario de Hoy
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| Ingresado. Víctor Alfredo Ascensio, de dos años, pasó varios meses enfermo en el Hospital Benjamín Boom. Foto EDH |
Yamileth Cáceres/A.Dimas
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Para Víctor Alfredo Ascensio, de dos años, la batalla
contra el Guillian Barré, ese síndrome que su madre apenas
alcanza a pronunciar y él aún no se explica, todavía
no está ganada.
Tres largos meses inmóvil en una cuna del Hospital Bloom llenan
de interrogantes su futuro y el de su familia. De lo primero habla Claudia
de Valencia, neuróloga, y con las estadísticas en la mano
quedan pocas dudas de las secuelas de un niño está dos meses
en Cuidados Intensivos. Y él pasó 94 días con ventilación
asistida.
“El 95 por ciento queda con secuelas para el resto de su vida”,
indica de Valencia, quien puntualiza algunos daños, sobre todo,
en el aparato locomotor.
Del futuro de su familia da fe Blanca Ascensio, su madre. Tardó
una semana en conseguir el dinero, algo más de mil dólares,
para comprar la inmunoglobulina, un medicamento que está en el
cuadro básico, pero que es tan eficaz como escaso en la farmacia
del hospital pediátrico.
El propio director del Bloom, Ulises Iraheta, asegura que el medicamento,
el cual puede revertir los efectos de la enfermedad si se utiliza en los
primeros días, sólo entra “por donaciones”.
En esta coyuntura, a los padres se le presentan dos alternativas: la primera,
comprar el medicamento. La segunda, siempre que lo aconsejen los médicos,
el empleo de la plasmaféresis, un procedimiento de sustitución
del plasma sanguíneo del niño, con la misma eficacia que
el medicamento, pero con una serie de riesgos adicionales.
“Uno dice, si yo viera a mi hijo que está perdiendo fuerza
y que deja de caminar, le pondría inmunoglobulina”, expresa
de Valencia.
Además de las posibles secuelas, Víctor pasó más
de cien días acostado en una cama cuyo costo para el Estado, con
insumos incluidos, supera los mil dólares al día.
Sólo este año, además, se ha incrementado en un 30
por ciento los pacientes con Guillain Barré, y es fácil
que 2005 termine con un récord de cien niños atendidos.
El caso de Víctor no es extraño. De hecho, aún permanecen
ingresados niños que ingresaron en julio y agosto por un mal, tan
extraño en su origen como en su tratamiento.
De Valencia se hace una simple pregunta. “¿Qué vale
más cuatro pacientes en el hospital tres meses o el uso de este
fármaco?”

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