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Haití sigue sumido en el descontento civil

Fechas decisivas. Las elecciones presidenciales y legislativas han sido aplazadas dos veces. Ayer las votaciones fueron fijadas para el 27 de diciembre y el 31 de enero respectivamente.


Publicada 19 de noviembre 2005, El Diario de Hoy

Por la paz. Un grupo de personas protesta en contra de la violencia y del exiliado Jean Bertrand Aristide. Foto The New York Times

The New York Times
Por GINGER THOMPSON
Internacionales
internacionales@elsalvador.com


PUERTO PRÍNCIPE. Veinte meses después de que un violento levantamiento obligó al presidente Jean-Bertrand Aristide a marchar hacia el exilio, el camino hacia nuevas elecciones en la nación más pobre del hemisferio sigue siendo traicionero.

Un aspirante a la presidencia Dumarsais Simeus, descubrió esto a fines de octubre.

Con gran fanfarria, comenzó un mitin de campaña en Solino, un ruinoso vecindario de la capital, plagado por la delincuencia.

Una multitud de personas convirtió las sucias y malolientes calles en una fiesta, cantándole a Simeus y haciendo ondear sus playeras de campaña en el aire como estandartes.

“Simeus, Simeus, eres el que estamos buscando”, coreaban. “Ahora somos libres”.

Los cánticos siguieron la caravana de Simeus durante kilómetros, hasta que llegó al barrio de Bel Air, un bastión de Aristide. Allí, decenas de hombres y mujeres furiosos lanzaron piedras y pedazos de concreto al auto de Simeus, obligándolo a huir. “Ese hombre no ha hecho nunca nada en este país”, gritó Fleurette Pierre entre la turba. “El único que hizo algo por los pobres es Aristide. “Si el mundo no quiere ver sangre en las calles”, agregó, “lo traerán de regreso”.

A pesar de cientos de millones de dólares en asistencia internacional y el despliegue de cerca de 7,000 soldados de paz de la ONU, escenas como esta demuestran que Haití continúa sumido en el descontento civil, dividido entre la elite y un segmento de las masas pobres de la nación que siguen siendo ferozmente leales de Aristide.

Juan Gabriel Valdés, jefe de la misión de la ONU en Haití, indicó que asesinatos y secuestros por parte de pandillas y policías corruptos disminuyeron después que sus tropas actuaron contra las bandas, conocidas como chimeres, y mataron a varios de sus cabecillas, y después de que un nuevo jefe de policía arrestó a 15 agentes por abusos.

No obstante, reconoció que las pandillas siguen operando en las áreas más pobres de la ciudad y que Haití, un país casi sin instituciones en funcionamiento, no está preparado para sostenerse por sus propios medios.

“Si creemos que esta elección será una solución mágica, o es una excusa para que la comunidad internacional se marche de Haití, entonces Haití no está preparado para eso”, subrayó Valdés.

La ONU ha registrado más del 70% de los electores con derecho al voto, según las autoridades locales, pero el Consejo Electoral Provisional del gobierno, aquejado por luchas internas, tardó en confirmar la fecha para la elección: el 27 de diciembre.

Algunos se preguntan abiertamente en este clima polarizado e inseguro si el país está preparado para celebrar elecciones. Y un paseo casi por cualquier vecindario – entre miembros de pandillas, pequeños montes de basura y canales repletos de desperdicios humanos, y casas tan oscuras y deprimentes como cuevas – , hace difícil no preguntarse si los comicios solucionarán los problemas más agobiantes del país.

Personas como Garraud Josef, desempleado durante casi la totalidad de sus 51 años, mantienen la esperanza. El, su esposa y sus cinco hijos viven en Solino, en un atestado laberinto de casas de concreto. Su esposa gana aproximadamente un dólar al día vendiendo arroz que cocina en una parrilla de carbón en el callejón.

No puedan pagar para enviar a alguno de sus hijos a la escuela. Uno de ellos, de 17 años y con un desorden de crecimiento que lo hace parecer de 10 años, permanece en una silla al fondo de la húmeda y oscura casa, meciéndose.

Al preguntársele por qué planea votar, Josef, decididamente respondió: “Después de todas las elecciones, las cosas no han cambiado realmente, Pero nunca se sabe. Tenemos que intentarlo”.

Otro difícil interrogante que enfrenta es por quién votar. Por lo menos 34 personas han declarado su intención de postularse, incluyendo a dos altos funcionarios de anteriores dictaduras, ex colaboradores de Aristide y un ex jefe de policía sospechoso en EE.UU. por tráfico de drogas.

“No me importa lo que digan de mí”, afirmó Guy Philippe, el ex jefe de policía. “Me postulo para servir a mi país, no a la comunidad internacional”.

Aunque la influencia de Aristide en las masas pobres del país se ha debilitado, el llamado “sacerdote de barriada”, quien es acusado de usar pandillas callejeras para reprimir a sus rivales, sigue siendo como una fuerza fantasmal en las elecciones.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




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