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María A. de López Andreu*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
La sexta edición del Encuentro Nacional de la Empresa Privada se tituló: “Iniciativa El Salvador 2024: el país que todos queremos”. De por sí, un tema ambicioso y motivador, presentado con patriotismo y sentido común; con mucha altura, pero también con los pies muy bien plantados en tierra.
Por supuesto, es a economistas, planificadores y expertos a quienes corresponde analizar los diferentes elementos que conforman esa iniciativa. Pero vale la pena comentar los pequeños detalles que a mí, mujer al fin, me hicieron llegar, de manera especial, el mensaje.
Por ejemplo: fue notoria la total congruencia de pensamientos y propuestas que hubo durante todo el evento: desde las palabras inaugurales de la vicepresidenta de ANEP, licenciada Elena María de Alfaro, hasta la conferencia magistral de don José María Aznar, expresidente del gobierno español. La coincidencia de conceptos, principios y valores fue total y absoluta: positivismo y entusiasmo, basados en la confianza de que sí podemos llegar a 2024 siendo un país desarrollado, siempre y cuando hagamos lo necesario para ello. Es decir: trabajo y esfuerzo, constante y permanente.
Aunado a lo anterior, el Presidente de la República nos instó a apreciar y defender la libertad de la que gozamos, recordándonos que sólo en libertad podemos, verdaderamente, crecer como individuos y como nación. Desafortunadamente, cuando vivimos en libertad, tendemos a no apreciarla en su justo valor… y, precisamente, por no apreciarla, “podríamos llegar a perderla”, dijo. ¡Algo que debemos meditar! Especialmente, porque la libertad es una condición imprescindible para tener “el país que todos deseamos”!
Mientras hablaban los diferentes personajes, me fijé en la decoración del salón en que se realizó el ENADE. Detrás de la mesa de honor había un enorme mapa de El Salvador, perfectamente delineado. Toda su superficie estaba cubierta por un mural que representaba una típica actividad de compra-venta, de las que se realizan permanentemente cada día, a cada hora, en cada rincón de nuestro país. De pronto, me di cuenta de que, entre el numeroso grupo humano allí representado, sólo había --a lo lejos-- un hombre: todas las demás, ¡eran mujeres!
Ese detalle me retrató la realidad de nuestro país: aunque en la audiencia del ENADE las mujeres estábamos en minoría, en todos los demás escenarios, en especial en los más necesitados de cambio y desarrollo, las mujeres somos mayoría. Es, pues, a través de nosotras, que tendremos que hacer realidad El Salvador que deseamos.
Porque lo que se necesita es lo que, tradicionalmente, las mujeres --esposas y madres-- hemos hecho a diario: insistir en el orden y la limpieza (para 2024 seremos el país más limpio del área, destacó el licenciado Salvador Sama-yoa); en que cumplamos cada uno con nuestros deberes individuales; en mantener la sanidad económica de la familia, ahorrando y no gastando más de lo que se gana; en que seamos respetuosos, honrados, cumplamos la ley y vivamos dignamente, en base a nuestro propio esfuerzo y trabajo.
Es decir: nada del otro mundo. Sencillamente, lo que el sentido común y los buenos principios nos enseñan: que el buen camino es lento y difícil, pero es el único que nos llevará, finalmente, a un destino mejor.
Pues bien, mujeres: ¡es hora de que la retomemos y enseñemos!
El documento de ENADE 2005 nos explica, con palabras, estadísticas y gráficas, cómo es la Iniciativa El Salvador 2024 y cuál es el país que todos queremos.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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