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Desde Washington
Discute L.A. sobre libre comercio

Los observadores más optimistas creen que el escaso progreso a nivel global podría revivir conversaciones por un acuerdo hemisférico, en vez de los acuerdos fragmentados que se han estado negociando.

Publicada 18 de noviembre 2005, El Diario de Hoy

Marcela Sánchez*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com


En la mañana del 5 de noviembre, ante un salón lleno de líderes del Hemisferio Occidental en la cuarta Cumbre de las Américas, el Presidente venezolano Hugo Chávez aprovechó una ruptura en el protocolo para ridiculizar a Estados Unidos y al libre comercio, en presencia del Presidente Bush. Chávez dijo que los planes de libre comercio para las Amé-ricas impulsados por Washington eran veneno y cualquier expansión de ese fallido modelo debía enterrarse de una vez por todas.

Chávez probablemente pensó que muchos de los otros 32 líderes presentes respaldarían su diatriba. De ser así, se equivocó. El Primer Ministro canadiense Paul Martín, el Presidente mexicano Vicente Fox, el Presidente chileno Ricardo Lagos, varios líderes centroamericanos y un representante del Caribe hicieron una enérgica defensa del libre comercio. Chávez rebatió, asegurando que el imperialismo estadounidense era la causa de la pobreza en la región. El Presidente peruano Alejandro Toledo rechazó las críticas de Chávez por anticuadas y, según algunos de los presentes, agregó con dureza: “Hugo, cuando quieras hablar de pobreza búscame a mi porque yo la conozco”.

La administración Bush advierte en ese intercambio improvisado una reivindicación del libre comercio, pieza central de su política hacia la región. Thomas A. Shannon, el nuevo jefe de la diplomacia estadounidense para el hemisferio, dijo en una entrevista la semana pasada que con excepción de Venezuela, “todos los otros países estaban preparados para reconocer que sin comercio… esta región no va a poder generar (crecimiento económico) y tener algún nivel de prosperidad”.

Una reivindicación, tal vez. Una revelación, realmente no. Cualquiera que siga a Latinoamérica de cerca sabe que la mayoría de sus líderes quiere un comercio más libre. Y mientras algunos se aprovechen por lo pronto de la ayuda de Chávez principalmente en petróleo barato, saben que a largo plazo su prosperidad va a depender de una estrecha relación con Estados Unidos.

Pero aquellos que esperan la expansión del libre comercio en un futuro cercano, están por llevarse una desilusión. Dentro del ánimo de hablar francamente sobre comercio, funcionarios de la administración Bush debieran admitir que el cargado ambiente político de Washington está desinflando el entusiasmo de esta ciudad ante el libre comercio.

Después de una airada batalla por la ratificación del tratado comercial con Centroamérica y República Dominicana este verano, pocos promotores del libre comercio en esta ciudad esperan que el Congreso ratifique otro acuerdo antes de finalizar el 2006, año electoral en este país.

Eso quiere decir que Colombia, Ecuador, Perú y Panamá, que han estado tratando de concluir negociaciones para un tratado de libre comercio, probablemente no verán sus acuerdos aprobados en el Congreso hasta comienzos del 2007. E incluso entonces, podrían enfrentar una dura batalla si las elecciones producen un Congreso más proteccionista.

Entre tanto, incluso los países más cautelosos ante el libre comercio --Argentina, Brasil, Pa-raguay y Uruguay-- han dicho que avanzarán con Estados Unidos si ciertas condiciones se cumplen en las negociaciones comerciales a nivel global en Hong Kong el próximo mes. A ellos también, sin embargo, les aguarda una larga espera. La mayoría de expertos no anticipan ningún progreso substancial en Hong Kong, sobre todo por el crónico desinterés de Europa en reducir protecciones a sus agricultores, que darían mejores oportunidades competitivas a los agricultores de países en desarrollo.

Los observadores más optimistas creen que el escaso progreso a nivel global podría revivir conversaciones por un acuerdo hemisférico, en vez de los acuerdos fragmentados que se han estado negociando. Si de hecho Europa no presenta una propuesta satisfactoria, podría haber una oportunidad para las Américas, lideradas por Estados Unidos y Brasil, para encontrar una forma creativa de integrar al hemisferio.

Una de esas posiciones tal vez sea demasiado simplista y alarmista, mientras que la otra tal vez se haga demasiadas ilusiones. En cualquier caso, después de la Cumbre de las Américas, los hechos debieran evidenciar que América Latina está buscando más libre comercio y que Washington, a pesar de si misma, podría interponerse en su camino.

*Columnista del Washington Post.

 

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