| Marcela
Sánchez*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
En la mañana del 5 de noviembre, ante un salón lleno de
líderes del Hemisferio Occidental en la cuarta Cumbre de las Américas,
el Presidente venezolano Hugo Chávez aprovechó una ruptura
en el protocolo para ridiculizar a Estados Unidos y al libre comercio,
en presencia del Presidente Bush. Chávez dijo que los planes de
libre comercio para las Amé-ricas impulsados por Washington eran
veneno y cualquier expansión de ese fallido modelo debía
enterrarse de una vez por todas.
Chávez probablemente pensó que muchos de los otros 32 líderes
presentes respaldarían su diatriba. De ser así, se equivocó.
El Primer Ministro canadiense Paul Martín, el Presidente mexicano
Vicente Fox, el Presidente chileno Ricardo Lagos, varios líderes
centroamericanos y un representante del Caribe hicieron una enérgica
defensa del libre comercio. Chávez rebatió, asegurando que
el imperialismo estadounidense era la causa de la pobreza en la región.
El Presidente peruano Alejandro Toledo rechazó las críticas
de Chávez por anticuadas y, según algunos de los presentes,
agregó con dureza: “Hugo, cuando quieras hablar de pobreza
búscame a mi porque yo la conozco”.
La administración Bush advierte en ese intercambio improvisado
una reivindicación del libre comercio, pieza central de su política
hacia la región. Thomas A. Shannon, el nuevo jefe de la diplomacia
estadounidense para el hemisferio, dijo en una entrevista la semana pasada
que con excepción de Venezuela, “todos los otros países
estaban preparados para reconocer que sin comercio… esta región
no va a poder generar (crecimiento económico) y tener algún
nivel de prosperidad”.
Una reivindicación, tal vez. Una revelación, realmente no.
Cualquiera que siga a Latinoamérica de cerca sabe que la mayoría
de sus líderes quiere un comercio más libre. Y mientras
algunos se aprovechen por lo pronto de la ayuda de Chávez principalmente
en petróleo barato, saben que a largo plazo su prosperidad va a
depender de una estrecha relación con Estados Unidos.
Pero aquellos que esperan la expansión del libre comercio en un
futuro cercano, están por llevarse una desilusión. Dentro
del ánimo de hablar francamente sobre comercio, funcionarios de
la administración Bush debieran admitir que el cargado ambiente
político de Washington está desinflando el entusiasmo de
esta ciudad ante el libre comercio.
Después de una airada batalla por la ratificación del tratado
comercial con Centroamérica y República Dominicana este
verano, pocos promotores del libre comercio en esta ciudad esperan que
el Congreso ratifique otro acuerdo antes de finalizar el 2006, año
electoral en este país.
Eso quiere decir que Colombia, Ecuador, Perú y Panamá, que
han estado tratando de concluir negociaciones para un tratado de libre
comercio, probablemente no verán sus acuerdos aprobados en el Congreso
hasta comienzos del 2007. E incluso entonces, podrían enfrentar
una dura batalla si las elecciones producen un Congreso más proteccionista.
Entre tanto, incluso los países más cautelosos ante el libre
comercio --Argentina, Brasil, Pa-raguay y Uruguay-- han dicho que avanzarán
con Estados Unidos si ciertas condiciones se cumplen en las negociaciones
comerciales a nivel global en Hong Kong el próximo mes. A ellos
también, sin embargo, les aguarda una larga espera. La mayoría
de expertos no anticipan ningún progreso substancial en Hong Kong,
sobre todo por el crónico desinterés de Europa en reducir
protecciones a sus agricultores, que darían mejores oportunidades
competitivas a los agricultores de países en desarrollo.
Los observadores más optimistas creen que el escaso progreso a
nivel global podría revivir conversaciones por un acuerdo hemisférico,
en vez de los acuerdos fragmentados que se han estado negociando. Si de
hecho Europa no presenta una propuesta satisfactoria, podría haber
una oportunidad para las Américas, lideradas por Estados Unidos
y Brasil, para encontrar una forma creativa de integrar al hemisferio.
Una de esas posiciones tal vez sea demasiado simplista y alarmista, mientras
que la otra tal vez se haga demasiadas ilusiones. En cualquier caso, después
de la Cumbre de las Américas, los hechos debieran evidenciar que
América Latina está buscando más libre comercio y
que Washington, a pesar de si misma, podría interponerse en su
camino.
*Columnista del Washington Post.
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