| Manuel
Hinds*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
En la semana pasada hubo tres eventos que vienen muy al punto en la discusión
del desarrollo futuro del país. El primero fue el discurso del
ex-presidente Aznar durante el sexto ENADE. El segundo fue el ENADE mismo.
El tercero fue la divulgación de los resultados de la PAES, la
prueba que mide el aprendizaje y las aptitudes de los egresados de educación
media.
El discurso de Aznar reconfirmó lo que ya deberíamos saber
todos: que el desarrollo económico no se logra con promesas populistas
sino con trabajo duro dentro de una institucionalidad basada en la democracia
y el mercado libre.
En lo que concierne a la economía, el ex-mandatario enfatizó
repetidamente que el progreso no se logra con intervenciones estatales
sino con liberalización económica, apertura de mercados
y estabilidad monetaria.
En lo que concierne al desarrollo entendido en un sentido más amplio,
sus recomendaciones se centraron en el desarrollo institucional, que asegura
el imperio de la ley independientemente de las personas que laboran en
cualquiera de los poderes del Estado.
Hablando de este tema, Aznar hizo ver la enorme diferencia que existe
entre países institucionalizados, que tienen paz social, gobernabilidad
y progreso económico, y los países que basan sus gobiernos
en anticuados caudillos que esconden su naturaleza tiránica con
aspavientos populistas, tales como los regímenes cubano y venezolano
en estos tiempos. Como dijo Aznar, estos países viven en una continua
inestabilidad política y social, resultado del divisionismo profundo
que prevalece en sus sociedades.
En realidad, este divisionismo es el que fomentan y aprovechan los tiranos
populistas. Como he notado en artículos anteriores, los tiranos
nacen, crecen y se perpetúan basados en el conflicto social, en
la incapacidad de los pueblos de manejarse en libertad.
Un tirano puede permitir cualquier cosa menos que los ciudadanos desarrollen
solidaridad y aprendan a resolver conflictos y tomar decisiones en libertad.
Una de las características de las sociedades que caen en las tiranías
es que en ellas prevalece la idea de que el Gobierno tiene que hacer todo,
lo cual genera de inmediato una cultura de dependencia del Gobierno y
de clientelismo político. Como Aznar enfatizó claramente,
este tipo de sociedades no conducen al progreso.
El segundo evento importante fue el ENADE mismo y el espíritu que
parece impulsar sus recomendaciones. Aunque todavía no he visto
el documento emitido en el evento, tengo la impresión de que el
ejercicio que lo ha producido tiene características muy positivas.
Primero, se enfoca en resolver los problemas fundamentales del país,
la remoción de los obstáculos físicos que mantienen
aisladas de los beneficios de la sociedad moderna a porciones importantes
de nuestra población.
De acuerdo con miembros de la Comisión Nacional de Desarrollo esto
resultaría en mejorar nuestra posición en el índice
de desarrollo humano de la 116 a la 80, un salto de casi 50 puestos en
nuestra capacidad de generar riqueza y bienestar social. Segundo, como
las declaraciones de la presidenta de la Cámara de Comercio lo
han expresado claramente, ANEP está consciente de que el logro
de un objetivo nacional como éste requiere de la cooperación
de todos los sectores de la vida nacional.
El hecho mismo que ANEP haya hecho suyos objetivos que la Comisión
Nacional de Desarrollo planteó hace algún tiempo es una
manifestación de ese espíritu de cooperación que
hace que las sociedades puedan manejarse en libertad.
Este trabajo en conjunto es la base de la institucionalidad y, a través
de ella, construye las fundaciones de una sociedad horizontal. Siendo
social en su origen, la propuesta de ENADE enfoca también los obstáculos
más grandes que el país enfrenta en su proceso de desarrollo:
la necesidad de desarrollar nuestro capital humano, generando una sociedad
cohesiva y orientada al progreso. Ojalá que la sociedad entera
se vuelque a lograr los objetivos planteados en ENADE.
El tercer evento fue la publicación de los resultados de la prueba
de la PAES, un evento que es positivo a pesar de las bajas calificaciones
que nuestros graduados de educación media obtuvieron en ella. Es
positivo porque al ser una medida de la realidad permite evaluar nuestra
situación, discutirla de una manera realista y pragmática
y hacer planes para mejorarla.
Estos resultados, que discutiré con más detalle en próximo
artículo, muestran una de nuestras serias debilidades en el logro
de un desarrollo integral del país: el pobre rendimiento de nuestro
sistema educativo.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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