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Balance. El examen dejó dudas en Matemática y Lenguaje; no así en Ciencias y Sociales, donde se mejoró el suficiente. Foto EDH |
Susana Joma/J.R.
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Apenas el 20 por ciento de los 1,200 estudiantes de centros públicos
y privados de Morazán obtuvo una nota por encima de 5,04, el valor
promedio de la Paes 2005.
El resultado, hasta cierto punto sorprendente, no es producto de la casualidad. En el resto de departamentos -excepto San Salvador, Santa Ana, La Libertad y Cuscatlán-, la realidad es similar. Menos de un tercio de los estudiantes examinados puede presumir de sacar una calificación por encima del promedio, de por si bajo según los especialistas consultados en los días anteriores.
Obviamente no resulta extraño que entre los 40 mejores alumnos de la prueba, entre centros públicos y privados, apenas una joven de Cabañas y tres alumnos de La Paz aparezcan en este mapa que dibuja la Paes.
Los recursos económicos de la familia, la formación de los docentes y, obviamente, la preparación de los escolares definen de alguna manera el conocimiento de los alumnos, tal y como apuntaron en días pasados pedagogos como Óscar Picardo, del Colegio García Flamenco.
Tomando en cuenta estas consideraciones, la diferencia en el sistema de enseñanza son tales que la nota más alta de los 2,265 alumnos de Ahuachapán, por ejemplo, fue de 8.31. Se trata de Jacqueline Ivette, alumna del Colegio Monte Carmelo.
Esa calificación es inferior al promedio de colegios como el Champagnat, Liceo Salvadoreño o Externado San José.
Si la calidad en la enseñanza queda en entredicho a la luz de los resultados de la Paes, el aspecto de la cobertura escolar es, para muchos directores, otra necesidad en un país donde apenas uno de cada cuatro jóvenes en esa edad cursa bachillerato.
Raúl Navarrete, director del Instituto Nacional de Ciudad Obrera, en Apopa, considera que debe haber de parte de las autoridades una mayor actitud para satisfacer la creciente demanda de estudiantes que año con año tocan las puertas de la institución.
“Estamos recibiendo entre 300 y 400 alumnos nuevos cada año, pero siempre quedan otra cantidad similar que no tenemos capacidad de absorber”, puntualizó el funcionario.
Para estos muchachos, sólo hay dos caminos: el ingreso a un colegio, siempre y cuando los ingresos familiares lo permiten, ó la búsqueda de otra alternativa fuera del sistema educativo.
El problema es general y se acentúa en los centros de los municipios de la zona del gran San Salvador. El discurso de Narda de Marín, directora del Instituto Nacional Simón Bolivar, en Santo Tomás, no varía del de su colega. “En el instituto hay gente a la que tenemos que decirle que no hay cupo porque no tenemos más aulas ni maestros”, puntualizó de Marín.

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