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Tengo la camisa negra
Decidí escribir pues, sobre Juanes, porque me remite a un país que me conmueve, pero sobre todo con lo mejor que tiene: García Márquez, Botero, Alfredo Gutiérrez, Rafael Pombo y sus inmensas ganas de vivir en medio de la tragedia
Publicada 17 de noviembre 2005, El Diario de
Hoy
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| Marvin Galeas*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Juanes, el cantante colombiano de moda, parece un cristo de barrio de Medellín o mejor dicho Medallo, como dicen por allá. Lo vi en la conferencia informativa que ofreció antes de uno de los conciertos de mayor convocatoria de los muchos que se han realizado en el país en los últimos meses. A la conferencia fui por pura casualidad, como por casualidad había escuchado la música de Juanes.
Y es que resulta, que oír música se ha vuelto una batalla campal cuando voy con toda la familia en el carro. Antes era fácil. Yo ponía las noticias o el deporte o escuchaba mi música favorita: rock de los años setenta y ochenta, o algo de salsa clásica de Héctor Lavoe, Celia Cruz o Fania All Star. Nadie rechistaba. Pero tengo que rendirme al hecho que mis hijas han crecido, que tienen sus propios gustos, y que están muy poco dispuestas a negociarlos a la hora de los viajes.
Cada vez es menos, por no decir casi nulo, el tiempo para escuchar en la radio del carro las viejas y buenas baladas de Peter Cetera, Los Bee Gees, Roberta Flack o Paul Simon. Poco a poco fueron suplantados por los extraños acordes de Daddy Yanqui, Simple Plant, Shakira, Alejandro Sanz y Juanes. Esa música que, además de hacer muy poca sintonía con mis gustos populares, me recuerdan con crueldad, el mucho tiempo que ha pasado desde que uno tarareaba con las amigas las canciones de Neil Diamond, quien para mis hijas es poco menos que un abuelo desconocido.
Pero de tanto oírla, esa canción de La Camisa Negra, de Juanes, me empezó a hacer tamborilear los dedos en el volante mientras la escuchaba, a mover los pies y luego a cantarla, en el mejor lugar para hacerlo sin pasar vergüenzas: la ducha. ¿Qué demonios tenía esa canción, tan barriobajera, para comenzar a gustarme tanto?
¿Por qué conectaba conmigo? No podía ser la letra, claro está.
Nada que tenga rimas como “hoy sé que tú ya no me quieres y eso es lo que me hiere”, ha logrado conmoverme jamás. No era la letra, no. Era la música y el sentimiento del canto. Precisamente esa mezcla de vallenato, rock, pop y pulum pulum cantado con sentimiento de cantina de barrio, es lo que me mueve el tapete. A ver, lo explico: me encantan desde siempre los vallenatos y las cumbias, ese canto del alma colombiana en las voces de Emiliano Zuleta y Alfredo Gutiérrez, pero también el rock y el pop, y en los años de la vida loca de la adolescencia oí más de alguna canción en alguna vieja rocola de cantina de pueblo o de barrio.
Pero también caminé por las calles de Bogotá, justamente el año cuando Pablo Escobar tenía arrodillado al gobierno y no se podía estacionar uno en cualquier lado por temor a los coches bombas. Y platiqué con los colombianos. Con ese su hablar tan pegajoso, me contaban historias terribles del sangrerío que es ese país desde que mataron a Jorge Eliécer Gaytán hace años, o quizá desde antes. Pero en medio de eso es una maravilla oírlos decir que “la vida es una vaina paisa, pero hay que darle gracias a Dios por ella y ser feliz”.
Y también he visto películas como la Virgen de los Sicarios, tan sórdida como la vida misma y María Llena Eres Gracia, tan bien hecha, tan colombiana la historia. He leído casi toda la obra de García Márquez y la biografía de Pablo Escobar y los reportajes de una guerrilla que es una banda de forajidos con una insaciable sed de sangre y ganas de joder. Entonces caí en la cuenta que es con todo eso que me conecta La Camisa Ne-gra de Juanes. Con Colombia, pues.
En estos días que por aquí estuvo Juanes, también estuvieron uno de los líderes políticos que más admiro, José María Aznar y la actriz que es propietaria de los ojos más bellos de Hollywood, Ashley Judd. Al ex presidente español ya lo conocía, lo entrevisté hace años en la Moncloa y hasta le tomé una foto junto a Julio Rank, cuando ambos cubríamos como periodistas la cumbre Iberoamerica-na de Lima.
Decidí escribir, pues, sobre Juanes, porque me remite a un país que me conmueve, pero sobre todo con lo mejor que tiene: García Márquez, Botero, Alfredo Gutiérrez, El “Pibe” Valderrama, Rafael Pombo y sus inmensas ganas de vivir en medio de la tragedia.
*Columnista de El Diario de Hoy. marvingaleas@cinco.com.sv
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