elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

El otro fantasma
El “genio maligno” de la historia

Me parece inexcusable ignorar El Capital si se quiere entender los problemas sociales, económicos y políticos de la época. A pesar de que el mamotreto económico ha sido deshonrado por la praxis.

Publicada 16 de noviembre 2005, El Diario de Hoy

Carlos Sandoval*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com


“Después de la caída del Muro de Berlín en 1989 y de la desintegración de la URSS y de las democracias populares del este en 1991, parecía obvia la muerte ---con más descrédito que gloria--- del marxismo.

Parecía también que el socialismo real ---creado en la mente de Carlos Marx--- había cavado su propia sepultura al fracasar como sistema de organización y forma de Estado. Lo contrario, irónicamente, de lo que había pronosticado Marx al decir que el capitalismo tenía sus días contados de acuerdo a las leyes dialécticas de la historia.

Ahora, en cambio, me parece inexcusable ignorar El Capital si se quiere entender los problemas sociales, económicos y políticos de la época. A pesar de que el mamotreto económico ha sido deshonrado por la praxis ---el criterio de verdad del materialismo dialéctico---, y de que la utopía comunista ha quedado congelada en el refrigerador de la historia, no deja de ser sorprendente que el marxismo todavía corra a todo galope el mundo, dejando polvos de convulsiones y odio. No se trata de suposiciones, sino de hechos.

El fenómeno es inquietante y llamativo porque pareciera que hay un “genio maligno” tratando de pervertir el desarrollo lógico de la historia. No es un juego o fantasía superflua, sino una manera radical de plantear el problema gnoseológico de la relación entre la conciencia y la realidad o de la posibilidad de la historia como ciencia, de la misma manera que lo hizo Descartes en el Siglo XVII, con la duda metódica para explicar la situación real, histórica de su época. ¿Debo de creer yo en las leyes del materialismo histórico cuando la praxis no las ha avalado? ¿No es sensato que dude de los paraísos terrenales cuando la realidad ha puesto en evidencia los gulag , el atraso y la miseria?

Antes del colapso del materialismo histórico, la alternativa comunista parecía apetitosa y plausible; pero ahora ya no, pues ha dejado al descubierto su rostro monstruoso y crapuloso. No hay un solo partido, en la actualidad, que ofrezca el sistema comunista como lo hizo Marx en el Siglo XIX. Tampoco hay alguien, hasta el momento, que se haya propuesto escribir la segunda parte de El Manifiesto Comunista o redacte El Nuevo Capital. Sería una ingenuidad o una locura. El modelo económico socialista ya no es ningún atractivo ni para los países subdesarrollados ni, mucho menos, para los desarrollados.

Por otra parte, si la realidad es cambiante, ¿por qué no van a cambiar las ideas? El propio Marx escribió, en El Manifiesto Comunista, que las transformaciones sociales traen aparejadas las transformaciones de las ideas. O dicho de otra manera: la aniquilación de las antiguas condiciones de vida arrastra consigo, irremediablemente, la aniquilación de las antiguas ideas.

¿Por qué entonces las ideas del Siglo XIX pueden seguir vigentes en el Siglo XXI, cuando las condiciones sociales, económicas y políticas son sustancialmente distintas? La teoría marxista se elaboró para explicar la crisis del capitalismo del Siglo XIX. Y si la misma teoría se quiere que siga siendo válida en el Siglo XXI, significaría que existe la verdad eterna, en contra de lo que sostenía el propio Marx, bajo la influencia decisiva de Hegel.

Para desenredar esos dos mundos de la apariencia y de lo real, está la ciencia y la filosofía. Ignacio Ellacuría expuso, en el artículo titulado: “Filosofía, ¿para qué?”, inspirado parcialmente en Marx, que si la realidad se hiciera patente, no habría necesidad ni de la especulación filosófica ni de la experimentación científica. No se investiga y se hace ciencia gratuitamente, sino porque la realidad se oculta. A través de la filosofía quiere “develar el ser”, quitarle el velo a la realidad para que surja la verdad, según Heidegger; pues el hombre no puede vivir en el mundo de las apariencias, sino que aspira a vivir con seguridad y certeza. La verdad es consustancial a la existencia humana. Y si le teme a la verdad, como los prisioneros de la caverna de Platón, es porque el sistema lo ha troquelado.

Además, me parece también curioso que, a pesar de la vejez de la doctrina marxiana, no haya surgido todavía una corriente neomarxista para tratar de revivirla, como ha sucedido en la historia del pensamiento. Al caducar el realismo de Aristóteles en la antigüedad, surge posteriormente el neoaristotelismo; al envejecer el idealismo de Descartes en el Renacimiento, aflora el neocartesianismo y al colapsar la filosofía de Hegel en la Edad Moderna, aparece el neohegelianismo. Sólo Marx se ha quedado sin herederos.

No obstante, pues, que la doctrina marxista está desacreditada, la gente anhela, con atolondrada candidez, un paraíso terrenal. ¿No será que un “genio maligno” anda galopando para destruir las democracias liberales y hacernos volver a los estados megalómanos y totalitarios?

*Colaborador de El Diario de Hoy. carlossb48@latinmail.com

 

elsalvador.com WWW