|
La Nota del Día
Cientos marcharon por una agresión
“¿A qué viene celebrar
una carnicería? La respuesta es clara: los comunistas no han renunciado
a la violencia, sueñan con la toma por la fuerza del poder, se mantienen
en su afán de imponer “el socialismo”.
Publicada 16 de noviembre 2005, El Diario de Hoy
|
|
El
Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Un enorme atasco del tráfico capitalino fue causado por la marcha
efemelenista del viernes 11, para conmemorar “la ofensiva final”,
vergonzoso episodio de nuestra historia reciente que dejó muchas
víctimas antes de fracasar estrepitosamente.
La ofensiva se lanzó en medio de negociaciones de paz, cuando en
teoría los terroristas buscaban una “solución negociada
al conflicto”.
Nunca hubo una verdadera intención de renunciar a la violencia
y la toma del poder. Si se sentaron a la mesa en Costa Rica fue para ganar
tiempo y preparar el golpe por la espalda; la guerrilla había sido
derrotada y lo que las mantenía vivas eran las negociaciones forzadas
por el grupo de países “amigos del Secretario General de
las Naciones Unidas”. Se hizo un último intento sin importar
los muertos, la destrucción y el desquiciamiento que ello causaría.
El primordial objetivo de la ofensiva era tomar el aeropuerto de Ilopango,
para recibir allí contingentes armados de Nicaragua. Varias columnas
de sediciosos se infiltraron en los alrededores del aeropuerto, mientras
otros bandoleros bajaban de la montaña y ocuparon posiciones en
las partes altas de la ciudad de San Salvador.
Pero el plan falló por la tenaz y heroica resistencia de la tropa,
los jefes y los oficiales del cuerpo aéreo, que lograron repeler
el ataque comunista. De no haber sido por eso, la fuerza aérea
sandinista habría movilizado a San Salvador a miles de guerrilleros,
comandos sandinistas y mercenarios que esperaban en Nicaragua el momento
para agredir a El Salvador.
Otra de las causas de la derrota de las bandas fue el repudio de los ciudadanos,
que de inmediato se encerraron en sus casas dejándolos en las calles,
las cuales patrullas del ejército limpiaron en las horas siguientes.
Como en 1980, los guerrilleros recorrieron las barriadas de San Salvador
en vehículos cargados con armas, ofreciéndoselas a la gente
para que se sumara a la “rebelión general”, pero ésta
los rechazó.
Prédica del odio, lavados de cerebro
¿A qué viene celebrar una carnicería? La respuesta
es clara: los comunistas no han renunciado a la violencia, sueñan
con la toma por la fuerza del poder, se mantienen en su afán de
imponer “el socialismo” y son indiferentes al sufrimiento
y las vidas de otros, incluyendo las de sus propios secuaces. Lo que debería
avergonzarles hasta la médula es motivo de orgullo, aun cuando
fracasaron.
Que nadie lo dude: de presentarse la oportunidad, harían lo mismo.
Actuarían igual porque se burlan de los principios, leyes, tradiciones
y normas en las que se fundamenta la Civilización Occidental. Si
fueran “democráticos” (de manera permanente se llenan
la boca con la palabra) ellos mismos habrían renunciado a su fracasada
ideología, pidiendo perdón al país por las fechorías
y la mortandad causada en esa ofensiva y a lo largo de la sangrienta guerra
de los doce años.
Pero siguen sin cambio. En la marcha del viernes destruyeron una cabina
telefónica, emporcaron paredes con sus mismos trillados eslóganes
---iguales desde hace ochenta años--- y bloquearon el tráfico,
afectando a transeúntes, comerciantes, estudiantes y población
en general.
El comunismo no es una ideología sino una religión satánica
que lleva a sus adeptos a cometer los peores excesos y crímenes
en su afán por hacerse con el poder. Los comunistas reclutan adeptos
predicándoles el odio, lavándoles el cerebro, manteniéndolos
en el corral por miedo y purgando a los disidentes.

|