MAURA HOGAN
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ESTADOS UNIDOS. Bajo un elaborado estrado con flores blancas, los futuros Melanie y Peter Goldstein permanecían serenamente de pie en medio de afectuosos asistentes a su boda.
Los asistentes vestidos con esmoquin y las damas de honor que sostenían ramos de flores de tulipanes franceses rosas y púrpuras aguardaban, mientras la novia, en un vestido de encaje con los hombros descubiertos, miraba a su futuro marido.
Un silencioso salón de recepción del hotel repleto de amigos bien vestidos y parientes observaba la ceremonia.
Sin embargo, cuando el rabino comenzó a hablarle a la pareja, un fuerte ruido lo hizo detenerse. El novio y la novia voltearon la vista, desconcertados y preocupados, y la ceremonia quedó en suspenso mientras varios médicos se apresuraban a rescatar a una dama de honor que se desplomaba.
"No me sentí feliz", reconoció Melanie Goldstein al ser consultada más tarde acerca de la interrupción.
"Nunca entendí lo que ocurrió realmente con ella".
La causa del ataque, según se determinó posteriormente, pareció ser un coctel de analgésicos y champaña ingerido antes de la procesión, en la suite nupcial. Después de desmayarse, la dama de honor huyó del lugar y no ha vuelto a comunicarse con la novia desde entonces.
A últimas fechas, se ha hablado mucho del invitado que echa a perder una boda, el llamado intruso que, en la reciente película del mismo nombre, conmociona las bodas hasta causar un final en ocasiones calamitoso. Pero, con frecuencia, son los invitados quienes causan el mayor daño.
Como las reuniones de antiguos compañeros de secundaria y las fiestas de 50 cumpleaños, las bodas son actos que hacen que las personas se sientan expuestas y vulnerables, según gente que trabaja en el negocio de las bodas.
Y con su mezcla de laboratorio parientes lejanos, viejos amigos, ex novios y bares abiertos, con frecuencia constituyen tóxicos platos de cultivos para el resentimiento, el ajuste de cuentas y el deseo de superar a los otros.
Para las novias y los novios que pasaron meses planeando su boda, esto no suele ser nada agradable.
"En oposición a, ¡oh, ¿no se veía hermosa Melanie?!, los comentarios eran, ¿escuchaste ese ruido?", aseguró Lauren Goldstein, hermana del novio y dama de honor en la boda junto a la dama desmayada. "No es como si tuviera 21 años", agregó mordazmente. "Tenía más de 30 años".
Un testigo fiel
Y el licor, desde luego, tuvo un papel importante. Fred Cenno, quien durante 11 años trabajó como capitán de eventos de un salón de banquetes, dijo que ha atestiguado muchos dramas propiciados por el alcohol.
Recordó un evento en el que las madres de los novios "se atiborraron durante la hora del coctel" y se enfrentaron a gritos unos minutos antes de ser presentadas públicamente a los invitados. "Las escuché primero en el vestíbulo y acudí y vi a las nuevas parientes políticas gritando todos los insultos imaginables", explicó, y agregó que la novia se encontraba en la habitación nupcial, histérica por la riña, que podía escucharse en todo el salón, mientras que el novio actuaba como árbitro entre su padre, su madre y su suegro.
Finalmente, la boda continuó, pero la tensión inicial probó ser imborrable. "Todos esperaban a ver si se reanudaba la pelea", recuerda Cenno. Esta no ha sido la única riña a la que ha sobrevivido. En otra ceremonia, recuerda que se desató una gresca entre varios invitados, cuya causa sigue siendo un misterio para él. En un intento por detener el combate, las damas de honor comenzaron a golpear a los combatientes con sus ramos.
Amitai Etzioni, un editor de "Somos lo que Celebramos: Entendiendo las Festividades y los Rituales", atribuyó algunas de estas travesuras a la larga duración de los eventos y da un consejo: Selecciona a personas cercanas a ti, para que estén preparadas a intervenir cuando de problemas el tío fulanito, quien tiene problemas con la bebida.

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