| Rodolfo
Chang Peña*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
En época de post huracanes, erupciones y el alto precio de la gasolina,
no ha extrañado escuchar que el gran país del norte piensa
endurecer la aplicación de las leyes de inmigración, fortalecer
los controles fronterizos con varios miles de nuevos patrulleros y agentes
y ampliar el uso de la alta tecnología, como los aviones robots,
para impedir la entrada de ilegales.
Tampoco asusta que los volúmenes de deportados ya de suyo altos,
se incrementarán todavía más. En estos tiempos de
calamidad y desconcierto ¿qué más castigos tienen
que soportar los ciudadanos salvadoreños?
¿Acaso no son suficientes la inseguridad pública (doce o
más homicidios diarios), inseguridad en carreteras (un centenar
de fallecidos mensuales), dengue clásico y hemorrágico,
que llegan puntuales a la cita todos los años, Sida que llegó
para quedarse y crecer y todavía un calamitoso y contaminante transporte
público?
Aún con todo, si examinamos los hechos con objetividad veremos
que las cosas no son del todo malas para los salvadoreños sin papeles,
que residen en Estados Unidos.
Un par de sencillas interrogantes son suficientes para descorrer el velo:
¿Qué pasaría si en un momento dado todos los inmigrantes
regresaran a El Salvador? ¿En ese caso quiénes harían
el trabajo que en la actualidad desempeñan nuestros compatriotas?
Como la simbiosis (porque el beneficio es recíproco) conformada
por el residente ilegal con la sociedad estadounidense se ha tejido y
consolidado, a través de muchos años, es evidente que se
produciría un enorme impacto, para unos como para otros, por cierto
muy complejo de abordar y todavía más difícil de
solucionar.
Consecuentemente no quedan otras opciones que las salidas conservadoras
de mediano y largo plazo, que busquen modificar el estatus quo con acciones
limitadas y graduales, que distorsionen al mínimo el quehacer cotidiano
de la comunidad estadounidense, además de no empañar las
relaciones del coloso del norte con sus amigos del sur.
Es interesante señalar que cuando las empresas del norte pagan
su salario a los trabajadores, cualesquiera que sea el estatus migratorio
de estos últimos, siempre les aplican los descuentos correspondientes.
Ahora bien, como carecen de "Social security", y no declaran
renta como lo hacen los ciudadanos comunes y corrientes, los compatriotas
se ven impedidos de reclamar reintegros y devoluciones, consecuentemente,
a la larga pagan al Estado mucho más de lo que debieran pagar.
Desde otro punto de vista, en la medida que el tiempo transcurre, el inmigrante
absorbe a grandes tragos la cultura consumista del entorno y como tiene
capacidad de pago, en poco tiempo adquiere muchos artículos para
su propio uso o para enviarlos al terruño, contribuyendo de esa
manera con la prosperidad de las empresas y economía norteamericanas.
No creo que Estados Unidos esté realmente interesado en perseguir,
capturar y deportar a los sin papeles y peor aún procedentes de
un país amigo como El Salvador. Al respecto no es un secreto que
el país más poderoso del mundo no necesita de grandes investigaciones
policíacas o complicadas actividades de inteligencia, para ubicar
a todos estos seres humanos.
En la misma forma como los desocupados criollos acostumbran permanecer
en grupos en el Parque Libertad, esperando ser contratados, también
lo hacen en determinados sitios de las grandes ciudades estadounidenses,
a la vista de las autoridades y del público. Nada más fácil
que apresar esos grupos y enviarlos de regreso a su país, hecho
que en la práctica no ocurre.
Más simple todavía, las autoridades de inmigración
conocen que un alto porcentaje de obreros en determinadas fábricas
o empresas se compone de personas en situación ilegal y sin embarco
no realizan capturas masivas, excepto en determinadas circunstancias.
En el caso de una supuesta redada ocurrida recientemente en Nueva York,
en realidad los agentes perseguían a un delincuente en particular
y al penetrar en la vivienda donde intentó ocultarse, se encontraron
con que todos los residentes eran indocumentados.
Los hechos anteriores son concordantes en cierta forma con la respuesta
que dio el Presidente Bush al Presidente Saca hace pocos días en
la Cumbre de las Américas, en Mar del Plata, Argentina, en ocasión
se solicitarle prórroga del TPS, dijo Bush: "Posible-mente
dentro de algún tiempo, los salvadoreños no tendrán
que pedir más prórrogas si se aprueban una serie de reformas
más ambiciosas que los protegerán, para acabar de una vez
por todas con estos problemas". Estas palabras fueron el preámbulo
de importantes compromisos que se dieron posteriormente entre ambos mandatarios.
* Dr. en Medicina y Columnista de El Diario de Hoy.
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