| Luis
Fernádez Cuervo*
El Diario de
Hoy
editorial@ elsalvador.com
(Segunda parte)
Comencemos por lo más positivo de esta plaga mundial y terrible
del Sida. La atención esforzada para salvar la vida y la salud
de los que padecen las consecuencias del Síndrome de Inmunode-ficiencia
que produce el Virus de la Inmunodeficiencia Huma-na (VIH).
Me cuesta entender que siga habiendo gente que rechace la convivencia
pacífica, en el ambiente familiar, profesional o social, con alguien
que ya padece de Sida o --peor aún-- contra alguien que es sólo
un portador de ese virus --un seropositivo-- y que goza en ese momento
de perfecta salud. No tiene ninguna base real temer al contagio por darle
la mano a una de esas personas o por manipular sus papeles, ropa, instrumentos,
etc.
Está perfectamente comprobado que el VIH sólo se contagia,
a partir de un portador de ese virus, por su sangre --incluyendo agujas
o jeringuillas con sangre infectada--, su semen u otras secreciones sexuales,
de cualquier sexo, por la leche materna y en menor grado por la saliva.
Hay que acabar con el rechazo hacia esas personas, cualquiera que sea
el tipo de discriminación: personal, sanitaria, laboral, social,
etc. Aparte de que muchos de los portadores del virus o de los que ya
presentan Sida son víctimas inocentes, tampoco aquellos que se
contagiaron por un uso culpable (drogadicción, fornicación,
sodomía, etc.) deben ser tratados con desprecio, rechazo o indiferencia.
Por supuesto que para el personal médico, de enfermería
o de cualquier otro nivel de trabajo sanitario, la obligación de
atenderlos debe hacerse con todo respeto y eficiencia y no permite excusas
de ningún tipo para no hacerlo.
Ni por temor a contagio físico --por lo demás muy improbable--,
ni por falsas razones de tipo moral --que demostraría una ética
profesional errónea-- se puede negar la atención sanitaria
de estos pacientes. Pero el amor al prójimo, el sentido de fraternidad
hacia cualquier ser humano, nos exige a todos, en la medida que cada uno
pueda, ayudar a esas personas infectadas que solicitan algún tipo
de auxilio, dentro de las condiciones equivalentes para las personas sanas.
Estamos ante una epidemia muy grave y ante seres humanos que sufren y
que encuentran una serie de fuertes obstáculos para desarrollar
una vida laboral y social aceptable.
Aquí conviene señalar, contra las acusaciones (¿por
ignorancia, cinismo o maldad?) que algunos personajes y publicaciones
han hecho contra la Iglesia Católica, que fueron instituciones
y personas católicas los primeros que acudieron a tratar a los
enfermos de Sida. Muy especialmente, desde un primer momento, las monjas
de la Madre Teresa de Calcuta y después cualquiera otra persona
u organismo de esa Iglesia. Con ello no hacían nada nuevo. Los
hospitales son una creación medieval de la Iglesia Católica
y muchos de los que ella proclama como santos, se distinguieron por atender
a todo tipo de enfermos, sin discriminación alguna, incluyendo
los de la peste bubónica y los leprosos.
Cuando se dice que la Iglesia Católica se opone al uso del condón
se está haciendo una afirmación sesgada o incompleta, tan
estúpida o malvada como si se dijese que la Iglesia se opone a
que los asaltantes de bancos o de furgones se protejan con chalecos antibalas.
Lo que la Iglesia dice, con todo sentido común, es que asaltar
bancos o furgones es algo inmoral, algo a lo que no se tiene derecho,
aunque sea un asalto "más protegido". Con el Sida es
algo equivalente. Lo inmoral es la fornicación, o cualquiera otro
uso inmoral del sexo, se haga con condón o sin él.
Y lo que la experiencia y las estadísticas nos están demostrando
es precisamente que la difusión de preservativos a lo que ha movido
es a considerar como un derecho el relajo sexual, siempre que sea relajo
protegido, y a un aumento no sólo de Sida sino de otras muchas
enfermedades sexuales, y además de muchos conflictos y violencias
graves.
La Iglesia Católica, sus dirigentes y sus fieles pueden estar tranquilos.
El tiempo, la ciencia médica y las estadísticas les están
dando la razón.
¿Pueden estar tranquilos la UNICEF, la OMS, el FNUAP y otros organismos
y personajes de la ONU?
¿También todas las ONG y personas que cantaron las maravillas
de la "liberación sexual"? Desde luego que no.
*Dr. en Medicina y columnista de El Diario de Hoy.
lfcuervo@telemovil.net
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