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El Sida. Respeto y humanidad

Por supuesto que para el personal médico, de enfermería o de cualquier otro nivel de trabajo sanitario, la obligación de atenderlos debe hacerse con todo respeto y eficiencia.

Publicada 14 de noviembre 2005, El Diario de Hoy

Luis Fernádez Cuervo*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com


(Segunda parte)
Comencemos por lo más positivo de esta plaga mundial y terrible del Sida. La atención esforzada para salvar la vida y la salud de los que padecen las consecuencias del Síndrome de Inmunode-ficiencia que produce el Virus de la Inmunodeficiencia Huma-na (VIH).

Me cuesta entender que siga habiendo gente que rechace la convivencia pacífica, en el ambiente familiar, profesional o social, con alguien que ya padece de Sida o --peor aún-- contra alguien que es sólo un portador de ese virus --un seropositivo-- y que goza en ese momento de perfecta salud. No tiene ninguna base real temer al contagio por darle la mano a una de esas personas o por manipular sus papeles, ropa, instrumentos, etc.

Está perfectamente comprobado que el VIH sólo se contagia, a partir de un portador de ese virus, por su sangre --incluyendo agujas o jeringuillas con sangre infectada--, su semen u otras secreciones sexuales, de cualquier sexo, por la leche materna y en menor grado por la saliva.

Hay que acabar con el rechazo hacia esas personas, cualquiera que sea el tipo de discriminación: personal, sanitaria, laboral, social, etc. Aparte de que muchos de los portadores del virus o de los que ya presentan Sida son víctimas inocentes, tampoco aquellos que se contagiaron por un uso culpable (drogadicción, fornicación, sodomía, etc.) deben ser tratados con desprecio, rechazo o indiferencia. Por supuesto que para el personal médico, de enfermería o de cualquier otro nivel de trabajo sanitario, la obligación de atenderlos debe hacerse con todo respeto y eficiencia y no permite excusas de ningún tipo para no hacerlo.

Ni por temor a contagio físico --por lo demás muy improbable--, ni por falsas razones de tipo moral --que demostraría una ética profesional errónea-- se puede negar la atención sanitaria de estos pacientes. Pero el amor al prójimo, el sentido de fraternidad hacia cualquier ser humano, nos exige a todos, en la medida que cada uno pueda, ayudar a esas personas infectadas que solicitan algún tipo de auxilio, dentro de las condiciones equivalentes para las personas sanas. Estamos ante una epidemia muy grave y ante seres humanos que sufren y que encuentran una serie de fuertes obstáculos para desarrollar una vida laboral y social aceptable.

Aquí conviene señalar, contra las acusaciones (¿por ignorancia, cinismo o maldad?) que algunos personajes y publicaciones han hecho contra la Iglesia Católica, que fueron instituciones y personas católicas los primeros que acudieron a tratar a los enfermos de Sida. Muy especialmente, desde un primer momento, las monjas de la Madre Teresa de Calcuta y después cualquiera otra persona u organismo de esa Iglesia. Con ello no hacían nada nuevo. Los hospitales son una creación medieval de la Iglesia Católica y muchos de los que ella proclama como santos, se distinguieron por atender a todo tipo de enfermos, sin discriminación alguna, incluyendo los de la peste bubónica y los leprosos.

Cuando se dice que la Iglesia Católica se opone al uso del condón se está haciendo una afirmación sesgada o incompleta, tan estúpida o malvada como si se dijese que la Iglesia se opone a que los asaltantes de bancos o de furgones se protejan con chalecos antibalas. Lo que la Iglesia dice, con todo sentido común, es que asaltar bancos o furgones es algo inmoral, algo a lo que no se tiene derecho, aunque sea un asalto "más protegido". Con el Sida es algo equivalente. Lo inmoral es la fornicación, o cualquiera otro uso inmoral del sexo, se haga con condón o sin él.
Y lo que la experiencia y las estadísticas nos están demostrando es precisamente que la difusión de preservativos a lo que ha movido es a considerar como un derecho el relajo sexual, siempre que sea relajo protegido, y a un aumento no sólo de Sida sino de otras muchas enfermedades sexuales, y además de muchos conflictos y violencias graves.

La Iglesia Católica, sus dirigentes y sus fieles pueden estar tranquilos. El tiempo, la ciencia médica y las estadísticas les están dando la razón.

¿Pueden estar tranquilos la UNICEF, la OMS, el FNUAP y otros organismos y personajes de la ONU?

¿También todas las ONG y personas que cantaron las maravillas de la "liberación sexual"? Desde luego que no.

*Dr. en Medicina y columnista de El Diario de Hoy. lfcuervo@telemovil.net

 

 

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