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El
Diario de Hoy
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José María Aznar, ex presidente de España, extraordinario
político y pensador, inaugurará la sexta Enade, evento que
busca marcar derroteros al sector productivo y a la nación. El
gobierno Aznar es seguramente el más efectivo y esclarecido desde
la Guerra Civil española, que hizo de España una nación
competitiva, integrada a la modernidad.
Don José María es presidente de la Internacional Liberal,
que reúne a dirigentes políticos y representantes de gobiernos
identificados con el Orden de Derecho, democracia y libertad de mercado,
corriente que inicia con Ludwig Erhard y cuenta entre sus más brillantes
paladines a Margaret Thatcher y Ronald Reagan. Se puede afirmar que sin
excepción, los milagros económicos que se dieron después
de la Segunda Guerra Mundial son fruto de esa visión, resultado,
como lo expresara Erhard, del trabajo, la iniciativa y los esfuerzos de
hombres que viven en una sociedad libre.
Pero la sociedad abierta sufre el permanente embate y acoso del populismo,
los intereses sectarios, la ignorancia y la organizada ofensiva del totalitarismo
y de las izquierdas. No hay tregua en la lucha por la libertad, ni se
puede descansar en el rechazo del mal. Los hombres y los gobernantes de
vocación libertaria deben mantener la permanente guardia contra
la perfidia y la insensatez, como también contra sus propias veleidades.
Fueron muchos los logros de Aznar en su empeño por desregular y
modernizar la economía española, considerando la rigidez
de las estructuras y lo arraigado de muchos privilegios, primordialmente
laborales y sindicales. En España era casi imposible despedir a
un empleado, lo que afectaba gravemente la disciplina dentro de las empresas
y la productividad media del trabajador. Flexibilizar el mercado laboral
y dar a las empresas espacios para modernizarse era una tarea vital de
cara a la globalización, lo que a su vez genera superiores oportunidades
para los trabajadores. Aznar hizo lo contrario de lo que pretende para
nuestro país la OIT.
Rechazar la tontería, combatir el odio
El ilustre visitante ya indicó, en un anterior viaje, que la mejor
obra social es la creación de empleo. Sólo el empleo organizado
genera riqueza y sólo la riqueza es capaz de impulsar el desarrollo.
Creer que puede haber mejoramiento social sin un previo y vigoroso crecimiento
económico, es colocar la carreta delante de los bueyes; no se puede
repartir lo que aún no existe, ni se educa y responsabiliza a la
población acostumbrándola a recibir dádivas.
De manera primordial Enade debe cumplir con dos objetivos, como en parte
lo ha venido haciendo: el primero es fijar metas sensatas a los productores
y al gobierno; lo segundo es ocuparse de que se fortalezca y se proteja
el Estado de Derecho, se erradique la lacra de la violencia, se tomen
medidas contra la corrupción y se genere mayor confianza en el
sistema de gobierno, en eso que precisamente compartimos con la Civilización
Occidental.
El desarrollo económico, lo único capaz de superar la pobreza,
demanda que las mejores cabezas de una nación contribuyan con ideas,
críticas, vigilancia y mucha cordura a empujar el carro. Es imprescindible
salvaguardar las buenas reglas del juego, alertar contra la tontería
y las presiones de intereses inconfesables, denunciar las conspiraciones
contra la libertad, montar la defensa contra la embestida del odio y el
fanatismo, exhibir la tontería y oponer los atolondramientos. Son
responsabilidades históricas que no hay que desconocer ni incumplir.

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