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Una mirada de fe
Llamados a vivir al estilo de Jesús

Todo lo que hacemos a nivel personal, familiar o social, afecta en forma positiva o negativa a los demás. El uso que hagamos de la libertad que Dios nos ha dado, nos lleva a elegir el bien o el mal

Publicada 13 de noviembre 2005, El Diario de Hoy


Oscar Rodrìguez Blanco, s.d.b.*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com


Cada día que pasa nos deja nuevas experiencias en la vida, algunas de ellas logran impactar nuestra forma de actuar y de pensar, otras, nos preocupan y algunas, simplemente las ignoramos.

Es mucha la gente que va y que viene, unos hablan y otros callan, unos van de prisa y otros caminan lento, unos saben lo que harán en su vida y otros andan desorientados, unos creen en Dios y otros lo niegan o lo ignoran, hay de todo. Cada uno trata de actuar conforme sus intereses o sus propias convicciones. Frente a esta pluralidad de situaciones ¿cómo debemos de actuar los cristianos? ¿En qué nos debemos distinguir de los demás?

Todo lo que hacemos a nivel personal, familiar o social, afecta en forma positiva o negativa a los demás. El uso que hagamos de la libertad que Dios nos ha dado, nos lleva a elegir el bien o el mal, y cuando tomamos conciencia que nuestro caminar cristiano está hecho de renuncias y de entrega a los demás, descubrimos la alegría de nuestra vida. Optar por el camino que nos señala el evangelio es difícil, pero el que lo sigue, encuentra vida y paz.

Vivimos en una sociedad en la que no todo es malo, hay muchas cosas buenas y agradables: deseo de superarse, anhelo por una profesión, deseos sinceros de progresar, de vivir en paz y en reconciliación con los demás; pero en esta misma sociedad, se ha infiltrado la cizaña de la división, el odio, la incomprensión y la violencia.

Lastimosamente resulta más fácil hacer el mal que seguir el bien. Muchos valores se han ido al suelo, el mal se ha arraigado en el corazón y la mente de muchas personas y para algunos hacer el mal les parece normal. El fraude, el vicio, los falsos placeres, la envidia, la corrupción pública y privada, el narcotráfico y tantas otras cosas que llevan al ser humano a vivir en las tinieblas del error parece que ser el pan de cada día. Ante estas situaciones ¿cuál debe ser nuestro comportamiento cristiano?

Un cristiano no puede abstraerse de las realidades que se viven en el mundo, pero sí está llamado a ser luz para iluminar al que vive en el error, “vosotros sois la luz del mundo…brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen al Padre que está en los cielos” (Mt 5, 13-16). Ser luz en el mundo cuesta, el evangelio es exigente, pide sacrificio y renuncia. Al inicio del cristianismo los seguidores de Cristo impresionaban a los paganos por la forma como se amaban y respetaban. Nuestro ideal debe ser también vivir al estilo de Jesús, haciendo todo lo posible para actuar como Él actuó, sentir como Él sintió, hablar como Él habló.

Un antiguo escrito de la iglesia primitiva, llamado “Carta a Diogneto”, nos describe así la vida de los cristianos: “Los cristianos no se distinguen de los demás hombres, ni por el lugar donde viven, ni por su lenguaje, ni por sus costumbres…viven en las ciudades griegas y bárbaras, según les cupo en suerte, siguen las costumbres de los habitantes del país, tanto en el vestir como en todo su estilo de vida y, sin embargo, dan muestras de un tenor de vida admirable y, a juicio de todos, increíble. Habitan en su propia patria pero como forasteros…viven en la carne, pero no según la carne…viven en la tierra pero su ciudadanía es el cielo, se les da muerte y con ello reciben vida…son maldecidos y bendicen…hacen el bien, y son castigados como malhechores…para decirlo en pocas palabras: Los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo”.

Vivir al estilo de Jesús implica tener muy en claro lo que Él dijo a sus discípulos: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (MC. 8,34). El que quiera seguir al Maestro debe ser valiente, no sólo para enfrentarse al mal sin llenarse de amargura y resentimiento, sino para anunciar la verdad que es Cristo, camino, verdad y vida.

*Párroco de la iglesia María Auxiliadora (Don Rúa).

 

 

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