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Teresa Guevara de Lòpez
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
El nombre elegido para la nueva infanta de España tiene un profundo significado, al recordar a la reina Leonor de Castilla, esposa de Alfonso VIII, el vencedor de la batalla de las Navas de Tolosa y que heredó el nombre de su madre, Leonor de Aquitania, personaje extraordinario, madre de cuatros reyes, a quien la historia ha juzgado, admirado y calumniado, y que en el Siglo XII jugó un papel totalmente adelantado a su época.
Creció Leonor en la corte de su abuelo, Guillermo IX, duque de Aquitania, típico señor guerrero, que ostentaba el bien ganado nombre de trovador, porque se rodeó de artistas que hicieron de la poesía un arte para cantar la belleza y el talento de su nieta, alrededor de quien se ha tejido un aura de anécdotas, que hace difícil encontrar la línea tenue que separa la leyenda de la realidad.
Casó muy joven con el futuro Luis VII de Francia, de quien tuvo dos hijos que también fueron reyes, y durante doce años en la corte de París impuso su estilo y marcó huella. Se dice que impulsó audaces escotes, corpiños ceñidos y comidas extravagantes, y que su afición por los placeres del espíritu, la hicieron llevar trovadores, para sustituir la afición por la caza y la guerra que tenían sus nuevos súbditos. Acompañó a su esposo a la Cruzada, deslumbrando con su talento a la brillante corte de Constantinopla, lo que agrandó la brecha que existía ya en el matrimonio. Alegando consanguinidad de los cónyuges, logró un recurso de nulidad que la devolvió a sus dominios de Aquitania.
A los 30 años, se casa con el joven Enrique Plantagenet, de 19,
heredero al trono de Inglaterra, y al ser coronada solemnemente en la
abadía de Westminster, se convierte en reina por segunda vez. Por
su incansable actividad, algunos cronistas aplican a Leonor un vaticinio
del mago Merlín, que describía “una gran águila,
con sus dos alas a la vez sobre Francia e Inglaterra”. Logra asegurar
la dinastía dando a su esposo cinco hijos varones y tres hijas,
siendo los más conocidos Ricardo Corazón de León
y Juan sin Tierra. Su temperamento la hace enfrentarse con su marido,
al sentirse desplazada por la influencia que el arzobispo Thomas Becket
ejercía sobre el rey Enrique II.
Surgen conflictos políticos que harán a Leonor disfrazarse de hombre y participar en un enfrentamiento armado donde es hecha prisionera por mercenarios contratados por su esposo y mantenida en cautiverio en Inglaterra hasta la muerte de su marido. Tiene 77 años cuando actúa como regente, en ausencia del rey Ricardo, que ha emprendido la tercera cruzada, al volver de la cual es tomado prisionero por el duque de Austria, quien exige un rescate de cincuenta mil marcos de plata por su libertad.
La anciana Leonor se agiganta al recorrer personalmente monasterios, ciudades y baronías para recaudar la elevada cifra. Al no recibir del Papa Celestino III el apoyo que esperaba, descarga todo su dolor e indignación en una carta que comienza así: “Yo, Leonor, por la cólera de Dios, reina de Inglaterra y desdichada madre, había decidido callarme, pues mi espontaneidad y la violencia de mi dolor podrían hacer surgir palabras fuera del control de la razón, pues el dolor cuando ha llegado a la cima, bordea fácilmente la demencia.” Tarda dos años en conseguir la suma y viaja personalmente a Alemania para entregarla.
Casi octogenaria, va a la corte de Castilla, donde reina su hija Leonor, para elegir entre sus nietas la que será esposa del heredero al trono francés. Será Blanca, la futura reina de Francia, madre de San Luis IX, hecha en el molde de su ilustre abuela. Cumplida su misión, Leonor se retira al monasterio de Fontevrault, donde muere a los 84 años y bajo cuyas bóvedas descansa.
Leonor de Aquitania es una figura intemporal, cuyo comportamiento difiere del que se espera en la Edad Media. Mujer temperamental, que lucha ferozmente por defender sus dominios, sus intereses y sus hijos; que lleva consigo el acervo del amor cortés que privara en la corte de su abuelo; que ocuparía un honrosísimo lugar en los siglos XX y XXI, en los que tanto se ha luchado por dar a la mujer el papel que verdaderamente le corresponde. ¡Cuánta historia hay acumulada sobre la cabecita de la infanta Leonor, y qué bien le viene el nombre!
*Columnista de El Diario de Hoy.
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