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El
Diario de Hoy
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Aumentar la edad de las jubilaciones propone el premier de Italia, Silvio
Berlusconi, que fija el límite a los setenta años, "como
se está considerando en Alemania". Lo dice en su calidad de
principal dirigente de la sexta más grande economía del
mundo, lo que evidencia que hasta las naciones excepcionalmente prósperas
enfrentan crecientes dificultades para mantener un esquema de jubilaciones
tempranas.
Elevar la edad del retiro es la única forma de reducir los gastos
"sociales" y, como consecuencia, los déficits y el endeudamiento
estatal. Además se da otra realidad muy grave: que en ciertas regiones
de Italia hay más viejos que niños, por lo que el sistema
de pensiones aplicado ---los que trabajan sostienen a los que no trabajan---
está condenado al fracaso, como era el caso aquí en El Salvador
antes de la privatización del sistema.
También, declaró Berlusconi, hay que pensar en agregar más
tiempo a las jornadas laborales. Trabajar no hace daño a nadie;
día a día el premier dedica once o más horas a sus
actividades, como es costumbre entre muchísimos ejecutivos, empresarios
y profesionales en todo el mundo. En Italia se trabajan 1600 horas al
año como promedio, contra las 1700 de los Estados Unidos y, pensamos
nosotros, "las diez mil de los coreanos, taiwaneses, chinos e hindúes".
En aquellos países la regla laboral es mucho más simple
que lo que pretenden los malnacidos de la OIT: quien no trabaja, no come.
La única forma de jubilarse más temprano para una buena
porción de trabajadores en el mundo, es formando sus personales
patrimonios, como permite el sistema que desde hace pocos años
rige en El Salvador. El trabajador eficiente que además ahorra,
está en mejor condición para lograr un temprano retiro,
que los dependientes del trabajo ajeno, como fue antes acá y sigue
siendo en la mayor parte de Europa y los Estados Unidos. Las administradoras
de pensiones son la respuesta al anhelo de tantos.
Reciben más los meseros…
Todavía no se alcanza a comprender el verdadero papel de una AFP,
o lo que es el sistema. En esencia se trata de invertir en acciones, bonos
y papeles que rindan un beneficio por encima del interés normal
de una cuenta de ahorros. Las AFP buscan esas oportunidades y por otro
lado, para asegurar los fondos, "meten los huevos en varias canastas".
Se trata de un desempeño altamente profesional que se basa en conocimientos
especializados, flexibilidad en escoger valores, mucha experiencia, sentido
común e intuición.
Las AFP operan como las bancas de inversión del Primer Mundo, con
la desventaja de que los campos para invertir que la ley fija en El Salvador
son muy limitados (casi todos entes públicos) y encima de ello
los políticos les amenazan con recortar la comisión, que
es una tercera parte de lo que todos dejamos al mesero del restaurante.
La idea, muy ingenua, es que mejorará el rendimiento de los ahorrantes
cortando lo que ganan los que invierten por ellos.
Pero el rendimiento sólo se potencia al ampliar las posibilidades
de invertir, inclusive autorizando colocar dinero en bolsas foráneas
o proyectos en otros países, como están facultadas las AFP
chilenas, las de la más exitosa experiencia en administrar fondos
de retiro. Ojalá que los políticos despierten a las realidades
del mundo económico.

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