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Carlos Mayora Re*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Mañana es el Día Nacional de la Pupusa. Es la primera vez que se celebrará en el país un acontecimiento tan señalado. No soy irónico: de veras, me parece que dedicar un día a la vulgar y deliciosa pupusa era necesario.
La cultura de un país está definida por unas coordenadas muy concretas, entre las que la gastronomía no es la menos importante. Dime qué comes, y te diré quién eres… O mejor: dime cómo comes, y te diré cómo eres. La humilde y sencilla pupusa es ya un plato presente en la mesa del pobre y del rico, del culto y del sencillo.
Esa "tortilla de maíz o arroz, rellena de chicharrones, queso
u otros alimentos", como la define el diccionario de la Real Academia,
ha ocupado por mérito propio el lugar de honor entre los platos
típicos de este pequeñito y variopinto país.
Poco a poco ha ido conquistando gustos. De ser un plato reservado para
el fin de semana, se ha convertido en la "pupusa de cada día",
para cada vez más salvadoreños. Es interesante la labor
de Concultura en relación a la semana de preparación para
el Día Nacional de la Pupusa: se han tocado tanto los aspectos
culturales como los económicos, los lingüísticos y
los gastronómicos. Se ve que la pupusa da para mucho.
Con la diáspora de salvadoreños por todo el mundo, nuestro
plato típico se ha hecho internacional. Se pueden encontrar pupuserías
en todos los rincones de los Estados Unidos, pero también en Florencia,
en Estocolmo o en Singapur. Muestra de su internacionalidad podrían
ser las más de noventa mil entradas que el motor de búsqueda
";Google" encuentra en la Internet a la voz "pupusas"
¿Por qué? Porque de los salvadoreños se puede decir
lo que se decía en siglos pasados de los portugueses: nacían
en Portugal pero morían en cualquier parte del mundo. Pero, a diferencia
de los portugueses, nuestros compatriotas llevan consigo el gusto por
las pupusas.
Pupusa y tradición van de la mano. La tradición nos permite conectarnos con nuestro pasado personal y familiar, saber de nuestra historia. Evoca en nosotros sentimientos de pertenencia, identificación con los propios orígenes: lo que los clásicos llaman piedad y que lleva a la persona a venerar los padres, la estirpe, la comunidad, la familia, la patria.
Cuando hay cultura hay tradición, y viceversa: puedo transmitir a la generación siguiente el depósito cultural que me fue heredado, más aún, puedo transmitirlo enriquecido. El respeto de la tradición despierta el sentido histórico, saberse parte de un pueblo, conocer unos valores típicos, un legado que salvaguardar y transmitir.
Una sociedad rica en tradiciones es rica en posibilidades de vida en común. Una sociedad con profundas raíces se protege a sí misma de valores advenedizos, quizá dañadores. No importa que esa tradición se trame a partir de la religión, del folklore o de la gastronomía. Es tradición al cabo, y nos ayuda a saber quiénes somos, de dónde venimos y qué debemos transmitir a los que vendrán.
Sí que nos han llevado lejos las famosas pupusas… Y eso que hemos dejado al margen consideraciones económicas (medio mi-llón de salvadoreños consumen pupusas más de una vez durante el fin de semana, por ejemplo), filológicas, comerciales, antropológicas o gastronómicas.
Resulta que este primer "Día Nacional de la Pupusa" es
uno de los frutos directos de las negociaciones del Tratado de Libre Comercio.
Poca gente sabe que a raíz de la búsqueda de un arancel
especial, o mejor, de ningún arancel que gravara la importación
de pupusas a los Estados Unidos, se llegó a definirlas como platillo
típico propio de El Salvador.
Todo eso causó que la Asamblea Legislativa, en el artículo
uno del decreto 655, del 1 de abril de 2005, define las pupusas como plato
nacional de El Salvador, en razón de su procedencia autóctona
y aceptación popular, con el propósito de festejar la pertenencia
de este invento culinario, a la cultura del pueblo salvadoreño,
declárese el segundo domingo del mes de noviembre de cada año
"Día Nacional de la Pupusa". Ya está, ya tenemos
día nacional. ¿Qué vamos a hacer? Disfrutarlo. Buen
provecho.
*Ing. Industrial, Dr. en Filosofía y columnista de El Diario de Hoy. carlos@mayora.org
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