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Desde washington
Se profundiza división en L.A.

Esta disfunción hemisférica ha frustrado la integración comercial pero más importante aún, ha reforzado la creencia de que Washington está en desacuerdo con las democracias.

Publicada 11 de noviembre 2005, El Diario de Hoy

Marcela Sánchez*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com


MAR DEL PLATA, Argentina.- La IV Cumbre de las Américas, como las playas y panoramas de esta ciudad del Atlántico, resultó ser una bue-na terapia. Las divisiones sobre el libre comercio que habían paralizado las conversaciones entre el norte y el sur y silenciosamente roído las propuestas y la paciencia de los negociadores por meses, finalmente se hicieron oficiales. La verdad ha salido y aunque no era necesariamente un secreto, el reconocimiento público de las divisiones y la expresión de las diferencias al más alto nivel de-mostraron que el hemisferio pue-de acordar estar en desacuerdo.

En los últimos años, las relaciones hemisféricas han estado marcadas por la convicción de que Washington no podía aceptar di-sensión. Frustrada por los acontecimientos en la región, particularmente lo que veía como un problemático desplazamiento hacia la izquierda, Washington prefirió el estilo poco diplomático y condescendiente de emitir ultimátums y pedirle a sus vecinos en la región definir sus preferencias.

Esta disfunción hemisférica ha frustrado la integración comercial pero más importante aún, ha reforzado la creencia de que Washington está en desacuerdo con las democracias, cuando dichas democracias eligen al líder "equivocado". Dicha dinámica no podía ser más desafortunada que en el caso de Bolivia.

El próximo mes, la nación andina que ha tenido tres presidentes en tres años, tendrá elecciones generalesde nuevo, un año antes de lo previsto. El líder indígena Evo Morales, quien apareció aquí hombro a hombro con el Presidente venezolano Hugo Chávez en la Cumbre de los Pueblos (o más correctamente, la Cumbre anti-Bush), encabeza las encuestas para la contienda presidencial del 18 de diciembre.

Líder del Movimiento al Socialismo, Morales alcanzó el protagonismo como dirigente de los cocaleros bolivianos, cuyos cultivos han sido por años el blanco de un programa de erradicación financiado por Estados Unidos. Hoy, la preocupación de Washington con una potencial presidencia de Morales va mucho más allá de los campos de coca.

Como primer presidente indígena de Bolivia, Mora-les representaría esperanza para una mayoría que no se ha sentido bien representada por la élite blanca del país. Pero también enfrentaría presiones significativas de movimientos indígenas extremos me-nos interesados en la resolución democrática de errores históricos, que en reorganizar por completo la actual estructura de poder. Una vez en el cargo, funcionarios estadounidenses temen que Morales se radicalice más que Chávez y lleve a un país con profundas fisuras políticas, regionales y étnicas al borde de una guerra civil.

En 2002, el embajador de la administración Bush en el país, Manuel Rocha, emitió su ultimátum amenazando con retirar la asistencia estadounidense al país, el más pobre de Sudamérica, si los bolivianos elegían a Morales. En ese momento Morales figuraba de cuarto en las encuestas pero terminó en segundo lugar, un éxito que Morales y muchos otros atribuyeron al ataque preventivo de Rocha.

En esta ocasión, Washington está manteniendo sus temores en forma más velada. Según diplomáticos estadounidenses y latinoamericanos, Bolivia y Morales encabezaron la agenda de casi todas las reuniones bilaterales a puerta cerrada que Bush sostuvo con contrapartes de la región du-rante la cumbre.

Hasta ahora, Morales ha encontrado más apoyo en Chávez y el líder cubano Fidel Castro que en la nueva izquierda pragmática. Aún así, líderes como Néstor Kirchner, en Argentina, y Luiz Inácio Lula da Silva, en Brasil, podrían ofrecer asistencia práctica.

*Columnista del Washington Post.

 

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