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Palabras
Los últimos tranvías

Hace tiempos los tranvías dejaron de pasar por la alameda cubierta de cenizas.

Publicada 11 de noviembre 2005, El Diario de Hoy

Carlos Balaguer
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com


Se derrumbaron los viejos almacenes de turcos y españoles y la plaza con su torre del reloj se borró de repente entre los tiempos perdidos.

Los últimos rosales entre los arriates, con rosas de ceniza y olvido, dejaron al fin de florecer. Sólo una mustia margarita sobre la yerba de los grises tejados parecía decir:

"Estoy viva, aún existe la esperanza, aún existen margaritas en los techos terribles de la urbe. Aún existe el amor sobre la ciudad entenebrecida". Aunque después de todo se hubieran ido los últimos tranvías.

Esos carromatos de metal sobre los rieles de hierro que cruzaban el pueblo de norte a sur se fueron. Después vinieron los escarabajos, los Ford, Mercedes Benz y otras máquinas del tiempo. Mágicos artefactos que nos llevaron aterradoramente al futuro. Los mismos carros y carretas de metal, que algún día serán también los últimos.

Aunque la rosa en los muros de la gris alameda tenga pétalos, estambre y aroma de ceniza. Un día más para la espera. Un día más para morir. Un día más para volver a la vida. En esta inmensa urbe de seres de ceniza y voces que agitan en el viento el hollín de las chimeneas y el rumor de la turba. La turba umbría que se quedó sin sus tranvías.

(palabrasbalaguer@gmail.com)


Día a Día

Aclarando conceptos

Es lamentable que haya tantas personas que sigan hipnotizadas con la propaganda de la izquierda, que nos coloca teóricamente en el peor de los mundos: uno donde los ricos son cada vez más ricos, y los pobres, más pobres.

Por si algunos no lo saben, la idea viene de Carlos Marx, pero fue pulverizada por Boehm-Bawerk hace más de ciento treinta años.

La experiencia es la contraria: los pobres en los países con alguna medida de capitalismo son cada vez menos pobres, al igual que las empresas que les sirven son cada vez más grandes y numerosas.

 

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