The
New York Times
Por Larry Rohter
RÍO DE JANEIRO
El Diario de Hoy
internacionales@elsalvador.com
Durante la exitosa campaña presidencial de Luiz Inacio Lula da
Silva en 2002, su Partido de los Trabajadores recibió hasta tres
millones de dólares en contribuciones ilegales de campaña
por parte del régimen de Cuba, según el reportaje de una
revista semanal en Brasil.
El artículo, que tanto el partido como La Habana han negado, ya
reavivó el escándalo de corrupción de amplio alcance
que ha paralizado al Gobierno de da Silva durante casi seis meses.
Luego de un mes de quejas inaudibles que transmitieron un sentido de que
lo peor ya había pasado, dirigentes de la oposición han
reaccionado al informe con amenazas de una nueva investigación
política de tipo exhaustivo e incluso con procedimientos con miras
a la destitución.
"Se trata de una seria ocurrencia en cada aspecto", dijo el
Senador Tasso Jereisatti, uno de los dirigentes del Partido Brasileño
Social Demócrata, tendiente al centro-izquierda, en una entrevista
con el diario O Estado de Sao Paulo, notando que la ley prohíbe
las donaciones de campaña provenientes de fuentes extranjeras.
"Si se logra demostrar, el Presidente no va a tener alternativa.
No tendrá las condiciones para ser capaz de gobernar; él
tendría que renunciar a su empleo".
El artículo, publicado en la revista Veja, no decía cómo
se había movido el dinero. Se dijo que era en efectivo y en dólares
estadounidenses, de Cuba a Brasil.
Sin embargo, la publicación cita a dos funcionarios del partido,
ambos ex asesores de Antonio Palocci, en esa época un importante
miembro del equipo de campaña de da Silva y actualmente el ministro
de Finanzas, cuando dijo que el dinero fue entregado a través de
un diplomático cubano, oculto en cajas de güisqui Johnnie
Walker y transportado por vía aérea hasta las oficinas centrales
de la campaña de Lula.
El destape
"Yo tomé un avión desde Brasilia con rumbo a Sao Paulo,
llevando conmigo tres cajas de licor", citaron a Vladimir Poleto,
quien se identificó a sí mismo como el mensajero de uno
de lo envíos de dinero, en la versión de la revista. "Posteriormente,
me enteré que había dinero en una de las cajas".
Da Silva, quien ha sostenido todo el tiempo que él no estaba consciente
de que se estaba usando un multimillonario fondo discrecional para comprar
el respaldo de integrantes del Congreso y para pagar las cuentas de su
asesor de medios fuera de los libros, aún no ha vertido comentarios
directos con respecto a la acusación. El
presidente del Partido de los Trabajadores, Ricardo Berzoini, descartó
el reportaje de Veja por considerar que era falso y con motivaciones políticas.
"Carece por completo de bases", aseguró. "Veja está
actuando como un frente de ataque en contra del gobierno y no como una
publicación periodística".
El régimen cubano, mismo que canalizó dinero a selectos
grupos terroristas y partidos de la izquierda en América Latina
a lo largo de la década de los 80, pero que asegura que ya abandonó
la práctica debido a su propia economía moribunda, también
negó vigorosamente lo mencionado en dicho informe.
En una declaración, la Embajada de Cuba en Brasilia dijo que el
artículo formaba parte de "una campaña orquestada de
mentiras", motivada por los "agresivos planes de imperialismo
en contra de Cuba y en contra de Lula".
La revista Veja es la publicación más leída en Brasil,
con una circulación semanal de más de 1.2 millones de ejemplares.
En mayo, publicó el primer artículo que detallaba una estratagema
de corrupción en la administración de da Silva, al cual
le ha dado seguimiento con varios más que han demostrado que son
precisos.
Las relaciones entre dictador cubano Fidel Castro, Lula da Silva y el
Partido de los Trabajadores siempre han sido cordiales. Durante la era
de la dictadura militar de Brasil, José Dirceu de Oliveira e Silva,
el presidente del partido durante la campaña del 2002, estuvo exiliado
en Cuba durante varios años.
En una visita a dicho país en el 2001, un admirado da Silva le
dijo al mandatario cubano, "Gracias, Fidel Castro, gracias por existir".
La posición de Lula da Silva en sondeos de opinión ya dejó
de caer, y tanto él como su grupo, así como sus partidarios,
ya intensificaron sus críticas hacia las tres investigaciones del
Congreso que hacen indagaciones con respecto a casos de corrupción,
calificándolas de cacerías partidistas de brujas, enfocadas
a desestabilizar al Brasil.

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