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Tema del momento
La batalla contra la discriminación

Impedir la propagación del VIH pasa por enfrentar el problema de la discriminación, pasa por modificar los discursos que culpabilizan y condenan a los portadores y los enfermos de VIH/Sida.

Publicada 10 de noviembre 2005, El Diario de Hoy

José Miguel Cruz*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com


Hace varios años, mientras cuidaba a mi padre enfermo en uno de los hospitales del Seguro Social, me encontré con el caso de una persona que sufría de las etapas terminales de Sida. El paciente, el cual murió mientras yo estaba en el hospital, fue siempre cuidado y atendido exclusivamente por su esposa, la cual según las versiones de las enfermeras y del resto de internos del hospital, era también portadora del VIH.

Me llamó la atención la manera en cómo estas personas eran tratadas en el hospital. La cama del paciente estaba al final de la larga sala de recuperación de hombres, aislado mediante un biombo y con un considerable espacio de separación entre su cama y la cama más próxima, lo cual no es muy común en el Seguro, considerando que la mayoría de pacientes se encuentran más bien hacinados.

Pero lo que más me llamó la atención fue la actitud de la mayoría de personas que circulaban por esa sala de recuperación, comenzando por las enfermeras mismas, la cual era una mezcla de sentimientos de miedo, preocupación y lástima hacia la pareja que enfrentaba la enfermedad.

Esa actitud se traducía en un terrible aislamiento de la pareja, pero en especial de la mujer que se pasaba todo el tiempo detrás del biombo, fuera del alcance de las miradas curiosas y de aprensión de los habitantes de la sala, prácticamente sin nadie que le ofreciera apoyo emocional o siquiera que entablara comunicación con ella.

En la actualidad, no sé cómo tratan y qué tanto se discrimina a los pacientes infectados de VIH en la red de hospitales del sistema nacional de salud y del Seguro Social, pero luego de leer varios de los reportajes que han sido publicados en los últimos días sobre las consecuencias sociales de la enfermedad del Sida, me temo que todavía falta mucho por hacer para superar la terrible discriminación que enfrentan los enfermos del Virus de Inmunodeficiencia Adquirida.

Mucha de esa discriminación se fundamenta en el desconocimiento o la ignorancia de buena parte de la población sobre la enfermedad, las formas de contagio y las consecuencias de la misma; pero buena parte de ese rechazo se debe también a ciertas concepciones, las cuales han sido estimuladas desde el ámbito religioso, de que la enfermedad y sobre todo el contagio del VIH es el castigo divino para la conducta "licenciosa" y corrompida de sus portadores.

Una encuesta sobre el tema realizada por la UCA hace algunos años, arrojó que el 63 por ciento de los salvadoreños pensaban que "las enfermedades venéreas son un justo castigo para toda persona infiel o promiscua"; esta opinión era todavía mucho más alta entre las personas que se declaraban practicantes de su religión, en especial los cristiano-evangélicos. Es posible que esa actitud se haya reducido en los últimos años, pero a juzgar por algunos sermones que se suelen trasmitir por las radios religiosas, todavía hay una fuente clara de discriminación hacia los enfermos de Sida.

En realidad, en las concepciones sobre el Sida y sobre las formas de contagio del VIH prevalecen muchos mitos que contribuyen a los mecanismos de discriminación, pero esos mitos son desafortunadamente promovidos por algunos líderes de opinión, quienes han abordado el problema de la enfermedad más como un tema moral que como un tema de salud pública.

Los portadores de VIH no son más o menos merecedores de sufrir discriminación y de morir en el aislamiento que el portador de cualquier otro virus o enfermedad; simplemente los portadores de VIH merecen la misma vida digna, con atención de calidad y el apoyo de la sociedad al que tienen derecho los que sufren de otras enfermedades igualmente difíciles, pero desprovistas de cargas morales.

Lamentablemente, las campañas de prevención que han sido impulsadas en el país contribuyen muy poco a combatir esa discriminación. El casi exclusivo énfasis en los temas de abstinencia sexual y el silencio con respecto a los métodos de protección refuerzan la idea de que los portadores de VIH se infectaron por su conducta inmoral y libertina, ignorando las complejidades de los mecanismos de contagio y contribuyendo a la ignorancia de la gente sobre el tema.

Impedir la propagación del VIH pasa por enfrentar el problema de la discriminación, pasa por modificar los discursos que culpabilizan y condenan a los portadores y los enfermos de VIH/Sida.

*Director del IUDOP de la UCA y columnista de El Diario de Hoy.

 

 

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