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Marvin Galeas*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Si algo quedó claro tras la cumbre de Mar del Plata es que la izquierda está de regreso, y en serio. Tras el repentino colapso del campo socialista parecía que el mundo entero se encaminaba hacia una era de sociedades abiertas. En América Latina, con excepción de Cuba, sólo se hablaba, y con mucho entusiasmo, de elecciones democráticas, modernización, fortalecimiento institucional y privatizaciones.
En muchos de nuestros países la democracia era cosa nueva. Otros volvían a la civilidad tras largos períodos de dictaduras, populismos y guerras. Pero de pronto se le torció la cola al cuche. Hugo Chávez llegó al Palacio de Miraflores, no por medio de una revolución violenta al estilo sandinista, sino como ganador por una considerable mayoría en un proceso electoral. Ante la increíble mirada de indiferencia de las fuerzas democráticas de Venezuela, Latinoamérica, Estados Unidos y el mundo, Hugo Chávez inició, sobre las bases de una agujereada democracia, a echar a andar su delirante programa revolucionario.
Todo cáncer produce una metástasis. Y el comandante no fue la excepción. Otra vez el dominó comenzó a moverse. Y le siguieron Lucio Gutiérrez, Lula, Tabaré Vásquez, Kirschner y están a la espera Daniel Ortega (recargado), Manuel López Obrador y otros muchachos, bueno no tan muchachos, de por estas tierras. La idea, que cobró vida a inicios de la década pasada, de que las Américas se iban a convertir en una zona de paz, democracia y libre comercio se tambalea feo.
¿A qué se debe este resurgimiento de la izquierda en América Latina? Desde mi punto de vista son dos las causas principales: por un lado la capacidad que tuvo la misma izquierda de reinventarse y por el otro los graves errores cometidos por gobiernos aparentemente democráticos en la mayoría de países de la región.
Veamos la primera causa. Tras el desploma del mundo comunista, la izquierda se quedó sin piso ideológico. La mayoría de partidos comunistas de Europa, lanzaron a la basura la hoz y el martillo y se convirtieron a la social democracia. Los sandinistas perdieron las elecciones en Nicaragua, el FMLN y la guerrilla guatemalteca depusieron las armas, en Perú, Sendero Luminoso fue derrotado; Chile, independientemente de tener un presidente socialista, se mantuvo firme en las reformas económicas y en México ganó la derecha. Es más, la derecha se acomodó en primera fila, para presenciar el derrumbe del gobierno de Fidel Castro.
Y mientras tanto en Ciudad Gótica, como se dice en las historietas de Batman, la izquierda de manera paciente rehacía su maltrecho discurso y recomponía sus tácticas y estrategias. Y lo logró. Dejó de ser la abanderada sólo de los obreros y los campesinos y asumió las banderas indigenistas, feministas, medio ambientalistas, pro derechos humanos, pro defensa de los consumidores y un etcétera que se materializa en miles de organizaciones no gubernamentales.
Y por ese camino los antiguos frentes populares se apropiaron del sintagma
"sociedad civil" con más énfasis en la diatriba,
la llanta quemada y el insulto que en el debate de las ideas.
En cuanto a la segunda causa, hay que reconocer, que en muchos países de la región, las reformas económicas que apuntaban a fortalecer la democracia y las economías abiertas, se quedaron a medias o fueron francamente aprovechadas por grupos inescrupulosos, para convertir los necesarios procesos de privatización en descaradas dinámicas de corrupción, sacar ventajas de licitaciones amañadas y caminar a paso de tortuga o sencillamente no caminar, en el fortalecimiento institucional.
Alimentado por esas dos causas se prendió la hoguera. Los pueblos, que estaban esperanzados, fueron otra vez expuestos a los cantos de sirena del populismo y a la prédica incendiaria de líderes mesiánicos como Hugo Chávez, en Venezuela, y Evo Morales, en Bolivia. Y otra vez, América Latina, empujada por una extraña mezcla de tozudos marxistas, populistas, mercantilistas y políticos irresponsables, le dan la espalda a la democracia, la libertad económica. A la sensatez. En Mar del Plata, pareciera que hubo una renuncia masiva a emprender de manera definitiva el camino para salir de la pobreza como naciones.
En este contexto habrá elecciones para alcaldes y diputados en el país. De los resultados dependerá en gran manera si El Salvador se suma a la lista de países latinoamericanos sumidos en la inestabilidad política y económica como Bolivia, Ecuador y Venezuela o se aferra a la sensatez como Chile.
*Columnista de El Diario de Hoy. marvingaleas@cinco.com.sv
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