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| Improductivo. El
atacante Francisco Jovel Álvarez pasó muchos apuros
para superar la defensa de los vicentinos. Foto
EDH
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Mauricio Antonio Qüehl
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
Les dicen los Fantasmas del Jiboa, pero ayer no fueron capaces de asustar
a un Alianza, que dejó a la mayor parte de su plantel titular viendo
el encuentro desde las gradas.
Independiente, con su liderazgo e invicto en la Segunda División
y con un estadio vicentino a medio llenar, no fue capaz de intimidar a
un cuadro blanco, que en el banquillo de suplentes tenía sólo
nuevos valores. A excepción de William Machón, nadie de
mayor peso o rodaje.
Los negroamarillos salieron con su cuadro estelar y con bastante entusiasmo
en los primeros minutos de juego. Pero bastaron dos sustos para que la
historia se escribiera desde muy temprano.
Ya Francisco Álvarez al minuto nueve había levantado a muchos
de sus asientos, cuando quedó sólo contra el cuidavalla
José Espinoza. Pero al momento de definir lo hizo desviado por
el palo derecho.
Tres minutos más tarde Nelson Nerio sacó un trazo desde
el corredor izquierdo que cruzó toda el área vicentina.
Eduardo Retana ni marca alguna cerraba por el derecho y de cabeza puso
el 0-1 en el marcador.
Aún no se digería el primer tanto albo cuando se vino el
segundo. Retana robó un balón a Flavio Monteagudo y de primera
sacó de derecha un balón, que le botó antes a Espinoza
para el 0-2.
La afición de casa comenzó a desesperarse y repudiar el
accionar de algunos de sus jugadores.
Muchos pedían a gritos los cambios de Espinoza y de Juan Fancisco
Leyva. El entrenador Iván Ruiz sucumbió ante la presión
y realizó las sustituciones.
No bastó
Guillermo Pino entró al marco y Jaime Méndez al sector ofensivo.
Pero este siempre fue presa fácil de Jorge Rodríguez, quien
lo intimidó con su mayor experiencia y picardía a la hora
de ir a chocar.
Aún así, Independiente logró descontar en una jugada
a balón parado. El zaguero Joao Da Silva al minuto 48 ponía
el 1-2 y la ilusión en la grada.
Pero no alcanzó la reacción, lo que dio paso a la frustración
y al desquite con el trabajo arbitral, que si bien tuvo algunos yerros,
no incidió en el resultado.
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